• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

Al instante

La legalidad mancillada

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Durante diecisiete largos años el chavismo, en sus múltiples manifestaciones, ha proclamado su irrestricto apego al sistema democrático y a la Constitución. Su lema ha sido “dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada”. Esa frase, pronunciada solemnemente en las innumerables apariciones públicas del jefe del Estado, ha ido acompañada con la presentación en alto del conocido librito azul. Ninguna otra Constitución, de las muchas que ha tenido Venezuela, ha sido tan manoseada como la actual. Pero los venezolanos que, afortunadamente no somos ciegos ni tarados mentales, hemos sabido siempre que tales declaraciones no son verdaderas y que el gobierno y sus poderes cooperantes traicionan a “la bicha” cada vez que es necesario para lograr un fin determinado.

Lo dicho anteriormente es tan cierto que un prestigioso abogado y profesor universitario empleaba (cuando había espacio para ello) una prueba contundente para demostrar la violación sistemática de la Constitución por parte del gobierno. Decía a su interlocutor que abriera la Constitución al azar por cualquiera de sus páginas y leyera las disposiciones contenidas en ella. Luego, con argumentos y ejemplos concretos, demostraba que el gobierno había burlado esas disposiciones en tales y determinados casos, de los cuales había recopilado un amplio y documentado repertorio. Esa demostración la realizaba públicamente, incluso en programas de televisión, sin temor a desprestigiarse dado lo bien informado que estaba.

Pero si alguna duda subsistiera aún sobre el particular, el comportamiento actual del presidente y de sus poderes asociados sería suficiente para disiparla totalmente. El presidente, elegido con una mínima diferencia de votos sobre su contendor, y el Tribunal Supremo de Justicia designado mediante procedimientos reñidos con la Constitución y con la decencia, vetan, irrespetan, amenazan y desconocen las decisiones de la Asamblea Legislativa, que es la representación más genuina de la voluntad popular, del poder originario y de la soberanía nacional. Una Asamblea cuya representación mayoritaria fue elegida con una diferencia de más de 2 millones de sufragios por encima de la votación lograda por el oficialismo con todo y sus mañas.

Ese irrespeto continuo a la legalidad, ampliamente divulgado y denunciado por los medios de comunicación, comentado abiertamente dentro y fuera del país, que pareciera banalizarse con el paso del tiempo y el reiterado abuso del régimen es, sin embargo, el punto crucial de nuestra lamentable realidad, porque el respeto a la Constitución y a las leyes es el fundamento del Estado de Derecho y del sistema democrático de gobierno.

El chavismo ha utilizado los postulados constitucionales como una cobertura útil, pero vacía de contenido, para revestir de legitimidad a un proyecto político totalitario, personalista, hegemónico, militarista, no alternativo, sin autonomía de poderes, sin contrapesos ni controles, que paulatinamente ha ido conculcando la libertad y los derechos ciudadanos. Ese proceso se ha cumplido también en todos los países en los que el régimen socialista, con partida de nacimiento marxista, ha ejercido el poder.

El consuelo es que ese sistema político termina siempre derrumbándose sobre sí mismo. Luego de una primera fase de auge y apoyo popular, producto de las condiciones económicas, políticas y sociales del momento, apoyado en el discurso crítico, demagógico y populista característico, el sistema se frena, se congela y se hace ineficiente. No es capaz de cumplir las promesas ofrecidas y ni siquiera cubrir las necesidades básicas de la sociedad, por lo que finalmente se desploma sin requerir para ello la acción violenta de las fuerzas que lo adversan. Esa ha sido la experiencia histórica del siglo XX y nada ha cambiado en la naturaleza del sistema para pensar que la caída de telón no sea igual en nuestro caso. Venezuela es hoy un referente mundial en relación con este tema.