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La ventana rota

Cuando los lugares públicos acusan señales de deterioro, estos dejan de ser frecuentados

Cuando los lugares públicos acusan señales de deterioro, estos dejan de ser frecuentados / Ámbar Giraldo

Cuando las autoridades no sancionan las faltas menores que cometen los ciudadanos, se genera un mayor desacato a las leyes

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El título de esta columna corresponde a la teoría que surgió en 1969 cuando un equipo de investigadores de Psicología Social de la Universidad de Stanford en Estados Unidos realizó un experimento que los llevó a concluir que, si se rompe el vidrio de una ventana y nadie se ocupa de repararlo con prontitud, luego estarán rotos todos los demás. Cualquier similitud que encuentren con la realidad que nos circunda es adrede.

El experimento consistió en dejar estacionados en la vía pública dos automóviles idénticos en marca, modelo y color, en dos áreas diferentes de la misma ciudad. Un auto fue ubicado en una zona pobre y conflictiva y el otro en una zona rica y tranquila. El equipo de especialistas observó que el primer auto fue desvalijado en forma progresiva hasta que lo destruyeron por completo. El segundo auto se mantuvo intacto hasta que, transcurrida una semana, los investigadores le rompieron un vidrio para ver qué pasaba. Le hicieron lo mismo que al anterior.

Este hecho les llevó a concluir que, más que por una situación de pobreza, cuando en una comunidad presenta señales de desorden y deterioro que no se reparan a tiempo, pronto se generarán dentro de ella conductas delictivas más graves. Esto ocurre porque surge la impresión de que el daño no le importa a nadie y por eso las faltas menores no se sancionan.

Cuando los lugares públicos acusan señales de deterioro y nadie reclama para que se repare lo estropeado, estos dejan de ser frecuentados y se convierten en espacios solitarios, expuestos a ser ocupados por delincuentes.

Cuando las autoridades no sancionan las faltas menores que cometen los ciudadanos al estacionar en lugares prohibidos, echar basura fuera de los contenedores, dejar los excrementos de las mascotas en las aceras o desatender las señales del tránsito, se genera un mayor desacato a las leyes y el aumento de conductas antisociales. Lo que estamos viendo.

Revisemos nuestro comportamiento, nuestro hogar y nuestras relaciones familiares y vecinales con objetividad. Apliquemos la teoría de la ventana rota: limpiemos lo sucio, reparemos lo dañado, ordenemos lo desarreglado, corrijamos hábitos perjudiciales, demos un buen ejemplo, evitemos decir mentiras, cuidemos el vocabulario, cumplamos las promesas, consideremos el derecho de los otros en relación al nuestro, conservemos en buen estado las áreas comunes de nuestra residencia, controlemos el volumen de la música, respetemos las pertenencias ajenas.

El vidrio roto representa el deterioro y el abandono que va rompiendo los códigos de convivencia establecidos en las leyes: establece que nada tiene valor ni importancia. Cada destrozo refuerza esa idea hasta que las conductas antisociales toman vigor y generan una escalada incontenible de violencia que imposibilita la normal convivencia ciudadana.

El próximo domingo acude a votar. Es tu oportunidad para demostrar tu interés por tu comunidad y por nuestro país. Es imposible seguir siendo indiferentes.