• Caracas (Venezuela)

EME

Al instante

Ellas hablan, ellos obedecen

El enigma femenino se ha llevado miles de páginas, foros y botellas / Mauricio Villahermosa

El enigma femenino se ha llevado miles de páginas, foros y botellas / Mauricio Villahermosa

Salieron de una costilla, pero ¿de cuál? Van al tocador juntas, pero ¿por qué? ¿Cómo la frase “dame cinco minutos” se transforma en el prólogo de una hora de espera? Aquí una vista en reposado de las mujeres, sin guerras. No se prometen respuestas, pero sí una guía de supervivencia para aprender a ser de Marte e igual hacerlas felices

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En Venezuela, según el último censo, hay más hombres que mujeres. Así que es un error casi lapidario clavarse en la acera de enfrente. Ellas casi siempre tienen la razón. Sin embargo, entender esa razón es una empresa difícil para nosotros.

Algunos dicen que los cambios hormonales son los responsables de tantos desencuentros, otros que las sociedades matriarcales son las culpables de tanto poder. Lo que es cierto es la imposibilidad que tiene el hombre de comprender el misterio de la mujer.

El enigma femenino se ha llevado miles de páginas, foros y botellas. Y aún no parece haber consenso. Una pequeña encuesta en las redes sociales preguntó “¿Cómo hacer feliz a una mujer?” y las respuestas fueron variopintas. Roberto Fernández: “Con zapatos”. Fernando Rodríguez: “Con buen humor”. Álvaro Reyes: “Con tolerancia”. Camilio Ortiz: “No sé”. Esta parece la respuesta más honesta pero lo importante es saber que las mujeres no son felices con una sola cosa, sino con muchas.

La vanidad
Es un pecado. Sin embargo, muchos coinciden en que este es un aspecto intrínseco de la mujer. Pero no es una vanidad superficial y negativa, más bien es una coquetería natural. “En mis tres matrimonios fui inmensamente feliz... se acabaron porque soy un sinvergüenza. Pero aprendí que hay que demostrarles que para nosotros son bellas, no importa si están emperifolladas para una fiesta o pasando coleto”, recomienda Camilio Ortiz.
Sin embargo, él reconoce no saber cuándo es el mejor momento. “No sé reconocer cuándo una mujer quiere que le digan la pura verdad o solo quieren escuchar: ‘Te ves excelente, amor’”. Y aquí todos llegamos al mismo punto: no entendemos nada.

Una trampa
Una chica le pregunta a su novio: “¿Te pasa algo?”. El tiempo se detiene. Él piensa aterrado. “De verdad no me pasa nada, o sea, solo estamos viendo la televisión. Si le digo que no me pasa nada va a pensar que le estoy mintiendo y entonces va a sacar el ‘ya no me quieres’. Si le digo que sí me pasa algo, es peor. Voy a tener que inventar algo y me va a descubrir… ¡Ayuda!”. No hay salida en esa cotidiana escena. Pero no hay de qué preocuparse, siempre hay una sonrisa de tonto que puede salvar el día. O no...

Problemas de origen
“Aunque el libro está lleno de imprecisiones, Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus de John Gray plantea una gran verdad: ¡Somos de planetas distintos!”, dice el antropólogo Alberto Smith. “La forma en la que se concibe física y simbólicamente el hecho de ser hombre o mujer nos aleja”.

Por lo general, en la cultura occidental, la mujer es vista como la dueña de la casa, la que educa a los hijos y el hombre como el sostén económico. “Esas visiones se van diluyendo, pero aún tienen fuerza en nuestra sociedad, y estas, junto a las propias experiencias y crianza, hacen que cada quien tenga una idea propia de cómo debe ser un hombre y una mujer. Pero esto no necesariamente es malo”, aclara Smith.

Laura Canelones también es antropóloga y sostiene que esa percepción es sumamente compleja. “Colocar en sintonía todos esos canales no es nada sencillo”. Así que lo que queda es tener paciencia y entrenar la tolerancia.

Bajo el mismo techo
Simón y Emma Castor tienen 45 años de casados y desde hace 20 están jubilados. “El secreto del matrimonio es hablar lo menos posible”, dice Simón mientras Emma lo ve con cara de esta noche duermes en el sofá. “Cuando cada uno trabajaba nos veíamos justo lo necesario. La juventud nos permitía aprovechar las ocasiones, pero cuando te toca vivir todos los días con una de ellas coincidiendo y enfrentado, la cosa se complica”, insiste Simón... Emma le prepara el sofá.

Más allá de las bromas, esta pareja coincide en que la clave no es entender sino tolerar. “Cuando decidí casarme no tenía ni idea de en dónde me estaba metiendo. Probé de todo para que la relación fuera como yo quería y nada funcionó. Lo fundamental fue darle el espacio y ceder con felicidad. Ahora, no le digas nada porque va a creer que ella tiene el control”, agrega Simón. “¡Tengo el control!”, grita Emma desde la cocina.

Miriam Montenegro y José Daniel Alverti tienen cuatro años de novios y en pocos meses se casarán. La pareja ha vivido junta los últimos seis meses “para probar”, según José Daniel. Todo ha sido de ensueño, aseguran, pero él aprovecha un descuido en la conversación, se inclina y habla en un registro casi inaudible: “En cualquier momento va a sacar su verdadero rostro, pero ya es demasiado tarde, estoy enamorado”. Entonces la culpa, aparentemente, es del amor.

Inteligencia emocional
Amanda Velazco es psicóloga y experta en terapias de pareja. Considera que la diferencia fundamental entre el hombre y la mujer es la inteligencia emocional. “Un hombre, cuando tiene un problema lo ‘nuclea’: lo deja en una caja y lo trata con una sola causa y una sola consecuencia. La mujer es una historia diferente, relacionamos todo. Cuando la mujer afronta un problema saca elementos que en teoría ya son pasado y vincula eventos de formas que los hombres nunca lograrán entender”, dice.

Otra diferencia: las mujeres nunca olvidan. “Un hombre puede pelear con un amigo y, sin importa qué tan grave sea, estará echando los cuentos de cuando eran chamos en cuestión de horas. Las mujeres tenemos un asunto con otra y eso se queda grabado en piedra”.

Sin embargo los hombres no salieron ilesos. “Ellos también tienen sus cambios hormonales que los vuelven incomprensibles. También hay que agarrarles su caída”, dice entre risas.

Piénsalo con calma
Hay preguntas que ellas hacen que parecen buscar una grieta, una falla. Están hechas con toda la intención de revelar escenarios. Lo recomendable es pensar bien cada palabra y rezar para salir ilesos.

“¿Estoy gorda?”
Es probablemente la pregunta más delicada que una mujer puede hacer. No hay una respuesta correcta y fingir demencia no es recomendable. La estrategia menos peligrosa es abandonar lo que sea que se esté haciendo, mirarla a los ojos y hacerla sentir amada.

“¿Soy una cuaima?”
Esta pregunta, en la mayoría de los casos, la hacen frente a los amigos de él. La idea es demostrar que ella no es una cuaima, aunque solo el hecho de preguntar ya es un indicio inequívoco de su condición viperina. Ojo, jamás hay que decir algo como esto: “No eres tanto como mi ex”. Sentencia de muerte.

“¿Me amas?”
Ellas saben si las aman o no. Lo que quieren observar es cuánto y cómo las aman. Contestar afirmativamente a esta pregunta viendo un partido fútbol o leyendo el periódico es un error fatal. Hay que ser grandilocuente, romántico y enérgico todas las veces que lo pregunte.