• Caracas (Venezuela)

EME

Al instante

Súper mujeres, posibles pacientes

Las súper mujeres están acostumbradas a luchar

Las súper mujeres están acostumbradas a luchar

¿Qué puesto ocupas en tu lista de prioridades? Eres madre, esposa, trabajadora, ama de casa y mucho más. Pero, ¿cuándo te ocupas de ti misma? Aprende a cuidarte... no esperes a que el cuerpo te pase factura

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Ella se levanta a las cinco de la mañana. Lava sus dientes, refresca su rostro y ata su cabello para de darse un baño del cuello para abajo. Se dirige a la cocina. En minutos, el olor a café recién colado y a arepas en proceso de cocción inunda la casa.

Deja la cocina a su suerte cargando una taza de café. Primera parada: su habitación. Luego del besito mañanero, su pareja se levanta y toma el guayoyo. Segunda parada: el cuarto del hijo. Ella le habla bajito, lo sarandea un poco, le quita las cobijas, lo medio levanta y comienza a vestirlo con su diminuto uniforme de camisa roja.

Ya las arepas requieren atención. Alista la mesa y vocifera “¡a comer!” por primera vez esa mañana. Recorre el camino de vuelta a su cuarto, arreglando pequeños desórdenes. Reitera: “el desayuno está listo” al poner un pie en su habitación y comienza a vestirse. Rápidamente, logra meterse en su impecable atuendo de oficina y subir unos cuantos centímetros gracias a sus tacones.

Tras arreglar las camas, vuelve triunfante al comedor, toma un café y apura a todos. Arrastra a su somnoliento hijo fuera de la casa a las seis y se despide de su pareja, quien aún no se acostumbra a la infalibilidad de ese relojito femenino.

El niño llega puntualísimo y ella se apresura a cruzar la ciudad para llegar a su oficina. Cuando lo logra, no hay necesidad de decir buenos días: a diez minutos para las ocho ninguno de sus compañeros está ni cerca de allí. Así, comienza su jornada laboral que la tendrá pegada a su puesto hasta las siete de la noche, mínimo.

Al terminar, regresa a su hogar. Se asegura de que su pequeño haya hecho sus tareas, limpia, cocina, guarda, plancha, atiende una situación familiar, prepara todo para el día siguiente y adelanta otra cosita del trabajo. Luego, va a dormir casi a regañadientes… en la madrugada.

Agrega o quita elementos de la vida de esta mujer. Luego de los ajustes, obtendrás la rutina de un alto porcentaje de las mujeres que conoces -y hasta la tuya propia-. Las “súper mujeres” están en todos lados, velando por el bienestar de todo y de todos, pero no del suyo. Se ha demostrado que este patrón de comportamiento y el estrés que trae consigo las convierte en presa fácil de enfermedades. Algunas tan graves que ponen en peligro sus vidas.

Cumple contigo
“Esto puede sonar horrible, pero pienso que lo que he vivido ha sido una bendición”, dice con su voz dulce y serena. Sobre su pecho cuelga la Virgen Milagrosa como marcando territorio sobre la parte del cuerpo que ha inspirado el mensaje que pregona esta mujer. El cáncer de mama atacó a Susana Rojas y le cambió el mundo.

Antes de enterarse de su diagnóstico, esta mujer de 37 años era una heroína de la cotidianidad. Sus malabares con la maternidad, el matrimonio, la familia y el trabajo siempre fueron exitosos: sus bastones nunca tocaban el suelo e ignoraba las salvadas forzadas que tuviera que hacer. “Yo pensaba que mi misión en la vida era cumplir. Cumplir con mi trabajo, mi hija, mi esposo y mi familia. Mi orientación al logro estaba por encima de cualquier cosa”, recuerda.

Las obligaciones de Susana reemplazaron muchos almuerzos y le robaron miles de horas de sueño. Confiesa que era adicta al trabajo y se definía como la columna vertebral de su hogar. Tomaba responsabilidad por todo con estoicismo y resolvía cualquier tipo de entuertos. Ella era la fuerte. Entonces, llegó el cáncer.

