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Piecitos, para qué los tengo

La planta del pie es elástica para amortiguar el golpe de la marcha / Ámbar Giraldo

La planta del pie es elástica para amortiguar el golpe de la marcha / Ámbar Giraldo

La mayoría de nosotras conoce los dolores en los pies que suceden al día siguiente de una fiesta

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Llego y me coloco detrás de una mujer altísima y de figura contundente que ya está en la cola que debemos hacer los pasajeros en el aeropuerto para que nos revisen el equipaje de mano antes de pasar por migración. El funcionario de turno repite en forma monótona las instrucciones para que nos quitemos los abrigos, cinturones y zapatos y los coloquemos en la bandeja junto con el teléfono celular, la computadora, en fin, todo lo que pueda sonar.

Cuando llega el turno de la mujer, el funcionario le advierte que debe quitarse, además, los zarcillos, collares, pulseras y anillos. Toma un tiempo para que la mujer se quite con inoportuna parsimonia todos los adornos que lleva encima. Mientras la mira, el funcionario asoma una contenida sonrisa burlona. Los viajeros frecuentes conocen lo engorroso de este proceso y suelen vestir lo más sencillo y necesario.
Cuando por fin la mujer termina de quitarse todos los accesorios le pregunta al funcionario si también tiene que quitarse los zapatos. El hombre le contesta que sí. “¡Qué alivio!”, exclama la mujer, mientras procede a desmontarse de unas enormes plataformas de impresionante tacón que la bajan de la estratósfera.

El pie tiene una estructura anatómica compleja de 26 huesos, 33 articulaciones y más de 100 músculos, ligamentos y tendones que soportan el peso del cuerpo. La planta del pie es elástica para amortiguar el golpe de la marcha, adaptarse a las irregularidades del terreno y brindarnos estabilidad. Al caminar nuestro peso se distribuye en tres direcciones hacia los puntos de apoyo del pie, desde el talón hacia los metatarsos y los dedos.

Este movimiento natural ayuda a mantener el centro de gravedad del cuerpo, que cambia a medida que nos desplazamos.
Un calzado rígido y unos tacones muy altos nos obligan a hacer mayor esfuerzo al caminar y al estar de pie porque afectan la movilidad: todo el peso del cuerpo recae en la parte de adelante del pie y para mantener el equilibrio tenemos que forzar la postura corporal.

La mayoría de nosotras conoce los dolores en los pies que suceden al día siguiente de una fiesta. También nos damos cuenta de que las plataformas exageradas nos ponen a caminar como robots, sin ninguna gracia, y nos obligan a aferrarnos al acompañante como si este fuera un bastón.

No hay duda de que con tacones nos vemos y sentimos más elegantes y no se trata de dejar de usarlos, sino de escoger el calzado apropiado para nuestro tipo de pie y para la ocasión en la que vamos a usarlos. Sobre todo debemos evitar las exageraciones.

Aunque nos digan que para ser bellas tenemos que ver estrellas, las uñas encarnadas, callos, juanetes, tendinitis, fascitis plantar, espolón calcáneo, entre otras patologías del pie maltratado, pueden hacer que en vez de estrellas veamos al diablo.

Unos zapatos incómodos pueden arruinar la mejor ocasión.