• Caracas (Venezuela)

Emilio Nouel V.

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Padrino y una certeza: descalabro estruendoso

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Son variopintos los análisis nacionales e internacionales que se han hecho sobre la jugada del gobierno, la semana pasada, de nombrar al Ministro de la Defensa como autoridad máxima en materia de abastecimiento y distribución de productos de primera necesidad que no se consiguen o no los hay sino en cantidades cada vez más limitadas. Vendría, supuestamente, a apagar un fuego ya muy extendido y que pone en peligro la gobernabilidad.

Al general Padrino, designado para tal grave y angustioso problema, deberán someterse sin chistar los demás despachos ejecutivos, incluido el del inefable Aristóbulo, vicepresidente de la República. Así lo “ordenó” Maduro.

Las especulaciones van desde las que afirman que en vista de la agudización de la crisis y del riesgo de que se produzca un estallido social, el objetivo del gobierno es atornillarse en Miraflores, echando mano, en una acción desesperada, de los que manejan el poder represivo y de fuego, una vez perdido el favor popular y la capacidad de repartir los dineros del Estado, pasando por las que  sostienen que los militares ya asumieron el poder guardando aun ciertas apariencias -una dictadura militar sui generis- hasta los que dicen que hay un proceso de transición en curso, todo en un entorno internacional que está presionando por una salida que evite un estallido de ingobernabilidad del país y de la región.

Éstas y otras teorías circulan en los corrillos políticos y en las redes sociales, para los distintos gustos, con variantes y matices.

Para el análisis, quizás valga la pena hacerse algunas preguntas que nos aproximen al problemón en que estamos metidos.

La primera que surge es por qué una actividad que debería ser dirigida y cumplida por funcionarios civiles, le es entregada a un militar, independientemente de que éste diga que es una acción cívico-militar.

Aparte de que, en el fondo, el nombramiento es una clara admisión de un rotundo fracaso gubernamental en el asunto, visto lo visto, hay un punto que no queda resuelto y es a la vez otra interrogante: ¿Acaso no han sido ministros militares activos los que han dirigido ese tema hasta ahora? ¿Los mismos que, por cierto, son señalados de corrupción e incompetencia manifiesta?

¿Son entonces otros los militares que, junto a Padrino, vendrían a enderezar el entuerto descomunal que nos agobia? ¿Serán los que llaman “institucionalistas” u otros de la logia militarista?

El ministro plenipotenciario a cargo de la faena de dar comida a un país hambriento, señaló que su nombramiento no obedecería a una acción de militarización del país, sino a poner “un poco de disciplina”.  

Nos llama la atención que él se presente como alguien que ve como no conveniente el que se piense que tal iniciativa persigue militarizar a Venezuela, aunque quien suscribe no tiene claro si el Ministro participa o no de la ideología militarista que inspira a la logia fundada por Chávez, cuyos representantes más conspicuos han ostentado y ostentan ministerios, gobernaciones y otros cargos de alto gobierno. ¿Qué quiere significar cuando afirma que utilizará “todas las metodologías de la guerra no convencional, específicamente en el frente económico”?

¿Compró entonces Padrino la idea disparatada de que estamos en una guerra económica?

¿A quiénes viene a ‘disciplinar’ ‘un poco’? ¿Es un problema sólo de disciplina?

Porque alimentar al país en la situación desastrosa en que ha caído, implica restablecer la producción destruida por más de 3 lustros de acciones nefastas y contraproducentes, hijas directas de una ideología trasnochada y perversa, no sólo de mala gerencia.

Sin duda, no es un problema de ‘disciplina’, a otro perro con ese hueso; se deriva de políticas macroeconómicas destructoras. Sin un cambio radical de éstas, es difícil que se retome un camino construido durante muchas décadas y que fue dinamitado por el gobierno, con sus expropiaciones, acoso a las empresas, leyes antieconómicas y desestimulantes, expulsión de inversiones extranjeras, etc.

Proveer a los venezolanos de productos de primera necesidad no es un tema sólo de funcionamiento de las aduanas, de modificar reglamentos o aligerar procedimientos de control de los canales de distribución, de ‘disciplinar’ o de, en definitiva, poner presos a unos cuantos delincuentes verde oliva.

Trámites y funcionamiento de aduanas y controles, pudieran arreglarse en un tiempo relativamente corto, pero si no hay productos que distribuir y vender, si no hay barcos en nuestros puertos con alimentos que deban ser nacionalizados, la tarea de dar de comer a los millones de ciudadanos está muy lejos de que se cumpla.

¿A qué entonces atribuir el nombramiento del señor Padrino, que creíamos de despedida? ¿Para complacer a los militares y tenerlos aplacados?

 ¿A un afán de ‘disciplina’? ¿Al deseo sincero de resolver el problema de abastecimiento de la población?

¿A una acción preventiva frente a un eventual estallido social que permita al gobierno sostenerse?

¿A una apertura a la transición?

Que el lector escoja la opción que le parezca la más cercana a la realidad y a sus deseos.

Las únicas certezas que tengo son, por un lado, que la jugada en cuestión, si la miramos desde la perspectiva del abastecimiento, está condenada a un descalabro estruendoso, si se sigue creyendo que se está enfrentando una guerra económica, y por otro, que no se sabe a ciencia cierta adonde nos conduce todo este desastre  y cuánto va a durar.

¡Ah! Se me olvidaba otro convencimiento: con la ideología militarista que inspira a los militares que gobiernan no llegaremos a ninguna parte.