• Caracas (Venezuela)

EME

Al instante

Una talla para todos

La sociedad mide a los hombres y les exige dar la talla

La sociedad mide a los hombres y les exige dar la talla

Los hombres tienen que librar una batalla para encontrarse consigo mismos, reconocer su propia naturaleza, diferenciarse de los otros y ser auténticos

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando una amiga supo que yo estaba preparando el tema de esta edición dedicada a los hombres, me comentó que en lugar del texto debía aparecer un enorme signo de interrogación porque con eso ya quedaba dicho todo. Acompañó su comentario con un gesto para dibujar el signo en el aire mientras su esposo la observaba imperturbable, mudo, como si el elocuente ímpetu de su mujer no lo aludía. La escena me resultó tan cómica que al recordarla aún me río.

De haber sido él quien hiciera el comentario hubiera terminado siendo acosado con múltiples preguntas. La interrogante cuando tratamos de descifrar a los hombres sería menor si nos acercáramos a ellos desprovistas de prejuicios y generalizaciones y nos interesáramos en conocer la individualidad del más cercano que tenemos. Verán por qué lo digo.

Jean Shinoda Bolen, analista junguiana, afirma en su libro Los dioses de cada hombre que las mujeres nos quejamos del injusto trato que recibimos en la sociedad patriarcal, pero no nos damos cuenta de que esa misma sociedad también maltrata a los hombres.

Nos lo explica a través del mito griego de Procrustes, quien medía a los viajeros que le pedían alojamiento en su posada usando una cama de hierro. Si eran hombres pequeños los descoyuntaba y estiraba hasta que alcanzaran la medida exacta de la cama y si eran hombres altos les cortaba las extremidades o la cabeza hasta conseguir que cupieran en ella. Con este método cruel y arbitrario Procrustes eliminaba las diferencias y forzaba una exacta conformidad en todos los que caían en sus manos.

Los hombres tienen que librar una batalla para encontrarse consigo mismos, reconocer su propia naturaleza, diferenciarse de los otros y ser auténticos dentro de una sociedad que les exige que cumplan rigurosas expectativas sociales con las que tienen que cargar por el solo hecho de haber nacido hombres. La sociedad los mide y les exige dar la talla. Suena parecido a lo que hacía Procrustes.

Algunos nacen con las condiciones naturales y les es cómodo alcanzar un éxito personal que suele ser medido por la acumulación de dinero, poder, autoridad y liderazgo. Otros optan por sacrificar partes importantes de sí para conseguir ese éxito y logran la aprobación y el reconocimiento de la sociedad, pero al final no se sienten satisfechos: el triunfo les resulta vacío. Hay quienes no se dejan sugestionar con expectativas ajenas, siguen su propio camino y logran un éxito significativo para ellos aunque no sea validado por los demás. Hay quienes no se consiguen a sí mismos, tampoco son exitosos y se sienten fracasados.

El papel que tenemos como amigas o compañeras de vida es importante para ellos. Solemos ser las confidentes de sus proyectos y sus preocupaciones porque sienten que no tienen que competir con nosotras y en esa íntima comodidad se permiten confiarnos lo que no se atreverían a decirles a sus amigos.

Si valoramos esa cualidad como un don y los escuchamos sin juzgarlos, tendremos una excelente oportunidad para conocerlos mejor y apreciarlos más.