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Entre pecho y espalda

Entre pecho y espalda | Archivo

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La columna vertebral, que en su estado sano nos permite permanecer erguidas y nos ayuda a mantener el centro de gravedad del cuerpo cuando caminamos, estamos de pie o sentadas

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Si al leer el título estás esperando una de despecho propio de rancheras temo desilusionarte porque hoy no voy a escribir sobre los infortunios del desamor, aunque el sufrimiento que detona pasar por esa situación también la afectan. Las intensas emociones dolorosas que alojamos en el pecho lo hunden y a ratos podemos temer que nos derrumbamos porque sentimos que la espalda no nos sostiene.

Lo que está entre pecho y espalda es la columna vertebral, que en su estado sano nos permite permanecer erguidas y nos ayuda a mantener el centro de gravedad del cuerpo cuando caminamos, estamos de pie o sentadas. También se ocupa de sostener la cabeza y de darle soporte a la pelvis, de modo que cumple una función conectora entre ambos extremos y esto tiene un significado particular que por lo general pasa desapercibido.

La cabeza se ocupa del pensamiento racional y del control de los impulsos, mientras que la pelvis contiene en ella lo instintivo; allí están los órganos relacionados con la sexualidad, la reproducción y la excreción de los desechos del organismo. Esta conexión entre la cabeza y la pelvis nos lleva a considerar el importante papel que juega nuestra vida emocional en la salud de nuestra columna vertebral, un enfoque que encontramos en la teoría bioenergética de Alexander Lowen.

Muchos de los conflictos reprimidos que no hemos conseguido resolver en nuestra vida consciente se alojan en nuestro cuerpo produciendo bloqueos energéticos que se manifiestan como dolencias físicas, en este caso, en cualquiera de los tres segmentos –cervical, dorsal o lumbar– de la columna vertebral.

Sin ánimo de simplificar o generalizar lo que amerita un análisis particular en el caso de cada individuo, encuentro en mi práctica profesional que la lucha interna entre lo que queremos ser y lo que creemos que tenemos que mostrar nos lleva a hacer transacciones que crean un estado inarmónico que se convierte en síntoma.

Hay otros factores externos que afectan la salud de la columna: sedentarismo, flacidez abdominal, mala postura, sobrepeso, dieta desbalanceada, además de todo aquello que implica forzar el centro de gravedad del cuerpo, como cargar objetos muy pesados y usar tacones altos durante períodos largos.

Atiendan la menor señal de incomodidad que les dé su espalda. La columna les está avisando que está resentida y lo prudente es darle reposo. Revisen si es la consecuencia de un exceso que han cometido y procuren corregirlo. La paciencia es importante, permítanse descansar y recuperarse, lo usual es que la molestia desaparezca en pocos días. Alternar una terapia de calor y frío puede ayudarles, así como la ingesta de un analgésico que alivie dolores musculares. Suaves ejercicios de estiramiento con la espalda apoyada en el piso contribuyen a liberar tensiones localizadas.

Si tras varios días la molestia continúa, es recomendable consultar con un especialista.