Varios estudios han demostrado que un estilo de vida como el de Susana es un caldo de cultivo para el desarrollo de enfermedades, entre ellas el cáncer. Los investigadores británicos Wayner, Cox y Mackay afirman en su libro Stress, Inmunity and Cancer que “el estrés puede influir sobre la iniciación del cáncer aumentando la exposición del sujeto a un carcinógeno, interactuando con los efectos de un carcinógeno o permitiendo la expresión de un potencial genético latente a través de un cambio en el sistema hormonal”.

“Entender que de alguna manera yo contribuí con la aparición de mi enfermedad fue muy duro. Esto no es algo que uno se busca ni la relación estrés-cáncer es directa, pero hay que estar conciente de los riesgos a los que uno se expone por presionarse de esa forma”, señala Susana.

La psicooncóloga Gissell Luna enfatiza que el peligro no es el estrés per se. “Todos estamos expuestos a presiones: los problemas económicos, familiares y laborales no faltan en la vida de nadie, la diferencia está en cómo vivimos los eventos estresantes. Esa reacción, positiva o negativa, es la que tiene incidencia sobre la salud y cada quien tiene control sobre ella”.

Este conocimiento empoderó a Susana Rojas. “Gracias a todo este trance comprendí que yo tengo que ser protagonista de mi vida. Antes era totalmente inflexible conmigo misma. Hoy me quiero más y logré crear un balance entre todos mis roles. Ojalá lo hubiera aprendido sin necesidad de pasar por un cáncer, pero sigue siendo una bendición: soy más feliz”.

Súper pacientes
Las súper mujeres están acostumbradas a luchar y las que sufren cáncer de mama no son la excepción. “Este tipo de mujeres toman a la enfermedad como un reto: se informan, se organizan y hacen todo lo necesario para darle una buena pelea al cáncer”, afirma Gissell Luna. Para la psicooncóloga, los momentos más vulnerables de este tipo de pacientes se dan cuando reinciden en la enfermedad a pesar de sus esfuerzos, “del resto son pacientes excelentes y responsables”.

Sin embargo, la actitud positiva ante el cáncer no es exclusiva de las súper mujeres. Según Luna, 60% de los pacientes que sufren esta enfermedad no requieren atención psicológica. “La mayoría afronta su duelo con naturalidad y decide luchar junto a sus familiares. Los momentos de depresión son normales, pero siempre imperan las ganas de vivir”.

“Una de las cosas más duras es que de la noche a la mañana quedas a merced de otros. No me podía mover y pasé de tener el control de todo a ser la niña a la que hay que cuidar”, recuerda Susana. El proceso la obligó a manejar y exteriorizar sus emociones de otra manera. Dice haberse vuelto más sensible: “tuve que volver a aprender a llorar y a mostrar mis sentimientos sin pena ni culpa. Tener miedo a morir, llorar y sufrir es normal. Eso al final te ayuda a recuperar fuerza y entusiasmo”.

Entonces, súper mujeres, sean fuertes, sean excelentes, supérense. Pero nunca sacrifiquen su equilibrio. Dedíquense tiempo, descansen, diviértanse, cuídense, respiren. Eso es tanto o más importante que el resto de las cosas que se imponen hacer para facilitar la vida de todos. Como dice Susana: “uno tiene que ser la figura, no el fondo, de su propia vida”.

El secreto: ser feliz
Susana Rojas fue diagnosticada en enero de este año con un carcinoma ductal infiltrante tipo III en su mama derecha. Se sometió a todos los tratamientos pertinentes: cirugía, quimioterapia, radioterapia y, además, buscó apoyo psicológico en la asociación SenosAyuda. Hoy en día está estable, pero es una paciente de alto riesgo. “Sé que puedo recaer, por eso decidí vivir a plenitud cada segundo que me toque vivir. Si me quedan uno, dos, diez o treinta años, no importa. Me aseguraré de ser feliz en ese tiempo”.

FUENTES:
Susana Rojas Herrádez,
gerente de la unidad de negocios del Grupo Beka.
Gissell Luna,
psicooncóloga.

SEÑAS:
www.understandingrisk.cancer.gov

www.cfnavarra.es

www.clinicalascondes.net