• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

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Rentismo y socialismo

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Frente a la profunda crisis que azota al país la cúpula gobernante sostiene que el sistema socialista impuesto a Venezuela por el chavismo no ha fracasado, que la grave situación existente es producto exclusivo del agotamiento del sistema rentista por la caída de los precios petroleros. Según este razonamiento el régimen chavista no tiene culpa de nada. Pero la cosa no es tan sencilla. La responsabilidad de Chávez y sus seguidores es extremadamente seria y algún día, ante el pueblo venezolano y ante la historia, tendrán que pagar por ello.

Desde que se afincó la industria petrolera en Venezuela, casi cien años atrás, se ha dicho insistentemente que el país no podía depender exclusivamente del petróleo porque que tal dependencia lo hacía muy vulnerable. De esa convicción nació la consigna de “sembrar el petróleo” con la que se quería expresar que la renta petrolera, además de cubrir el gasto público y social, debía propiciar también el desarrollo de las otras fuerzas productivas de la nación. Este concepto, claro, sencillo y racional, ha estado siempre presente en el pensamiento nacional y se ha repetido hasta la saciedad.

Los gobiernos venezolanos de la era petrolera no asumieron de forma resuelta y verdadera el espíritu de aquella consigna. Bajo la influencia del populismo hicieron lo que les resultó más fácil y provechoso: repartir beneficios entre la población con fines electoreros, gastar inmensas sumas en campañas internas y externas de propaganda política para mantenerse en el poder y, de paso, llenarse los bolsillos. Lo hicieron los gobiernos de la llamada cuarta república y lo hizo igualmente, pero en mucho mayor grado el chavismo, cuya oferta fue, cuando aspiraba al poder, corregir todos los males y vicios del puntofijismo adeco-copeyano. Pero una vez en el poder, al populismo y al rentismo petrolero el chavismo le sumó una nueva calamidad que no solo hizo imposible todo cambio, sino que fortaleció todo lo malo que ya existía: el llamado “socialismo del siglo XXI”.

El socialismo, como todo sabemos, se caracteriza por la intervención del Estado  en todos los ámbitos de la vida ciudadana: la economía, la educación, la cultura,  la justicia, etc. Por eso se le denomina “sistema totalitario”. En economía el socialismo se apropia de una buena parte del sector productivo mediante la expropiación de empresas de bienes y servicios. Esta práctica produce la paralización de las inversiones y la pérdida de la capacidad productiva de las empresas intervenidas porque el Estado no posee la capacidad empresarial requerida para dirigirlas eficientemente. Eso es lo que ha sucedido en Venezuela.

Si en vez del socialismo chavista, hubiéramos tenido un sistema político que desarrollara la industria nacional, el agotamiento del rentismo petrolero no hubiera impactado tan fuertemente al país, porque la producción nacional hubiera amortiguado el efecto de la caída de los precios petroleros. No ha sido el rentismo petrolero el que ha golpeado duramente al país, sino el sistema socialista que no fue capaz, pese al inmenso poder que tuvo y a los enormes recursos que manejó, de sentar las bases para el desarrollo nacional y desaprovechó una oportunidad quizás única en la historia. Ahora, con las arcas públicas vacías, con el mismo sistema y con los mismos hombres, se intenta hacer lo que no se hizo en diecisiete años bajo condiciones inmejorables.

El chavismo financió al socialismo con la renta petrolera, pero la naturaleza anticapitalista y antiempresarial de aquel impidió el nacimiento de nuevas industrias y redujo el número de las existentes. Decir que todo es producto de la caída de los precios petroleros es una salida cómoda pero falsa. No ser capaz de aceptar la culpa y de ver la auténtica naturaleza del problema es un descaro imperdonable o una ceguera típica de la alienación ideológica que sufren quienes profesan un credo cerrado como el marxismo, que no admite prueba en contrario y que no ve la realidad como efectivamente es, sino como quisiera que fuera.

*Profesor jubilado de la UCV