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Mujeres maduras y sabias

Las mujeres debemos saber apreciar todo lo bueno que ocurre en nuestras vidas

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Un día cualquiera nos miramos al espejo con la costumbre de siempre y ocurre un momento, tan fugaz y poderoso como el estallido de un rayo, en el que no nos reconocemos. La sorpresa hace que nos miremos de nuevo, esta vez con más detenimiento y no menos extrañeza.

Aunque nos tomará un poco más de tiempo elaborar lo que sentimos, en ese instante de conexión sutil tenemos la certeza de que hemos cambiado así sigamos sintiéndonos las mismas y aún no hayan signos importantes de alteraciones en nuestra apariencia física.

Ese primer contacto con la etapa de la madurez y lo que sigue, dependerá de la actitud con la que elijamos abordar el tiempo que nos queda por delante. El arquetipo de la Triple Diosa –doncella, madre y anciana– se manifiesta en la tercera fase de nuestra vida en la figura de la mujer sabia. Contiene toda la sapiencia que hemos acumulado a lo largo de múltiples experiencias en las distintas etapas vividas, que sabe de alegrías y duelos, de desafíos enfrentados y acuerdos convenidos, de apegos y despilfarros, aceptaciones y renuncias. Este arquetipo no se nos manifiesta por el solo hecho de envejecer ni lo desarrollamos de un día para otro.

La analista Jean Shinoda Bolen, en su libro Crones Don’t Whine, traducido al español como Las brujas no se quejan, cuya lectura recomiendo a quienes les interese profundizar sobre el tema, afirma que la mujer sabia cultiva a conciencia las cualidades intangibles de su alma para convertirse en una mujer que se encuentra a gusto en su propia piel y en su relación con el resto del mundo.

Describe 13 cualidades que necesitamos atender desde el mismo momento que asumimos nuestra feminidad si queremos llegar a ser mujeres maduras, sabias y plenas: evitar quejarnos de todo y por todo; ser nosotras mismas y mantener la pasión por lo que hacemos; descubrir y mantener aficiones propias, confiar en nuestros instintos y seguir nuestra intuición; encontrar nuestra propia manera de meditar, defender con firmeza las convicciones personales; atender la voz del corazón cuando hagamos nuestras elecciones; decir la verdad sin herir a quien va dirigida; escuchar al cuerpo, explorar nuevas formas de hacer las cosas; reconocer la propia valía y no implorar la aprobación de los demás; aprender a reírnos de nosotras y con los demás; apreciar todo lo bueno que ocurre en nuestras vidas.

El enunciado que hago de las trece cualidades desarrolladas por la mujer madura y sabia es tan solo un abreboca para que se animen a leer el libro completo. Una consecuente lectora me envió la versión digital en español, quien desee obtenerla me escribe y con gusto la comparto. Estoy segura de que el contenido va a cambiarles la visión deprimente que probablemente tienen sobre la tercera etapa de la vida y les ampliará con creces el horizonte personal de los años por venir.

Por cierto, hay hombres excepcionales que por idénticas razones y cualidades pueden llegar a ser maduros, sabios y plenos. Les pongo el libro a la orden.