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El jardín de las virtudes

El jardín de las virtudes / EME

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El otro día vi un jardín en el que había toda suerte de plantas curiosas, tales como la fidelidad, que, como es sabido, no crece precisamente en todas partes.

Había también una fila de virtudes de colores, como el empeño, y sabe Dios qué más. En una esquina estaba la paciencia inagotable, un árbol  nudoso y robusto, seguramente estimable de suyo en grado sumo. Seguí mirando, allí crecía el ánimo, siempre verde, y justo al lado ese amor inmarchitable y esa esperanza que no envejece.

Luego vi la fe alegre e inviolada y, tan escondidas que apenas se las veía, las más encantadoras ideas. La perseverancia y la modestia florecían para mi no poca sorpresa con cierta abundancia, aunque ¿qué pretende decirnos el autor con este singular jardín? ¿Qué entiende por ello? ¿Piensa acaso en el cultivo de la nobleza por parte del hombre?.

Robert Walser en La habitación del poeta.

“Saludos Silvia, soy asiduo lector y seguidor solidario de sus propuestas y planteamientos semanales. Me he tomado la libertad de escribirle para compartir un poema titulado El jardín, del escritor suizo Robert Walser. Es muy posible que usted ya lo haya leído, pero la frescura de sus versos y las virtudes exaltadas en el mismo me hacen vincularlo con el contenido de sus columnas, razón por la cual no he podido dejar de enviárselo”.

Me complace mucho recibir correos de quienes me leen y siempre les respondo para agradecerles el tiempo que me dedican. A veces me escriben para pedir mi orientación sobre algún problema por el que atraviesan, otras veces lo hacen para apoyar la opinión que expreso sobre algún tema en particular; en ocasiones me escriben para decirme que se identifican tanto con las situaciones que expongo que cuando me leen les parece que me estoy dirigiendo a ellos; y debo decir que, aunque han sido pocas las veces, también me han escrito para reclamar por algo que he dicho y no les gusta, en cuyo caso también les contesto, siempre que se hayan dirigido a mí en forma respetuosa e identificándose, porque en eso soy vertical: no respondo anónimos ni pierdo mi tiempo en contestar a quienes carecen de argumentos y tienen un lenguaje inapropiado por grosero.

Es la primera vez que recibo un poema. Por curiosa sincronicidad me encontraba en Suiza cuando lo recibí, no conocía el poema ni a su autor. Me encantó. Es hermosa la analogía que establece en relación a las plantas de un cuidado jardín y las virtudes que podemos desarrollar los seres humanos si nos esmeramos en cultivarlas. Me gustó la sensibilidad con la que destaca las características particulares de cada virtud asociándolas con elementos propios de la naturaleza.

Me siento honrada por este lector que percibe mi intención de fomentar en quienes me leen el ejercicio de las virtudes con las que podemos enaltecer nuestra condición humana.

Aparte de las virtudes mencionadas en el poema le agregaría a nuestro jardín las semillas de la verdad, la justicia, la sabiduría, la solidaridad, la bondad y la templanza. ¡Cultivemos nuestro maravilloso jardín personal!