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El Taj Mahal: Una promesa de amor eterno

El Taj Mahal fue declarado en 1983 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco / Katiuska Hernández

El Taj Mahal fue declarado en 1983 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco / Katiuska Hernández

El increíble monumento fue declarado en 1983 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y forma parte de la lista de las siete maravillas del mundo moderno

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Unas 20 horas de viaje tomó llegar a Delhi, India, desde Caracas. En el aeropuerto internacional Indira Gandhi las grandes manos de Buda que adornan la sala del control migratorio. Afuera, el clima era similar al de Venezuela.

“Estamos como en verano”, dijo el anfitrión del Ministerio del Exterior.
La aventura comenzaba. Un rápido recorrido por Delhi inauguró el viaje. Lo primero que impacta es el corneteo de los carros, pero poco a poco el oído se acostumbra. Las motos y los tuk tuk –triciclos motorizados– se abren paso entre las colas de vehículos y se mezclan con vacas, camellos y elefantes. El olor a especies y esencias es característico. En este país se despiertan los sentidos.

Las joyas de Delhi
Una de las principales atracciones de la metrópoli es el complejo Qutb, la primera ciudad islámica de Delhi, cuya construcción inició en 1193. El conjunto alberga edificios, algunas mezquitas en ruinas y monumentos antiguos. Destaca el Qutab Minar, el minarete más alto del mundo, el cual fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La tumba de Humayun, segundo emperador del imperio Mogol, también es toda una experiencia. Combina la belleza de los jardines y fuentes con el mausoleo, considerado el precursor del Taj Mahal. El edificio es de color rojizo anaranjado, con mármol blanco y negro.

Otra parada obligada es el Templo del Loto, llamado así por la forma de su cúpula. Fue concebido como un lugar al que puede acudir cualquier persona, sin importar su religión, para orar o meditar.

La vieja Delhi también reclama atención. En ella encontrarás al mercado Chandni Chowk, un caos fascinante. No hay aceras. La muchedumbre se abre paso entre bicicletas, carretillas, motos, carros y vendedores informales. Hay de todo: vendedores de repuestos, talleres improvisados, tarantines de artículos de limpieza y cuidado personal, venta de comida, comercios de ropa, textiles y calzado.

Al fin, el Taj Mahal
Salimos temprano rumbo a Agra, en el estado de Uttar Pradesh al norte de India. Agra fue capital del imperio Mogol y está a 2 horas en autobús de Nueva Delhi. El camino está lleno de paisajes agrícolas en los que predomina la siembra de trigo.

Agra no tiene la pinta de una gran ciudad; es más bien un pueblo. Pero resaltan las edificaciones nuevas, entre ellas grandes hoteles cinco estrellas. Antes de llegar al Taj Mahal hay varias casas de festejo especializadas en la celebración de bodas, pues Agra es el asiento de uno de los más grandes símbolos del amor: el Taj Mahal, “un poema de amor hecho mármol”.

Al palacio le antecede un enorme patio de 300 metros de ancho, con varias fuentes y jardines alrededor. Los cuatro minaretes que conforman la cuadrícula del mausoleo parecen levantarse casi perfectos a la vista de todos.
Los turistas juegan a fotografiar el momento en que “agarran” con los dedos el pináculo de la cúpula. Otros quieren tener al mausoleo en la palma de la mano y hay quienes meditan, hacen yoga o simplemente contemplan el monumento en silencio desde el jardín.

La peregrinación al Taj Mahal es masiva. Algunos hombres ataviados con ropa típica y unas mujeres con coloridos saris, sin proponérselo, forman parte del paisaje y del cuento de amor que se recuerda en el lugar.
El mármol resplandece a medida que uno se acerca. La decoración exterior se combina entre flores, mosaicos, figuras geométricas, caligrafía y versos del Corán.

Para ingresar, hay que dejar el calzado en sitios dispuestos antes de los escalones del edificio central y en su interior no dejan tomar fotos. El ambiente es solemne, pues allí reposa la princesa persa Mumtaz Mahal, en cuyo honor se levantó el mausoleo, y el quinto emperador mogol, Shah Jahan, quien ordenó en 1631 su construcción como un símbolo de amor eterno para su princesa.

El edificio se culminó en 22 años y, según la guía turística Lonely Planet, costó 60 millones de dólares, a los precios de hoy día.

La princesa le hizo prometer al emperador que la visitaría cada año para el aniversario de su fallecimiento, juramento que no pudo cumplir porque fue confinado hasta su muerte en el gran Fuerte Rojo de Agra, a pocos kilómetros del Taj Mahal. Shah Jahan fue apresado por orden de uno de sus hijos, quien lo acusó de haber malgastado toda su fortuna en el mausoleo. Cuenta la leyenda que el emperador pasó cada noche de sus ocho años de prisión viendo al Taj Mahal a través de una ventana.

Nupcias en la India
Al culminar el día, unos tambores comenzaron a sonar desde el hotel Jaypee Palace de Agra y algunos turistas nos atrevimos a acercarnos. Una boda estaba a punto de ocurrir y, gracias a la amabilidad de la familia del novio, compartimos un rato del festín.

Acostumbrados al ritual nupcial occidental, buscamos a la novia, pero la fiesta tenía etapas: este banquete era uno de los ritos prenupciales entre las familias. Se honraba con una banda con trompetas y tambores al novio, quien iba a caballo, rodeado de comparsas de baile y fuegos artificiales.

Al llegar al jardín, él subió a un escenario y luego entró la novia vestida con un sari rojo adornado de piedras y joyas, escoltada por su padre, su hermana y un cortejo de damas con saris y plumas de pavo real. Hombres vestidos de mujer cargaban grandes candelabros.

La pareja se encontró en el escenario e intercambiaron collares de flores. Un espectáculo tipo Bollywood dio inicio con bailes y luces. Pero la celebración no termina allí. Las bodas, con todo su conjunto de ritos, pueden durar entre 3 y 10 días.

Según los estudios, 60% de los matrimonios en India son concertados. Los domingos en la prensa local hay un cuerpo de clasificados destinado exclusivamente a buscar parejas. Familias ofrecen a distinguidos caballeros con estudios y buena dote para casamiento y hay quienes escriben desde Inglaterra y Estados Unidos para buscar una buena familia y casta para casar a sus hijos.

Brújula viajera
• La mejor época para visitar India es de noviembre a febrero porque el clima es más fresco. Entre junio y septiembre las temperaturas pueden superar los 35º C y predominan las lluvias.
• Las aerolíneas ofrecen rutas desde Caracas hasta Frankfurt o París con conexiones a Nueva Delhi.
• Es necesario tener visa para viajar a la India. Los requisitos y diligencias están especificados en el sitio www.embindia.org.
• La mayoría de los restaurantes en las zonas turísticas preparan menús de comida sin picante por la afluencia de comensales que no están familiarizados con la sazón local. También se consiguen franquicias de comida rápida, pero con el sabor típico de la India. Es recomendable tomar agua mineral en botellas bien selladas.
• Lleva analgésicos, medicamentos para el malestar estomacal y protector solar. Debes vacunarte contra la fiebre amarilla.