• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

Al instante

Relegitimación del poder constituido

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Durante el primer año de su ejercicio presidencial en 1999, Chávez, asesorado por un grupo de especialistas en derecho constitucional, se empeñó con todas sus fuerzas en convencer a quienes lo apoyaban mayoritariamente, en una proporción similar a la que hoy favorece a la oposición antichavista, de la necesidad imperiosa de recomponer la institucionalidad de la República que según su criterio había perdido su legitimidad en los 42 años transcurridos entre el 23 de enero de 1957, fecha de la caída de Pérez Jiménez y de la recuperación de la vía democrática, y el 6 de diciembre de 1998, fecha de su triunfo electoral. Durante ese período, según Chávez, los poderes públicos habían sido deslegitimados por el bipartidismo de Acción Democrática y Copei mediante el secuestro de los mismos y su puesta al servicio de los dos partidos políticos con fines sectarios y de corrupción en detrimento de los intereses nacionales.

Era preciso también, según Chávez, superar la democracia representativa y formal existente y sustituirla por una democracia real en la cual el pueblo fuera el sujeto participativo y protagónico. Era necesario, por lo tanto, promulgar una nueva Constitución. Además, el poder constituido presidido por él tenía que ser sustituido por otro en su totalidad, ya que era incapaz de relegitimarse a sí mismo. Para lograr todos esos objetivos era indispensable convocar una Asamblea Nacional Constituyente, y así se hizo. Esa estratagema, muy bien planeada, le  permitió a Chávez descabezar los poderes existentes, crear otros nuevos y coparlos a todos con sus partidarios, incrementando, de paso, el período presidencial y reeligiéndose por segunda vez en el año 2000 para agregar dos años más a su mandato original que en esa forma se extendió a ocho años. Pero no  contento con ello en 2009 modificó la nueva Constitución para perpetuarse en el poder hasta su muerte, ocurrida en el año 2013.

La situación actual del país es mucho peor que la que existía en 1998, cuando comenzó la aventura chavista. La perpetuación de Chávez en la presidencia, el exceso de poder concentrado en sus manos, la eliminación de las autonomías de todos los órganos del poder público, incluyendo el Banco Central de Venezuela y la Contraloría General de la República, el manejo arbitrario y sin control de la renta petrolera incrementada en 1500% por la elevación sin parangón de los precios petroleros, la inmensa corrupción derivada de estos factores, la destrucción del aparato productivo nacional por las expropiaciones arbitrarias, la ineficiencia de los sucesivos equipos gubernamentales, etc., etc., ha colocado al país al borde del abismo. A ello se suma ahora la arremetida contra la voluntad popular representada por la mayoría de las dos terceras partes de la Asamblea Nacional Legislativa obtenida el pasado 6 de diciembre.

¿No es necesario, ahora más que nunca, convocar una nueva Asamblea Nacional Constituyente para reponer la legitimidad de los poderes públicos, modificar la Constitución Nacional para reducir el presidencialismo impuesto por Chávez, impedir la perpetuación en el poder de una misma persona, reponer la descentralización administrativa y sobre todo, desmontar el modelo económico neocomunista impuesto por el chavismo que nos ha hecho mucho más dependientes del petróleo incrementado el rentismo hacia una fase terminal?

Esta es una pregunta que debe ser planteada con carácter de urgencia porque la situación del país se agrava minuto a minuto y las locuras del dúo dinámico del chavismo que, como ellos mismos lo han reconocido, eran contenidas por el Comandante Eterno, están a punto de producir una explosión social inducida por la desesperación de la gente que no encuentra comida ni medicinas y pierde la mayor parte de su tiempo en colas interminables en automercados y farmacias con abastecimiento deficitario e irregular.

 

*Profesor jubilado de la UCV