• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El funeral de una pesadilla

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Cuando los acontecimientos políticos, económicos y sociales de un país rompen las barreras fronterizas y se trasladan, por su propia fuerza y dinamismo, al amplio escenario del debate internacional y a la participación de otros Estados y jerarquías institucionales, se puede afirmar con grandes posibilidades de acierto que, inevitablemente, el naufragio de un proyecto político no tardará en producirse con toda su fuerza destructiva.

Esto no implica necesariamente que se desatará la violencia y la destrucción como una ola gigantesca imparable y arrolladora, sino que los presupuestos políticos que permitieron la fundación de ese proyecto ya agotaron su vida útil y que, por ello, ya no permiten avance alguno sino que, por lo contrario, se erigirán como obstáculos que progresivamente tendrán que ser eliminados de raíz si se desea avanzar a otro escenario más propicio.

No extraña pues que hoy el llamado “Problema Venezuela” se haya internacionalizado a tal punto de que aquella soledad que tanto nos abrumaba y que nos hiciera sembrar resentimientos hacia la comunidad latinoamericana por su falta de solidaridad y apoyo para ayudarnos a escapar de nuestra tragedia, ahora y en especial durante estas últimas semanas, sature saludablemente el ambiente diplomático.

Enhorabuena devino aquella soledad en múltiples voces que hoy nos devuelven la confianza en que nuestra lucha democrática nunca fue un desvarío sino un adelantado acierto y que, por ello, fuimos atacados con tanta virulencia por las camarillas civiles y militares que, en ese momento, manejaban con holgura sumas multimillonarias de petrodólares y fajos legendarios de mentiras heredadas del comunismo caribeño, las cuales al final de la partida han resultado lisiadas de toda vigencia revolucionaria porque en lugar de consolidar un poder popular, tantas veces prometido, no han hecho otra cosa que esterilizar ese sueño, dejando para otros un cementerio de dobleces y traiciones.

De la Venezuela de hace 30 años, con su vigor y ansias de lucha y transformación siempre en el escenario batallando para avanzar, ahora quedan las ruinas materiales y morales que nos deja este aventurerismo militar y civil, embadurnado de un marxismo que despide el mismo olor de una caja de cartón humedecida y vieja, guardada en el sótano de una de las trampas ideológicas más crueles de la historia como lo fue el comunismo soviético.

Como bien lo decía ayer un análisis de la agencia AFP, firmado por Alexander Martínez, el dinamismo de lo que nos ocurre queda a la vista cuando se mide la importancia de “una mediación de ex presidentes para un diálogo, la presión de la OEA a favor de un referendo revocatorio: la comunidad internacional empieza a movilizarse ante la elevada tensión en la crisis venezolana, aunque analistas se muestran escépticos y advierten que las voces aún son tímidas”.

Es cierto que las señales apenas brotan pero el olor de la esperanza cada día está más presente, en todas partes y en todos los sectores sociales.