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El discreto encanto de Natalia Lafourcade

Natalia Lafourcade

Natalia Lafourcade

Han pasado nueve años desde su último concierto en Venezuela y este junio regresa para presentar su álbum Mujer Divina, un homenaje al compositor e intérprete popular mexicano Agustín Lara que le ha valido elogios, pero que sobre todo, le ha cambiado la vida

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Un body de color carne. Esa fue la única prenda que lució Natalia Lafourcade para la portada de julio 2012 de la revista Gatopardo. De pie, con una pose inclinada hacia la cámara, manos apoyadas sobre las rodillas, el flequillo cayéndole en la frente, los ojos y la boca entre abiertos, su menudo cuerpo, delicado y aún de niña, se revelaba y rebelaba al mismo tiempo.

“Esa portada representa un nuevo ciclo en mi vida, al que llegué sin querer y gracias a la obra de Agustín Lara. Descubrí mi sensualidad, esa madurez que me permite tener una postura ante la vida, coquetear y explorar con lo erótico de forma natural”, dice con una entonación grave que se distancia a ratos de la voz dulce que la hizo cantora.

En la conversación de la mexicana, criada por su madre (pianista y pedagoga musical) en la ciudad de Coatepec, en el estado de Veracruz, no hay muletillas, sino una serie de oraciones bien articuladas y con propósito. Su verbo, aunque vivo y fresco, evidencia los 12 años que ya acumula en la industria de la música, los cinco álbumes que ha lanzado, sus 29 años de edad y las giras de conciertos que la han llevado a presentarse hasta en Japón.

Eran los tiempos en que usaba calentadores encima de zapatos Converse, faldas de rayas sobre jeans de bota ancha y trencitas en el pelo, cuando se presentó por última vez con su banda en Venezuela. Corría diciembre de 2004 y la ocasión fue un festival intercolegial de gaitas en el CCCT. Para entonces, tenía apenas 20 años y una carrera que florecía gracias a un disco que llevaba su nombre como título y que vendió más de 60 mil copias en México.

Una aventura que en su vida de agenda llena se traduce en un simple viaje con amigos, la devolvió a Caracas de nuevo en un diciembre, esta vez del año pasado. “Los muchachos de Los Amigos Invisibles me invitaron a pasarme unos días. Me lancé sin pensarlo y terminé cantándole al público de sus conciertos”, cuenta. Ese encuentro improvisado con un público que la adoró, en el que solo fue ella, su guitarra y las versiones que arregló del cancionero popular de Agustín Lara para su disco Mujer Divina, bastó para hacerle entender que presentarse en Venezuela era imperativo.

Música popular
Ya Lafourcade había probado que era posible poner en los labios de su público joven canciones populares mexicanas y boleros de tradición con la versión de “Piel Canela” que cantó en homenaje a Tin Tan. Pero conocer a Alondra de la Parra, una joven mexicana directora de la Orquesta Filarmónica de las Américas y Embajadora Cultural del Turismo en México, significó un escalón más hacia su búsqueda de imprimir raíces en la música pop contemporánea.

“Conocerla fue un parte aguas en mi vida. Verla trabajar, colaborar a propósito del concierto del Bicentenario de la Independencia de nuestro país fue una experiencia que me selló. Gracias a ella comencé este proyecto de Agustín Lara”, explica, todavía exaltada al recrear en su mente lo que fue aquella noche.

Si su trabajo musical previo la acercaba más a cantautoras del indie y folk anglosajón, como Feist y St. Vincent, Mujer Divina quebró esa asociación. “La música de Agustín me ha hecho, más que nunca, querer cantar con el alma y las entrañas.

Es muy difícil cantar esa música sin conectarte. Es un ritual y hay que tomar consciencia del momento: ponerle color, imagen, rasgar. Eso era algo que yo necesitaba aprender”, dice quien elaboró el disco a partir de un repertorio de colaboraciones con artistas como Kevin Johansen, Jorge Drexler, Vicentico, Gilberto Gil y Miguel Bosé, quienes interpretaron clásicos del Flaco de Oro, como “Aventurera”, “Farolito”, y “María Bonita”.

Trovadora y activista
El 27 de junio de 2012 pudo verse en el reality show Mi mundo privado cómo se desesperaba porque se publicara un video que había grabado previamente con varios músicos mexicanos: “¡Libérenlo ya!”, decía por teléfono con exaspero y emoción al mismo tiempo. Este video no era solo eso, era una proclama musical, llamada “Un derecho de nacimiento”, que respaldaba al movimiento Yo soy 132, impulsado por los estudiantes de universidades públicas y privadas de México que protestaban por una elección presidencial justa y exigían el debate entre los candidatos.

“El movimiento ya se debilitó, pero la canción quedó. La compuse a partir de comentarios que me enviaban por Twitter, del hastío, las quejas y los sueños que todos compartimos. Quería que fuera una canción de protesta, pero con mucho amor y esperanza”, dice con la pretensión de contribuir a minimizar el discurso violento que afecta a su país. “Antes había permanecido al margen de la política, también por ser joven. Pero de unos años para acá entendí que cuando uno compone y se para en el escenario, tiene una responsabilidad. Hay mucha gente que atiende a lo que tú dices”, dice la menuda, pero grande, Natalia Lafourcade, que no necesita de las rancheras para exaltar y respetar con su obra, el vasto registro histórico musical de México.

Recuadro 1: La cantante convoca a diversos artistas, dependiendo de la ciudad donde se presente, como invitados en sus conciertos y ya ha preparado varias sorpresas para Venezuela.

Lafourcade en Caracas
Natalia Lafourcade se presentará en el Centro Cultural BOD Corp Banca los días 13 y 14 de junio. Las entradas están a la venta en la taquilla y en Ticketmundo.com.

Un desamor en TV
Una figura que parece hada, ángel guardián y árbol del que salen muchas ramas, ilustra el espacio entre los omóplatos de Natalia Lafourcade. “Me hice este tatuaje luego de terminar con un novio al que quería muchísimo, para sanar”, cuenta sin ningún pudor, pues, por mera casualidad, el mal rato quedó filmado en el reality show que protagonizó para Cosmo TV.

“Captó un momento muy difícil para mí, pero ya estaba comprometida con el proyecto. Fue bonito porque así se ve que también he sufrido por amor”, cuenta entre risas y las alarga al confesar que en más de un concierto rompió a llorar.