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La vida y la muerte

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La vida y la muerte

Al momento de sentarme a escribir esta columna no han pasado 24 horas del anuncio de la muerte del presidente Chávez

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“La integración de la idea de la muerte en el pensamiento de los hombres les permite erigir sus vidas de acuerdo con propuestas más conscientes, más meditadas, alertándolos sobre el uso que hacen de ellas, no derrochando demasiado tiempo en cosas sin importancia”. Fragmento del libro La Muerte: un amanecer, de la doctora Elisabeth Kübler-Ross.

Al momento de sentarme a escribir esta columna no han pasado 24 horas del anuncio de la muerte del presidente Chávez. Eso me lleva a repetirles lo que en otras ocasiones he dicho: me cuesta un gran esfuerzo escribir sobre temas ajenos a mi entorno inmediato y más cuando se trata de acontecimientos que mueven de manera profunda la fibra emocional de quienes los presenciamos. Y este es uno de esos momentos.

Mientras escribo observo en la pantalla del televisor cómo una parte importante del pueblo venezolano acompaña en la calle el traslado del féretro de su máximo líder hasta el lugar donde será velado. Veo rostros acongojados, hombres y mujeres que lo lloran sin reparo desde lo más profundo de su corazón. Me conmuevo ante las escenas de dolor y la honda tristeza que muestran a medida que se despiden de él. Lloran al que sienten como un padre que se les fue. Me llega su congoja, es genuina.

No percibo lo mismo en lo que dicen muchas de las personas que están siendo entrevistadas. Pareciera que fueron aleccionadas y sus palabras no esconden el sesgo político que tienen. No quieren desaprovechar la oportunidad que les da la cobertura nacional de la manifestación para instilar en la audiencia cautiva sus consignas de campaña electoral anticipada. El asombro y la vergüenza ajena me llevan a quitar el audio. No resisto que manipulen con el dolor popular e irrespeten la solemnidad del momento.

El fragmento que elegí para acompañar esta columna ha sido fuente de reflexión constante para mí desde que lo leí por primera vez, muchos años atrás. Aunque parezca contradictorio, creo que cuando tomamos conciencia de nuestra finitud terrenal la idea de morir es un cable a tierra que nos inclina a sincerar los distintos aspectos de nuestra vida, a elegir lo que queremos en nuestro fuero más íntimo, a cuidar lo que decimos y hacemos, a vivir una vida más honesta, más digna y plena.

Levanto la vista del teclado y vuelvo a posarla en las imágenes sin audio del televisor. La multitud sigue al féretro, le lanzan sus boinas rojas, banderas, flores, le dicen adiós con emotivo fervor popular. Es conmovedor.

Chávez cumplió su misión y cerró su ciclo. La objetividad histórica, que llega con el transcurrir del tiempo y el apaciguamiento de las pasiones, lo colocará en el lugar que le corresponde.

En lo inmediato, ante la incertidumbre sobre la conducción del país, rezo para que todos los dirigentes políticos que le sobreviven sepan leer las necesidades materiales, emocionales, morales y espirituales que tenemos los venezolanos y se avoquen a conducir al país por el sendero de paz, unión, justicia, orden, honestidad y prosperidad que tanto anhelamos.