• Caracas (Venezuela)

Emilio Nouel V.

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Nihilismo, islamofascismo y la lucha global por la libertad

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De nuevo, la bestialidad islamo-fascista ha hecho de las suyas. En Francia, el viernes pasado tuvo lugar otra matanza de los “locos de dios”, que a Europa y, en general, al mundo  civilizado, los tiene horrorizados.

Si ya los degüellos de ISIS filmados sin ningún escrúpulo nos habían perturbado a todos, los asesinatos a mansalva de ahora en París nos exasperan y desafían, demandándonos acción perentoria.

La agresión inicua a un país cualquiera siempre nos choca, nos revuelve la sangre. Y cuando eso ocurre a una nación con la que nos unen no solo lazos políticos, económicos o familiares, sino también espirituales, con más razón nos duele e indigna.

Francia no es un país cualquiera. Más allá de su importancia en el ámbito de lo material, de su significación como potencia mundial, Occidente le debe mucho en el terreno de las ideas modernas y de los avances sociales que el hombre ha alcanzado en los últimos siglos. De las tres grandes revoluciones que en el mundo han sido, una es francesa.

Francia es el símbolo de todo lo contrario a lo que representan las “ideas mortíferas” que llevaron a unos desquiciados a realizar la matanza de ese fatídico viernes 13 de noviembre.

“Ideas mortíferas” es la expresión que he utilizado, que no es mía, sino de un intelectual francés, de los que, por más señas, llamaban “nuevos filósofos”, fallecido hace un par de semanas: André Glucksmann. 

Este pensador fue uno de los que con mayor profundidad reflexionaron y describieron la amenaza que para nuestra civilización personifican estos terroristas, estos nihilistas destructores, para quienes la muerte es la vida.

Glucksmann, después de lo de las Torres Gemelas, se preguntaba qué hacía que una sociedad global que dispone de los medios de información e intervención más formidables de la historia, sea tan abúlica y esté tan paralizada ante los desmanes que comenten estos desadaptados.

Para él, Occidente se juega su supervivencia en esta lucha contra el terrorismo. Llegó a escribir: “Un fantasma recorre el planeta: el fantasma del nihilismo. Utiliza antiguas religiones, abusa de antiguas ideologías y de exaltaciones comunitarias, pero no las respeta”.

La fuerza del nihilismo –afirmaba Glucksmann– proviene de la división y la disolución. Rompe alianzas y tradiciones dentro de los países. Las víctimas iniciales de sus guerras son sus propios conciudadanos, sus hermanos de fe. Los ejércitos musulmanes se enfrentan entre sí y los gobernantes árabes son asesinados con balas árabes. 

Para Glucksmann: “El nihilista es un soldado de una guerra ‘absoluta’ (en el sentido de Clausewitz); se considera más aniquilador que defensor, actúa por la más pura y simple destrucción (…) para él, no hay nada que perder, nada que salvar”.

El terrorismo se ha convertido, sin duda, en un enemigo planetario, uno contra la humanidad, como bien lo ha dicho el presidente Obama. Las guerras recurrentes en el Medio Oriente están repercutiendo más allá de su espacio geográfico. 

La comunidad internacional debe atender con decisión este grave problema que no tiene fronteras, cuyos contornos son inasibles. Nadie se salva de ser víctima eventualmente de él.

Hoy le tocó de nuevo a Francia. Y no basta ser solidarios con un pueblo que tan valiosos aportes civilizatorios ha trasmitido al mundo.

Todos los países sin excepción deben sumarse a la lucha por extirpar una lacra que pone en riesgo la convivencia democrática y pacífica entre los seres humanos. No es un problema de fácil solución, por sus complejidades y extensión. Solo la cooperación estrecha entre los gobiernos del mundo puede garantizar esa difícil tarea. Se está enfrentando un fenómeno cuyos brazos ejecutores son jóvenes extraviados, que como ha dicho el escritor Pascal Bruckner, viven en una dimensión apocalíptica, una escatología mesiánica del baño de sangre.

Estamos con Francia en este momento grave, como estuvimos con Estados Unidos, España, Reino Unido, Argentina y otros países, cuando fueron agredidos por estos terroristas.

Ante el desorden, el caos y la muerte que quieren sembrar los terroristas, el nihilismo en acción, los que creemos en los valores de la libertad, la democracia y la tolerancia en el mundo, debemos unirnos con coraje, firmeza y convicción para cerrarles el paso.

 

@ENouelV

emilio.nouel@gmail.com