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Se busca guardería

Se busca guardería / Ilustraciones Vanessa Balleza

Se busca guardería / Ilustraciones Vanessa Balleza

Comenzar en un maternal puede ser complicado tanto para madre como para hijo: desde seleccionar el adecuado hasta decir adiós en la puerta. Aquí varias madres cuentan sus experiencias mientras entendidos ofrecen consejos

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Recuerdo claramente que me escondí en una esquina, atrás de una matita, a esperar a que dejara de llorar. Mi hija Alana tenía 13 meses y era su primer día de maternal. Aunque estaba segura de mi decisión y necesitaba empezar a trabajar, al escuchar sus llantos, las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejilla: la había dejado sola.

La guardería marca el comienzo de la separación entre mamá y bebé. Hasta ese momento eran prácticamente uno solo y no es de extrañar que se viva como una especie de duelo. “Ellas (las mamás) sienten que los abandonan. Los primeros días me llaman llorando cinco veces al día; yo les digo que tengan paciencia que es un proceso de adaptación de al menos quince días”, explica Yolimar Melo, directora del centro de educación inicial El pequeño Einstein en Caracas.

Jenniffer López, docente de 36 años y madre de dos, lloró por una semana cuando dejó a su bebé de siete meses en la guardería para volver a su trabajo. “Yo quería un lugar donde la amaran y le dieran atención de bebé. Mi angustia era que la dejaran todo el día en el corral llorando”, dice. Visitó más de ocho y al final se decidió por uno donde atendían un máximo de cuatro bebés en el nivel donde estaría su pequeña.

Así como mi angustia desapareció cuando recogí ese primer día a Alana y la encontré sonreída, la de Jenniffer se disipó al ver que pasaban las semanas y su hija seguía siendo la bebé feliz y bien cuidada de siempre. Lo mismo sucede con el sentimiento de “mala madre”: desaparece o al menos se acalla cuando entendemos que el niño está bien.

En busca de la ideal
Con las guarderías pasa como con los coches para bebé: no hay el que lo tenga todo. El que tiene techito, es muy aparatoso, el que es liviano no se echa para atrás y el que lo tiene “casi” todo, es impagable. Así es con los maternales –y a decir verdad, con todo en la vida–, lo perfecto no existe, lo que hay son opciones que se adaptan más o menos a nuestras necesidades.

La psicóloga infanto-juvenil Carla De Santis explica que para que la decisión sea más fácil es indispensable entender qué función tiene la Educación Inicial. “Hay papás que lo que quieren es que le enseñen inglés, prelectura, preescritura. Pero lo que más se necesita desarrollar en esa etapa es el área afectiva”. Asimismo, De Santis señala que cuando es posible escoger, la edad sugerida para que los niños asistan a uno de estos centros es a partir de los dos años. “Antes de los tres años no existe una necesidad académica”.

Jannildana Rojas, abogada de 28 años, emprendió la búsqueda, cuando su pequeña tenía solo meses, con una lista de tres prioridades: higiene del lugar, calidad humana de las maestras y seguridad. “De la primera que visité salieron, con la persona que me recibió, dos perros. Cuando entré, vi que estaban los corrales y los niños al lado de los perros sueltos. No había un espacio para cada cosa. El nivel de suciedad era tal que no terminé de pasar. Salí llorando”.

La experiencia fue tan traumática que decidió contratar una niñera y dejar la guardería para más adelante. En su opinión, a la selección se le suma otra dificultad: los cupos. “Es más fácil inscribirlo en la universidad. Además, una buena guardería te facilita cupo en un buen colegio”.

Consejos expertos
Carla De Santis ofrece consejos para cuando se anda en la búsqueda de guarderías:
1. Tomar en cuenta la logística familiar. Preguntarse cuánto tiempo pasará el niño en el lugar y si es más conveniente que esté cerca de la casa o del trabajo.
2. Indagar sobre la experiencia del centro. Averiguar cuánto tiempo tiene abierto, cómo es la rotación y qué experiencia tiene el personal.
3. Pedir referencias. Preguntar a otros papás, educadores o psicólogos qué opinión tienen del lugar.
4. Considerar el número de niños por salón. Mientras menos sean más fácil será el cuidado y proceso de aprendizaje.
5. Investigar qué métodos utilizan para comunicarse con los padres. ¿Una libreta que va y viene, correos, circulares, llamadas telefónicas?
6. Asegurarse de que el proceso de adaptación va en sintonía con nuestra forma de crianza. Algunos maternales instan a los papás a que asistan por determinado tiempo durante la primera semana para que el niño se sienta a gusto, otros son más rígidos.
7. Sopesar el precio. ¿Es un gasto que se puede hacer mensualmente sin sacrificar otros compromisos?
8. Conversar con el pequeño. Una vez que se haya seleccionado la guardería hay que explicar al niño (sin importar la edad) que asistirá a un lugar donde jugará y hará nuevos amigos y que después de un rato mamá lo irá a buscar.
9. Mostrarse serena. Los bebés y niños pequeños sienten lo que la mamá siente. La angustia y la ansiedad se transmiten, por eso es indispensable mantener en todo momento la calma.

Mamá que se duerme… se queda sin cupo
Conseguir plaza en una guardería o maternal es tan o más difícil que conseguir lugar en un colegio. La razón es sencilla para Carla De Santis: “hay un problema entre el volumen de niños y el número de cupos. No hay suficientes en ningún lugar”.

Gisela García-Gill, directora del Centro de Educación Inicial Preescolar Eduplin, con una alta demanda en Caracas, coincide e invita a las madres a comenzar la búsqueda temprano. “Debes llamar a cada uno a principios del año escolar para que te indiquen cuándo comienza su proceso y anotar toda la información en una libreta”. Otra idea es pedirles a mamás que tengan a sus hijos allí una recomendación ante el personal del centro.

Lista de indispensables
Los materiales requeridos para la guardería o maternal variarán, pero estos son algunos de los más comunes:
1. Pañales. Suelen pedir al menos un paquete al mes, dependiendo de cuánto tiempo pase el pequeño allí.
2. Toallitas húmedas. Entre uno y dos paquetes al mes y papel absorbente.
3. Crema para pañalitis. Un tubito que se repondrá más adelante.
4. Teteros y fórmula. Se pide leche materna extraída en el caso de que el bebé siga siendo amamantado.
5. Cepillo y pasta de dientes. Se reponen cada cierto tiempo.
6. Lonchera. Algunos lugares ofrecen almuerzos, otros piden que se les lleve desde su casa.
7. Muda de ropa completa. Con body, ropa interior (si controla los esfínteres), conjunto, suéter, medias y zapatos.
8. Cepillo para el cabello.
9. Caja transparente de plástico. Allí guardan todas las pertenencias del bebé.
10. Uniforme. No aplica a bebés de meses, pero cuando tienen más de un año algunos centros exigen mono o jean azul marino con franela con las siglas o insignia del plantel y un delantal.

FUENTE:
Carla De Santis, psicóloga infanto-juvenil. carladesantis@gmail.com.