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Persona inconforme

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La inconformidad en su aspecto moderado y positivo es una cualidad que nos incita a buscar los cambios que necesitamos para conseguir lo que deseamos

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Hay personas que no se sienten felices y es difícil que lleguen a estarlo porque nunca están conformes con la realidad que les toca, cuando llueve quieren sol y cuando hay sol se quejan del calor insoportable.

Son personas difíciles de complacer porque se vuelven muy exigentes: a todo le buscan un pero, no se fijan en lo que tienen sino en lo que les hace falta, no aceptan las experiencias como son sino como quieren que sean y por esa razón viven en un estado permanente de expectativas insatisfechas que les produce constantes frustraciones que terminan por afectar su relación con el mundo y con quienes tienen más cerca, porque no resulta nada fácil estar al lado de alguien que siempre está a la espera de algo diferente a lo que recibe.

La inconformidad en su aspecto moderado y positivo es una cualidad que nos incita a buscar los cambios que necesitamos para conseguir lo que deseamos, pero llevada al extremo es una condición limitante que termina por empobrecer la experiencia de vida de quien asume esa actitud hípercrítica y perfeccionista con la que se mide y mide todo lo demás. Si permitimos que la perenne inconformidad se adueñe de nosotras, esa actitud frente a la vida va a operar como un gusano insaciable que nos dejará huecas por dentro y con un vacío difícil de llenar, restándonos el gozo de vivir en forma plena, porque ninguna experiencia que nos llegue, ningún objeto que poseamos, ningún logro que nos propongamos alcanzar ni ninguna persona por muy especial que sea va a lograr adecuarse por completo al nivel de perfección que exigimos.

El opuesto a la inconformidad es el conformismo, que cuando es extremo debemos considerarlo una actitud perjudicial porque produce un estancamiento del que es difícil salir. Nos afecta cuando no encontramos ningún estímulo que nos impulse a resolver aquellas situaciones de nuestra vida que por inadecuadas no nos satisfacen o nos perturban y, sea por desgano o comodidad, optamos por resignarnos a padecer las consecuencias que se derivan de ellas así nos sintamos abusadas e infelices. La paciencia y la humildad vendrían a ser los aspectos benéficos del conformismo, pues son cualidades que nos libran de cometer acciones impetuosas y arrogantes cuando vamos en pos de un objetivo.

En el medio de ambos extremos está la conformidad, que es la actitud moderada que asumimos cuando somos capaces de juzgar la realidad con ecuanimidad. Quedamos conformes cuando podemos reconocer que lo que hacemos o recibimos es bueno, suficiente, justo y adecuado y el balance que hacemos nos permite sentirnos satisfechas, complacidas y contentas.

Aprenderemos mucho de nosotras mismas si observamos qué tan inconformes estamos siendo y en cuáles situaciones lo somos, cómo actuamos o cómo mostramos nuestra inconformidad ante los demás y cómo nos responden, qué ganamos y qué perdemos cuando nos comportamos así.

Al reconocer nuestros patrones de conducta podemos corregir los errores y reforzar los aciertos, lo que es muy provechoso cuando nos proponemos ser felices.