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El lunes amanecemos resueltas a seguir un régimen dietético para perder esos indeseables kilitos de más

El lunes amanecemos resueltas a seguir un régimen dietético para perder esos indeseables kilitos de más

El lunes amanecemos resueltas a seguir un régimen dietético para perder esos indeseables kilitos de más, cumplimos nuestro propósito al pie de la letra con mucho ánimo ese día y nos acostamos felices

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El lunes amanecemos resueltas a seguir un régimen dietético para perder esos indeseables kilitos de más, cumplimos nuestro propósito al pie de la letra con mucho ánimo ese día y nos acostamos felices. El martes comenzamos a flaquear, pero con voluntad resistimos las tentaciones y al acostarnos nos felicitamos por el exitoso empeño. El miércoles queremos comernos aunque sea un pedacito de lo que tanto nos gusta, peleamos con nosotras mismas para no ceder al impulso, pasamos el día obsesionadas con la idea, nos acostamos insatisfechas, exhaustas y malhumoradas. El jueves nos encuentra con la voluntad debilitada, ya no encontramos argumentos convincentes que nos detengan, flaqueamos, sabemos lo que ese desliz significa y nos criticamos por haber cedido una vez más. El viernes aparecen todas las excusas posibles para comer y beber lo que nos provoque. ¿Qué podemos hacer? ¡Son tantas las invitaciones! Nos prometemos que este será el último fin de semana que cederemos a los excesos porque, júrenlo, el próximo lunes comenzamos la dieta.

La dificultad que tenemos para mantenernos firmes con nuestras resoluciones puede deberse a que las que hacemos son tan exigentes e irreales que dejan de ser razonables.

Comencemos por hacer pequeños cambios. Cuando queremos perder peso, en vez de quitarnos todos los alimentos hipercalóricos de un solo golpe, reduzcamos las porciones y la frecuencia con que los comemos. Si se trata de comenzar un plan de ejercicios, podemos hacerlos tres o cuatro veces a la semana en vez de todos los días. Si se queremos dejar de fumar, probemos con disminuir el número de cigarrillos diarios o limitemos el consumo para ocasiones muy específicas hasta que eliminemos el hábito por completo.

No adquirimos todos los malos hábitos de la noche a la mañana, tampoco podemos erradicarlos todos juntos de una sola vez. Necesitamos ser pacientes hasta lograr reemplazar cada uno de ellos por otros hábitos beneficiosos. Comencemos por cambiar el que nos resulte más perjudicial. Una vez que lo consigamos eso nos dará ánimo para continuar con los demás.

Establecida la resolución, es recomendable trazar un plan de acción inmediata que nos impida postergarla. Si es perder peso, hay que comprar alimentos sanos y sacar de la cocina todo lo que nos pueda tentar. Si es ejercitar, podemos inscribirnos en un gimnasio. Si es dejar de fumar, no compremos cigarrillos o llevemos pocos encima.

Estemos pendientes del auto saboteo. Evitemos las tentaciones que nos harían abandonar la resolución. Si se trata de cortar la ingesta de bebidas alcohólicas es contraproducente encontrarnos con las amigas en un bar, podemos proponerles encontrarnos en un café.

Busquemos la compañía de gente que nos brinde soporte. Contar con el apoyo de otras personas que también están persiguiendo nuestro objetivo nos fortalece y nos estimula. Podemos intercambiar con ellas ideas y sugerencias que nos faciliten los cambios que nos hemos propuesto.

Uno a la vez y firmes hasta lograrlo.