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Lo mejor de la pasarela semestral del Instituto Brivil es que la sorpresa es el factor fundamental / Oscar Colina

Lo mejor de la pasarela semestral del Instituto Brivil es que la sorpresa es el factor fundamental / Oscar Colina

Los nóveles diseñadores del Instituto Brivil crearon colecciones inspiradas en monumentos arquitectónicos emblemáticos del mundo, pero más que una asignación, sus propuestas simbolizan promesas para el futuro de la moda local

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Lo mejor de la pasarela semestral del Instituto Brivil es que la sorpresa es el factor fundamental para complacer a quienes asisten. Un cuento, una película o un edificio pueden ser objeto de inspiración para estos jóvenes diseñadores que asumen el reto de ser inolvidables en este, su primer desfile ante los medios y expertos.

En esta oportunidad, nos metimos en el fondo del backstage con ansias de encontrar el corazón donde late la pasión para crear hecho un caos. Esperábamos ver correr a los modelos y a los diseñadores nerviosos haciendo cambios de última hora, pero no… Encontramos tanto la frialdad del que está seguro de lo que hace, como el entusiasmo fresco de quién empieza un nuevo empleo.

Allí conversamos con diseñadores y profesores, los responsables del show que para esta edición presentó 30 propuestas inspiradas en monumentos arquitectónicos emblemáticos del mundo.

El método

El encargado de elegir el tema en este desfile fue el profesor y diseñador Abdón Ortiz, quien asegura que aunque el panorama para estos graduandos no es tan luminoso por la realidad-país, nunca se debe perder la esperanza. “Ellos deben abrirse campo haciendo cosas pequeñas, trabajando y forjando su experiencia. La creatividad te da el empuje para desarrollarte. Esto es un oficio, quiere decir que el objetivo único no es hacer vestidos de gala. Puedes hacer carteras, trabajar en tiendas para conocer de marketing o coser piezas sueltas, siempre bajo la premisa de la calidad y la autocrítica”.

El proyecto final comenzó con la escogencia, por parte de Ortiz, de 300 monumentos con características marcadas y conceptos variados que incluían estilos clásicos y arquitectura moderna. Luego, cada alumno escogió su concepto y generó ideas que se depuraban en 40 bocetos por categoría –traje coctel, caballero y fantasía– para, finalmente, escoger cinco. Un jurado conformado por profesores del instituto, eligió el diseño final para cada propuesta y allí comenzó el trabajo de confección con la profesora Melitza Gómez, quien revela que las dificultades enriquecen la inventiva. “Estamos aprovechando las carencias e incentivamos el compromiso, los valores y la disciplina, que son los ingredientes necesarios para alcanzar el éxito en cualquier carrera”.

El logro

Los nuevos diseñadores no conocen a sus modelos hasta que les hacen la primera prueba de vestuario, pero si de algo saben estos muchachos es de improvisación, por lo cual deben esforzarse para plasmar en la realidad ideas novedosas en tiempo récord: solo transcurren cuatro meses desde el momento en que escogen su concepto, hasta el día del desfile.

Finalmente, ellos presentan en el instituto su proyecto y luego realizan este desfile ante familiares, amigos, interesados en el mercado de la moda y, por si fuera poca cosa, ante medios de comunicación. Esta es la primera vez que sus nombres trascienden los salones y talleres de clases.

Los dedales

En cada acto de grado, un jurado conformado por fotógrafos, diseñadores reconocidos y periodistas otorga reconocimientos a las colecciones más destacadas. Estos son nombres que hay que recordar:

Dedal de Oro: Andrea Rojas. Colección “Teatro y centro de diseño, Melbourne”.

Dedal de plata: Oskarín Rangel. Colección “Templo del loto, Nueva Delhi” y Laura Stolk. Colección “Domo de la roca, Jerusalén”.

Fantasía: Nubraska Aguiar. Colección “Pabellón Morisco, Lima” y Francelia Blanco. Colección “Copan, Sao Paulo”.

Mención especial Traje de caballero: Andrea Rojas y Oskarín Rangel.