• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

Al instante

El gobierno se moviliza, la oposición se paraliza

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Para que el diálogo sea genuino, debe efectuarse entre interlocutores que estén en pie de igualdad y que sigan el mismo juego, es decir, que usen las mismas cartas y obedezcan las mismas reglas. En el diálogo gobierno-oposición no se cumplen estas condiciones. La oposición acata el ordenamiento legal y respeta la democracia, el gobierno viola la ley cuando le conviene y usa la democracia como fachada. Todos los temas, sin excepción, que han sido puestos sobre la mesa de diálogo, tanto por el gobierno (“guerra económica”, erradicación de la violencia y necesidad de consenso y paz para enfrentar la crisis), como por la oposición (referendo revocatorio, reconocimiento de la Asamblea Nacional, presos políticos, inhabilitación de diputados de Amazonas, parcialidad e ilegalidad en la integración del CNE y del TSJ), derivan su conflictividad del régimen chavista.

Recapitulemos los hechos: El régimen chavista nació del juego democrático y llegó al poder gracias a él, pero una vez instalado en el mismo se declaró revolucionario y socialista y puso en práctica un modelo marxista de índole castro-comunista ajeno a la democracia y a la Constitución. Allí comenzó la adulteración del sistema. El modelo fracasó como ha ocurrido en todas partes donde se ha impuesto y generó la peor crisis económica y social del país. En consecuencia, el régimen perdió el apoyo popular y la oposición ganó por amplio margen la Asamblea Nacional. El gobierno reaccionó inhabilitando a cuatro diputados de Amazonas para anular la mayoría calificada de la oposición y bloqueó al órgano legislativo con sentencias espurias del TSJ. Finalmente despojó a la nación del referendo revocatorio del mandato presidencial previsto en la Constitución para resolver situaciones de este tipo.

Cuando la oposición reaccionó e inició la movilización popular en todo el país con amplio apoyo internacional y con la posibilidad de aplicación de la Carta Democrática por parte de la OEA, el gobierno inventó la mesa de diálogo para ganar tiempo, dejar pasar la fecha efectiva del referendo revocatorio y seguir en el poder sin renunciar a su modelo político ni enmendar su conducta. Actuó como el guapetón de barrio que le quita la comida al indigente, se la come y le rompe el plato en la cabeza cuando este protesta por el abuso.

Es evidente que con semejante interlocutor la oposición está en desventaja. La MUD no debió comprometerse solicitando la intervención del Vaticano para luego verse obligada a sentarse en la mesa de diálogo sin tener el apoyo mayoritario de la oposición. Debió diferir el diálogo por tiempo indefinido, mantener la presión en la calle, dejar que las circunstancias siguieran su curso y esperar que el gobierno diera algunas muestras concretas de buena voluntad. En esa lucha el gobierno estaba a la defensiva y en franca desventaja. Ahora ha logrado una tregua que lo favorece y la oposición se ha fracturado e inmovilizado. El gobierno está incrementando su movilización en un claro y afrentoso alarde de victoria.

El espectro de la violencia que el gobierno ha esgrimido cínicamente para impactar a la opinión pública e influir sobre la oposición para que acepte el diálogo es otra de sus tretas. En los últimos dieciocho años ha sido el chavismo el que ha ejercido la violencia contra la oposición. La reacción de esta con las llamadas “guarimbas” ha sido una niñería en comparación. Los centenares de muertos y los miles de heridos habidos en estos años han sido abonados por la oposición, salvo algunas víctimas chavistas abatidas erróneamente por sus propios camaradas. Si hay peligro de violencia en ciernes no será precisamente por parte de la oposición, sino por quienes hasta no hace mucho respaldaban al chavismo y hoy sufren los peores embates de la crisis económica y social.