• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

Al instante

El chavismo en la historia

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¿Cómo pasará el chavismo a la historia? Como una curiosa mezcla del caudillismo militarista del siglo XIX y comienzos del XX con el populismo rentista de la era petrolera, pero con una connotación muy propia: será reconocido como el peor de todos los que pertenecieron a una y otra categoría. ¿Exageración? Para nada. Si comparamos el paecismo, el monaguismo, el guzmancismo, el gomecismo, el perezjimenismo y el puntofijismo con el chavismo veremos que ninguno de aquellos arruinó al país más allá de lo que ya estaba cuando se iniciaron. Incluso, con la excepción del monaguismo, los otros más bien la mejoraron. Allí está la historia para quien quiera verificar el hecho.

El chavismo, a diferencia de las otros mandatos, tuvo todo a su favor: apoyo popular fervoroso y mayoritario, oposición dividida y desorientada que cometió errores que fortalecieron al régimen, recursos financieros superiores a todos los que se recibieron anteriormente, monopolio total de las divisas, Constitución de estreno y hecha a la medida, control total sobre los otros poderes del Estado, liderazgo carismático que copó íntegramente, durante catorce largos años, la escena política nacional, fuerzas armadas comprometidas con el sistema más allá de todo límite y un partido político con millones de sumisos militantes sostenido con recursos del Estado. ¿Se puede pedir más?

¿Y cuáles han sido los resultados? Ruina de las finanzas y de los servicios públicos, altísimo endeudamiento, escasez de productos básicos, de medicinas, de repuestos y de toda clase de insumos para la industria, inflación galopante, criminalidad desbordada, conflictividad social y política, deterioro de la industria petrolera, corrupción administrativa sin investigación ni castigo, represión, presos y exiliados políticos como en los peores tiempos, inseguridad personal y jurídica, impunidad total de los numerosos crímenes que se cometen a diario en todo el país, etc. En varios de estos males Venezuela encabeza la lista mundial de los países más afectados.

¿Por qué esta desgracia? ¿Cuáles son sus causas? Ante todo digamos que nada ocurre sin una vinculación estrecha con lo existente. Diferenciarse de la realidad y superarla es algo muy difícil, en lo que han fracasado todas las revoluciones políticas. El chavismo es hijo legítimo del puntofijismo. Se formó en su seno, se nutrió de sus creencias, ideales, mitos, valores y costumbres, a los que criticó acerbamente pero de los que no se pudo divorciar, convirtiéndose en más de lo mismo, pero peor. La partidocracia, las cúpulas corruptas, el paternalismo, el centralismo, la burocracia, la ineficiencia y la dependencia petrolera se fortalecieron con el chavismo. La franela blanca (o verde) fue sustituida por la roja, pero bajo esta siguió cobijándose la misma mentalidad y el mismo comportamiento de los nacidos en un país cuya gran riqueza y único producto es extraído del subsuelo por los negros e incansables balancines de la industria petrolera.

Cuando Carlos Andrés Pérez, en su segundo gobierno, intentó reformar el Estado y superar el modelo rentista mediante su política del “gran viraje”, todas las fuerzas del país se unieron para derrocarlo. La izquierda, la derecha, los militares, los empresarios, la prensa, e incluso, las propias instituciones del Estado (Corte Suprema de Justicia, Fiscalía y Congreso) hicieron causa común para combatir el “paquete neoliberal”. Nadie, en realidad, quería salir del cómodo camino del populismo rentista para emprender la dura cuesta del desarrollo productivo. A estas alturas sabemos que aquella era la ruta correcta y que de haberla seguido, Venezuela hoy, con los recursos de que dispuso, hubiera logrado un nivel de desarrollo superior al de Chile, Perú, Panamá, Costa Rica y otros países de la región y del mundo.

El chavismo es nuestro purgatorio. Sin duda será superado. Los países siempre salen de sus malos momentos, con dolor y sacrificios, porque nada es gratuito en la viña del Señor. Si la larga lucha contra el chavismo tiene éxito, como lógica y necesariamente debería ser, y eso contribuye a que cesen nuestros males y se consolide la democracia, el progreso y la unión de todos los venezolanos, Chávez podrá bajar tranquilo al sepulcro (al cual, por cierto, aún no ha descendido).