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El goce del clímax

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Llegado el momento del encuentro al desnudo sobra que nos preocupemos si no tenemos la perfecta figura curvilínea

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“Cuando estés haciendo el amor no te pongas a pensar, limítate a sentir de la cintura para abajo”. Recibí este consejo a los 17 años cuando no solo no había consumado ninguna experiencia sexual sino que tampoco estaban dadas las condiciones para querer tener una a corto plazo.

Poco antes había descubierto que los sentimientos hacia mi novio habían cambiado y esta súbita revelación me tenía triste y aturdida, no sabía cómo confesarle lo que me pasaba porque ni yo misma me entendía y sentía mucho miedo por el daño que creía que le iba a causar cuando se lo dijera: lo último que quería era hacer sufrir a quien me había querido bien.

Quise estar segura de que lo que me ocurría era algo definitivo como para justificar el rompimiento y por recomendación de mi mejor amiga del colegio pedí cita con quien la orientaba a ella. Esta persona fue quien me dio el consejo. Recuerdo que salí del consultorio sintiendo que mi confusión era mayor.

Dada la situación sentimental cargada de dudas por la que atravesaba sumada a la inexperiencia propia de la adolescencia, en una época llena de prohibiciones y prejuicios en contra de las relaciones prematrimoniales, el consejo, cargado con la mejor intención, llegó en un momento inapropiado. Yo no estaba lista.

Sin embargo, tampoco lo olvidé, lo dejé macerando hasta que unos cuantos años y varios novios después pude descifrar la condensada sabiduría de quien me quiso transmitir en una frase contundente la voz de su experiencia femenina. Y han sido incontables las ocasiones en las que yo he compartido el mismo consejo cuando escucho a otras mujeres confiarme lo que las preocupa a la hora de meterse a la cama con el hombre que les gusta.
No hay cosa que corte más la nota y la desenvoltura que la inseguridad que sentimos con respecto a nuestro cuerpo.

Llegado el momento del encuentro al desnudo sobra que nos preocupemos si no tenemos la perfecta figura curvilínea que le envidiamos a las modelos. Si llegaste adonde estás y tienes a alguien al lado que se entusiasmó contigo, dedícate a lo que los llevó allí, que es el mutuo deseo de dar placer y recibirlo.

Quien está pendiente de mantener una pose que la favorezca para no perder lo que cree que es su ángulo más bonito se pierde lo esencial, que es la entrega gozosa que sucede cuando podemos abandonar el control sobre el cuerpo y sus sensaciones, y no nos distraemos pensando sino que disfrutamos sintiendo.

El encuentro de los amantes fluye con espontaneidad cuando ambos se complacen en el juego erótico que se da entre dos adultos que se desean y logran una conexión emocional que les permite mostrarse con entera confianza.

El miedo al rechazo, el escrutinio de las imperfecciones del cuerpo, la competencia por el afán en demostrar las respectivas habilidades amatorias, la falta de ternura, la ausencia de verdadera pasión, los pases de factura, la lucha de poder y los problemas propios de la cotidianidad alejan a los amantes del genuino disfrute en la cama.