• Caracas (Venezuela)

Emilio Palacios

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Emilio Palacios

El asilo: ¿la excepción o la regla?

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Antes de venir a vivir a Miami, nunca tuve la oportunidad de conocer los detalles de la llamada Ley de Ajuste Cubano. Luego, cuando me enteré, me embargaron inicialmente serias dudas: ¿Por qué los cubanos que vienen huyendo a Estados Unidos deberían merecer un trato especial de parte de las autoridades de inmigración? ¿Por qué tantos “privilegios”, con los que no se protege a los perseguidos por otras dictaduras?

Lo fui comprendiendo poco a poco, al conocer las terribles experiencias de vida de mis nuevos amigos cubanos. Me fui dando cuenta que fue correcto que en algún momento Washington dictase una Ley de Ajuste Cubano porque el régimen político que existe en la isla no se compara con ningún otro gobierno de nuestro continente. En realidad, hay que rebuscar muy bien en los archivos de la Historia Universal para encontrar algo que medianamente se parezca a esa maquinaria monstruosa que tiene su corte en La Habana. 

La dictadura de mi propio país, por ejemplo, a la que tanto he combatido, no se parece ni medianamente a la dictadura cubana. 

Los medios de comunicación privados en Ecuador están sometidos a una represión feroz; pero todavía existen medios de comunicación privados. En Cuba no queda ninguno, todos pertenecen al estado. En mi país, los dirigentes políticos de oposición se juegan su libertad y el pellejo cada vez que participan en una elección; pero aún existen partidos políticos de oposición. En Cuba no queda ninguno, son ilegales desde hace más de medio siglo. En Ecuador, los empresarios van a la bancarrota si caen en desgracia ante un comisario político; pero quedan muchas empresas privadas. En Cuba desaparecieron hace dos generaciones. 

En mi país, dirigentes del sindicato de maestros y del movimiento indígena han sido condenados a la cárcel, pero aún existen sindicatos independientes y movimientos sociales. En Cuba no queda ninguno, todos los controla el gobierno. 

En Ecuador, el pueblo aún no se anima a protestar en las calles, pero estoy seguro de que pronto ocurrirá, como en Venezuela, donde, desde hace un mes, decenas de miles de personas luchan por la libertad todos los días, se arriesgan y le plantan cara a la dictadura; hay heridos, hay muertos, pero aún así una multitud gigantesca pelea. En Cuba, no necesito decirles lo que ocurre. 

Es por eso que en algún momento Estados Unidos dictó una Ley de Ajuste Cubano, porque el régimen cubano no se parece a ningún otro. No es una dictadura autoritaria, como las nuestras; es una dictadura totalitaria, como pocas. 

Hoy, los cubanos están discutiendo si esa ley que los protege debería seguir existiendo. Washington tendría que consultar con ellos, y sólo con ellos, cómo proceder. 

En cambio, para todos nosotros, los demás, ecuatorianos, venezolanos, nicaragüenses o bolivianos, espero que no se considere una legislación similar. El asilo debe seguir siendo -como hasta ahora- la excepción y no la regla; la protección, en última instancia, para aquellos cuya seguridad física corra peligro inmediato, y no un impulso que aliente equivocadamente la emigración de las fuerzas de la resistencia.