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Entre la desmemoria y la urgencia de triunfar

Entre la desmemoria y la urgencia de triunfar / EME

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¿Cómo encajar aquella idea de simpáticos, atractivos y gentiles que nos creíamos hace unos años con lo que ahora nos encontramos donde quiera que vamos?

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Un tweet del psiquiatra Roberto de Vries me saca de la modorra de mi mañana dominical y hace que me meta en el link que anuncia que voy a encontrar pistas que me ayudarán a entender la curiosa amalgama de contradicciones que exponemos una parte considerable de la población venezolana. 

¿Cómo encajar aquella idea de simpáticos, atractivos y gentiles que nos creíamos hace unos años con lo que ahora nos encontramos donde quiera que vamos? Porque esos atributos positivos fueron desplazados por otros diferentes. La jovialidad, por las caras hoscas y los modales agresivos. El atractivo físico, por el sobrepeso acumulado en la cintura embojotado en ropa ceñida que amenaza con estallar. La solidaridad, con la falta de empatía y el irrespeto a los demás. Y la gentileza, por el talante prepotente.

De Vries nos dice que hubo un cambio de parámetros que se evidenció en la última muestra psicológica e ideológica que evaluó la percepción del venezolano en 2013 y que forma parte de una importante investigación que ha venido haciendo su equipo cada seis meses durante los últimos 30 años.

Los resultados llevan a pensar que sustituimos la simpatía, el atractivo y la capacidad de liderazgo, por la adaptabilidad, inteligencia e iniciativa, que son cualidades positivas que dan un perfil proactivo y emprendedor. Pero esas cualidades están acompañadas por aspectos negativos que mostramos, como la falta de memoria que nos hace olvidar las lecciones importantes, tanto de lo bueno como de lo malo, lo que nos impide aprender de la experiencia; la baja perseverancia, que nos impide concluir lo que empezamos y por eso no obtenemos resultados; y la poca tolerancia para aceptar las diferencias que tenemos con los demás.

“Eso habla de una persona que lucha entre dos realidades: queremos desarrollarnos, pero usamos las cualidades positivas para satisfacer necesidades personales sin considerar el bien colectivo. Al mezclar los aspectos surge un venezolano que podría calificarse como egoísta y egocéntrico, pendiente de buscar sus logros sin ser solidario e inmerso en una situación de urgencia por triunfar”, señala De Vries.

Agrega que el factor sociopolítico que hemos vivido en los últimos años ha incidido en ese modelaje de la psicología del grupo de los adultos jóvenes que están entre los 20 y 30 años. Y propone como vía de solución la de buscar un liderazgo independiente, que sin ser represivo ponga límites, que muestre sus propios éxitos apegados a valores éticos ejemplares, que establezca unas reglas de juego claras con las que los jóvenes tengan la oportunidad de canalizar el potencial de su energía emprendedora –manejada hasta ahora en forma desordenada y egocéntrica- para ponerla en beneficio de su desarrollo personal y también en función del desarrollo socioeconómico del país.

Estos resultados nos ayudan a entender lo que vemos alrededor y nos obligan a revisarnos. Necesitamos preguntarnos cuáles de esas características positivas y negativas tenemos para saber qué fortalecer y qué erradicar.

Por el bien de todos, perseveremos hasta alcanzar el éxito.