• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

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En Venezuela ni los muertos descansan en paz

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Voy al Cementerio General del Sur porque el viejo cuidador del panteón de mi familia me informa que el mismo ha sido violentado. Se trata de un lugar de enterramiento muy cercano a entrada del cementerio, que data del siglo XIX, donde, además de mis padres, abuelos y demás familiares, yacen los restos mortales de dos hijas de Francisco Antonio (Coto) Paúl, prócer de la Independencia venezolana, y de Josefina Almeida, sobrina del Generalísimo Francisco de Miranda. Por esas razones el Concejo Municipal de Caracas lo decretó Monumento Histórico (19 de enero de 1963)

A pesar del cuidado que siempre hemos tenido en relación con ese entrañable lugar, ha sido imposible protegerlo de los desmanes que desde hace tiempo se vienen produciendo en el camposanto. Tumbas violentadas, urnas abiertas, lápidas destrozadas, esculturas antiguas dañadas, escombros y maleza lo rodean por todas partes.

Adyacente al nuestro, se encontraba el panteón de la familia Flégel, con los restos mortales de los descendientes del Coronel de Infantería Ludwig Flégel, comandante del Batallón de Tiradores de la Segunda División del Ejercito Libertador que combatió en Carabobo. Ese panteón fue completamente destrozado, extraídos los restos que allí yacían y construidas, en su lugar, unas horrorosas fosas de bloque y cemento que seguramente fueron, o serán vendidas al mejor postor.

En las oficinas administrativas del cementerio, a las cuales acudí para interponer el reclamo correspondiente, dos empleados absolutamente indiferentes al hecho, me exigieron que solicitara una boleta con los “datos del difunto” en una taquilla adyacente, en la cual, otro empleado aún más indiferente que los anteriores, sin ver la documentación que le presentaba y sin hacer el más mínimo esfuerzo por consultar algún libro o archivo, me aseguró que allí no había ninguna información al respecto porque se trataba de un panteón muy antiguo y que las administraciones anteriores (se refería, por supuesto a las de la “cuarta república”) no habían dejado ningún registro, afirmación que, me consta, es absolutamente incierta. Por fin, la nueva Gerente, que me atendió bien, hizo que un funcionario me acompañara al panteón para constatar los daños, tomara nota de los mismos y levantara un acta con la denuncia.

El asunto, en definitiva, que quiero dejar establecido en este escrito, es que el Cementerio General del Sur está siendo arrasado por una horda salvaje de delincuentes, de los cuales indudablemente deben formar parte miembros del personal del cementerio, sin que nadie, en esa instancia ni en instancia superior (Concejo Municipal) haga el menor esfuerzo por evitarlo, lo cual pone de manifiesto un rasgo más del régimen político que sufrimos todos los venezolanos y que en este caso tiene que ver con la indiferencia total por los valores más elementales de las sociedades humanas, entre los cuales, necesariamente tiene que estar el respeto por los restos mortales de los ciudadanos.

*Profesor Jubilado de la UCV