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El sol detrás de los nubarrones

El sol detrás de los nubarrones / EME

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Hay crisis necesarias que generan revisiones profundas y cambios estructurales de la mente

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Luego de dar una larga caminata por un paraje natural muy hermoso, llego a casa con la intención de escribir esta columna acerca de cómo mantenernos positivas.

Mientras caminaba venía pensando sobre qué iba a escribir y cómo iba a enfocar este tema que ahora adquiere mayor importancia entre nosotras dados los momentos que como país vivimos, sumados a nuestras situaciones personales –algunas más difíciles que otras– que pueden oscurecer el cristal a través del cual observamos el devenir de nuestra vida. Entre paso y paso, el enfoque que quería darle a esta columna apareció cuando recordé un episodio que había almacenado en el desván de la memoria.
Unos cinco años atrás, ya ni me acuerdo para qué trámite, tuve que presentar un balance firmado por un contador público. Al acudir a la cita para que me hicieran el documento me recibió una joven profesional.

Nos presentamos y cuando ella escuchó mi nombre me relacionó enseguida con la revista y me preguntó si yo era la que escribía para Eme. Le contesté que sí. Y ella, de manera espontánea, me soltó: “por todo lo que escribes, debes ser una persona feliz”.
Su comentario me tomó por sorpresa y solo atiné a contestarle que no siempre lo era, pero que trataba de serlo con frecuencia. Hasta ese momento no me había percatado de la imagen que algunas lectoras podían hacerse de mí.

Es difícil condensar en pocas líneas las vivencias por las que he tenido que pasar para llegar a decir esa frase y verme reflejada de manera genuina en ella. Soy imperfecta, por miedosa, cómoda, quisquillosa, testaruda, impaciente, rabiosa, perfeccionista, entre otras características negativas que pueden inclinarme a teñir mi realidad con una perspectiva defectuosa.

Pero también tengo una naturaleza optimista, ingenua y confiada, que en los períodos tormentosos me ayuda a creer que el sol volverá a iluminar mi vida porque con el transcurrir del tiempo todo pasa.
Aún en las peores circunstancias busco la lección que puedo sacar de ellas y quizás no la vea de inmediato, pero siempre aparece el crucial momento del “¡ajá!” que me permite entender, aprender, cerrar y continuar con nuevo brío.

Hay crisis necesarias que generan revisiones profundas y cambios estructurales de la mente y las actitudes rígidas que ya no nos sirven y debemos soltar para comenzar a vivir en forma más plena y congruente con lo que somos y queremos.

Saber quién se es y no pretender ante los demás ser otra cosa, nos dota de una coherencia interna que nos permite preservar la propia identidad por encima de los avatares de la vida.
Cuando aparece un momento en el que puedo ser feliz, lo aprovecho. La felicidad no es un estado de gozo permanente sino momentos fugaces, que cuando llegan hay que aprovecharlos. Y en las ocasiones en que se pone elusiva, hay que salir a buscarla, haciendo por nosotras esas pequeñas cosas sencillas que sabemos que nos nutren el alma.

Para mí, una de ellas, es salir a caminar.