• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

Al instante

¡Se hunde el barco, mi querido capitán!

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Comenzando la semana abro el periódico y leo algunas de las cosas dichas por el presidente y el vicepresidente de la República en los siguientes términos (El Universal, 25/01/2016, página 1-2):

El primero, en el Cuartel de la Montaña, instalando una nueva entidad denominada “Congreso de la Patria: Rebelión Victoriosa”. Dice el presidente, refiriéndose a esa nueva creación oficial, lo siguiente: “Constituye un gran proceso popular que apunta a la reorganización social de todas las fuerzas de la patria para construir el nuevo bloque histórico de la revolución bolivariana…el objetivo de esta nueva instancia es crear un plan estratégico en lo comunicacional, cultural, económico y formativo dirigido al fortalecimiento del proyecto socialista en Venezuela… tendrá como tarea promover el renacimiento y reimpulso de la revolución bolivariana frente a las nuevas adversidades políticas que presenta el país”.

¿Qué significa eso? ¿Que la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI, que llevan 17 años en el poder, que manejaron a su antojo los mayores ingresos fiscales de toda la historia del país (más de 1 millón de millones de dólares), que ejercieron el gobierno absoluto sin división de poderes y sin controles de ninguna clase y que arruinaron al país; en vez de ser revisados a fondo con la finalidad de ser cortados de cuajo o corregidos radicalmente, deben ser fortalecidos, reforzados y relanzados? ¿No hay cambio de rumbo? ¿No hay enmiendas ante el fracaso? ¿Vamos a continuar con lo mismo? ¿Todas las convocatorias y reuniones que se han hecho con sectores empresariales son solo una estratagema política?  

Por otro lado: ¿cuáles son todas esas fuerzas de la patria que integrarían el nuevo bloque histórico de la revolución? ¿Los 5.500.000 que votaron por el GPP en diciembre de 2015, que limpios de “polvo y paja” deben ser muchos menos en este momento? ¿O se incluyen también en ese bloque histórico a los 7.700.000 opositores que votaron por la MUD? Porque si se refiere solo a los primeros, no solo que serían una minoría, sino que habría que liberarlos primero de las grandes colas en las que están metidos actualmente ocupando gran parte de su tiempo.  

El segundo, en una entrevista que le hicieron por televisión, dice el vicepresidente: “En Venezuela el control y los mecanismos de distribución de alimentos nunca los ha controlado el pueblo, ni lo tiene el gobierno. Es así desde la Compañía Guipuzcoana. Polar siempre se ha encargado de eso… aquí se utilizó la distribución de los alimentos como un mecanismo político para que el pueblo se molestara y reaccionara”.

¿En qué país del mundo y en qué época de la historia de la humanidad el pueblo ha controlado los mecanismos de distribución de alimentos? ¿Lo hizo el pueblo fenicio, el pueblo persa, el pueblo griego, el pueblo romano o el pueblo ruso en la época soviética? Desde Ur y Uruk, pasando por Asiria y Babilonia, Fenicia y Egipto, Grecia y Roma, Brujas y Génova, hasta nuestros días, ha sido el mercado, la célebre “mano invisible” de Adam Smith, el gran controlador de la distribución de mercancías y alimentos. Eso ni siquiera lo puso en duda el atribulado y barbado filósofo de Tréveris. El Estado, no el pueblo, ha intentado en algunas oportunidades hacerse cargo de la distribución de alimentos y ha salido siempre con las tablas en la cabeza, como le ocurrió a la URSS el siglo pasado.

Lo dramático de todo esto no son las palabras, que al fin y al cabo se las lleva el viento, sino las ideas que se derivan de ellas y que no se las lleva nadie, salvo la muerte. Las ideas que yacen en las cabezas de quienes hoy ocupan la Presidencia y la Vicepresidencia de la República ponen de manifiesto: a) que no han cambiado nada, que no aceptan lo que ha pasado y sigue pasando; o b) que están engañando a sus partidarios haciéndoles creer que siguen firmes con la revolución. Ambas posibilidades son malas para el país y ponen de manifiesto que no se están facilitando las cosas para una salida racional y pacífica del conflicto. Ello produce mucha angustia, porque uno siente que la nave de la patria (para usar una figura propia del imaginario chavista) navega sin rumbo y  sin timonel en un mar agitado por el huracán frente a un enorme y brumoso acantilado.

 Profesor jubilado de la UCV