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Emilio Cárdenas

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Japón recorta su perfil pacifista

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Tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, su Constitución -en cuya redacción contribuyeron directamente los norteamericanos, en 1947- incluyó una "cláusula pacifista" expresa. Me refiero a su artículo 9, que dice que "el pueblo japonés renuncia a la guerra como derecho soberano y a la amenaza o al uso de la fuerza como forma de resolver las disputas internacionales". Para ello, agrega, "no se mantendrán, en adelante, fuerzas de tierra, mar o aire, así como otras capacidades de guerra". Por ello los soldados japoneses no han disparado nunca un tiro contra tropas enemigas. En verdad Japón no ha estado involucrado militarmente en ningún conflicto armado desde 1945.

No obstante, lo cierto es que Japón tiene, desde 1954, modernas fuerzas militares para asegurar su derecho de defensa.
Esto está, por cierto, en absoluta consonancia con el derecho inmanente a la legítima defensa que tienen todos los Estados, emanado expresamente del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, para el caso de ataques armados.

Hace ya una década, el primer ministro Junichiro Koizumi comenzó de alguna manera a debilitar la referida noción constitucional sobre la que se que edifica el pacifismo japonés. Lo hizo al prestar apoyo logístico en la guerra de Afganistán. Para luego enviar algunas tropas a Irak, aunque estrictamente hablando, sin capacidad combativa. Esto es apenas como un apoyo no armado. Pero con autorización de usar sus armas excepcionalmente. Esto es, tan sólo en caso de ser agredidas.

Bajo la gestión del actual primer ministro nacionalista de Japón, Shinzo Abe, el pacifismo constitucional japonés ha continuado su proceso de erosión. Primero, con la conformación de un Consejo Nacional de Seguridad, inspirado en el similar norteamericano. Luego, con la sanción de una ley que protege los secretos de Estado. Y, además, con la flexibilización de las normas que hasta ahora restringieron las ventas japonesas de armas al exterior.

Esto ha sido consecuencia directa de las crecientes tensiones navales y aéreas con China, respecto de las islas japonesas emplazadas en el Mar del Este de China a las que Japón denomina como Senkaku. Apenas ocho peñascos en cuya vecindad habría importantes yacimientos de hidrocarburos.

Para algunos, este proceso está acercando paulatinamente a Japón a la "normalidad". Esto es, sacándolo de la situación patológica -casi de indefensión- en la que el mencionado artículo 9 de su Constitución lo había puesto. Lo que tiene que ver con la sensación de debilitamiento que algunos perciben respecto del escudo militar de protección brindado hasta ahora al Japón por los Estados Unidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Lo cierto es que el camino se ha recorrido sin tocar formalmente el texto constitucional. Reinterpretándolo. Con alguna cuota de flexibilidad, claro está. En lugar de tratar de modificar la Constitución, lo que supone transitar un proceso complejo en el que primero debe obtenerse la aprobación parlamentaria con una mayoría de los dos tercios y, luego, confirmarse la reforma mediante su aprobación en un referendo constitucional nacional.

Abe acaba de dar un paso más hacia la flexibilización de la "cláusula pacifista" de su Constitución al declarar recientemente que Japón, a su modo de ver, tiene "el derecho de defender a sus aliados". Lo que, como política, debe ser ratificada por el parlamento nipón. Esto permitiría a Japón salir en auxilio de países que también hoy tienen algunos sonoros conflictos marítimos fronterizos con China, como es, por ejemplo, el caso de Filipinas, o el de Vietnam.

El nuevo avance japonés en dirección a la flexibilización de su doctrina nacional en materia de defensa ha provocado reacciones adversas y preocupación en China, que acusa al Japón de dar un paso que supone poner en peligro la paz y seguridad regionales.

Buena parte del propio pueblo japonés, según sugieren las encuestas, está en contra del debilitamiento del pacifismo hasta ahora característico de su país. Hablamos de la mitad de los entrevistados. Contra apenas un tercio que, al ser preguntado, se manifiesta a favor de la política de Abe, reconociendo las nuevas realidades geopolíticas del mundo y de la región. Por esto, no sorprende que hayan ocurrido las primeras manifestaciones callejeras de repudio a la política de Abe en materia de defensa.

Hasta ahora, sin embargo, la popularidad de Abe no parece haberse resentido sensiblemente por lo actuado en materia de defensa. Tampoco por haber visitado, simbólicamente, el llamado santuario de Ysukuni, donde están enterrados los líderes japoneses de la época de la Segunda Guerra Mundial, considerados por algunos como héroes nacionales y, por otros, como criminales de guerra. Lo que es bien diferente.

Lo cierto es que hay muchos japoneses que están realmente identificados con el carácter pacifista que imprime al país su Constitución. Y seguramente lo defenderán. Si, de alguna manera, el tema llegara de pronto a la Suprema Corte, debe recordarse su tendencia a no inmiscuirse en las cuestiones que tienen que ver con la seguridad del Estado, respecto de las cuales, sostiene el alto tribunal, la responsabilidad primaria de conducirlas pertenece al Poder Ejecutivo. Lo que las transforma en "no judiciables".

Todo un cambio. Realizado paso a paso. Pero con coherencia. Atribuible a lo que algunos están calificando como el "revisionismo" chino, que hoy inquieta al mundo del mismo modo en que lo hace el revisionismo ruso, bastante más asertivo ciertamente.

En ambos casos, porque el "revisionismo" se invoca para consolidar los liderazgos nacionales en sus respectivas regiones inmediatas de influencia. Para lo cual se está recurriendo, lamentablemente, a mostrar (y, en el caso ruso, hasta a utilizar) la fuerza militar.

Puede anticiparse que, cuanto más parezca debilitarse el liderazgo internacional de los norteamericanos, más impulso tomará seguramente el derrotero que Abe está trazando para su país en materia de política de defensa. Por esto acaba de crear una nueva cartera ministerial, a cargo de las operaciones de apoyo militar a los aliados de Japón. Con razón Maquiavelo decía que un cambio siempre prepara otro.