• Caracas (Venezuela)

EME

Al instante

Nochebuena en familia

Nochebuena en familia

Nochebuena en familia

La mesa se vestía con el mejor mantel bien planchado, en el centro colocábamos un bello adorno hecho con velas, racimos de uvas naturales y lazos rojos, alrededor del cual estaban los distintos platos típicos navideños

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Estamos a pocos días de celebrar la Nochebuena, la víspera del nacimiento de Jesús, una fecha que es de mucha importancia para la familia cristiana venezolana, tanto por el significado religioso que tiene para nuestra fe, como también por ser una ocasión en la que muchos deseamos reunirnos con nuestros seres queridos para compartir juntos la cena navideña.

Hasta hace unos años las fiestas decembrinas lograban aglutinar en una misma casa a un grupo numeroso y bullanguero formado por la familia nuclear de papá, mamá e hijos, a la que se agregaba la familia extendida de abuelos, tíos, primos, y en las que nunca faltaba la grata presencia de amigos especiales que, de tan cercanos, los considerábamos miembros de la familia.

En mi casa no faltaban el pesebre, el arbolito encendido con luces parpadeantes y aguinaldos, villancicos o gaitas como fondo musical; ni los saltapericos, triqui traquis y luces de bengala para los pequeños, con varios adultos monitoreándolos de cerca. La mesa se vestía con el mejor mantel bien planchado, en el centro colocábamos un bello adorno hecho con velas, racimos de uvas naturales y lazos rojos, alrededor del cual estaban los distintos platos típicos navideños que preparaba cada quién conforme fuera su especialidad.

El pernil y el dulce de lechosa de mamá eran, de tan deliciosos, insuperables. De ella heredé la habilidad para preparar el primero rico, pero no tengo idea de cómo hacer el dulce de lechosa. Esa es competencia de mi hermana mayor, a quien le queda divino.

Luego de cenar abríamos los regalos que cada grupo familiar había llevado para los demás y no faltaba un regalo adicional por si alguien llegaba de sorpresa, lo que aseguraba que todos recibiéramos un presente cuando tocaba el momento de repartirlos, que era cuando la reunión se convertía en una algarabía por la cantidad de niños que participaban y que a esa hora ya estaban impacientes por abrir sus regalos.

La situación y las costumbres han cambiado. Nuestros queridos viejos ya partieron; nuestros niños ahora son adultos, muchos de ellos viven fuera del país y, aunque todos añoran el calor familiar en esta época, no todos pueden venir. Algunos familiares se trasladan hasta donde sus hijos y nietos están, mientras que otros elijen viajar a distintos destinos para escapar del agobio de la cotidianidad nacional. La copiosa repartición de presentes mutó a un intercambio de regalos sorteado entre los familiares que se quedan y acuden a la reunión. La contribución espontánea para la mesa navideña se volvió imperativa y en un acuerdo tácito evitamos hablar de política para no herir susceptibilidades entre los que pensamos distinto y así no quebrantar la armonía del encuentro familiar.

Lo que prevalece en el tiempo tiene un valor enorme: mantenemos el propósito de continuar la tradición de reunirnos en familia para aprovechar la ocasión de compartir y fortalecer los lazos afectivos que nos unen en momentos en que el amor familiar sigue siendo el regalo más preciado entre todos los que podemos recibir.

¡Feliz Navidad para toda la gran familia venezolana!