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Batsheva Zimerman: Tenemos que darle luz al mundo

Batsheva Zimerman es una mujer sencilla y apacible / Mauricio Villahermosa

Batsheva Zimerman es una mujer sencilla y apacible / Mauricio Villahermosa

La maestra de Kabbalah a la cabeza de los centros de Venezuela, Colombia y Perú nos cuenta cómo esta filosofía milenaria cambió su vida y la de millones de personas que la practican

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Su acento delata los kilómetros que ha recorrido durante 17 años por Latinoamérica. Batsheva Zimerman es una mujer sencilla, apacible y de verbo directo con ganas de inspirar al mundo. No en vano es una de las pocas maestras de Kabbalah de habla hispana y el motor para fundar muchos de los centros donde se imparte esta filosofía en América Latina.

Ella tiene fuertes lazos con México, pues no solo es allí donde se crió, sino que en sus tierras encontró la Kabbalah. “Alguien me dijo que había leído el libro Las ruedas del alma y quería que yo le explicara qué era la Kabbalah y El Zóhar. Yo no tenía ni la más remota idea. Contesté que me parecía algo místico. Pero en ese momento mi alma reconoció esas palabras. Me puse a buscar libros y gente que me dijera algo sobre el tema. Había cinco personas en México que estudiaban Kabbalah con un cassette y un video del Rav Berg y así empecé. Al año me fui a Nueva York y me uní al Centro de Kabbalah. Decidí que esa iba a ser la misión de mi vida”.

Hoy en día, Zimerman dirige los centros de Venezuela, Colombia, Perú y Argentina y fundó los de México, Argentina, Chile y Haifa, Israel.

Conectar con el alma
Zimerman no es una iluminada. Afirma ser solo una alumna más. Su maestra es Karen Berg, la directora del Centro de Kabbalah Mundial. “Ella es mi madre espiritual. Todo lo que sé se lo debo a ella y al Rav Berg. ¡Me falta mucho todavía! Precisamente lo que enseña la Kabbalah es que cuando creemos que nuestra sabiduría viene de nosotros comienza el caos. Esa es la raíz del ego. Pero, cuando entendemos que nada es nuestro, que todo es prestado y que tenemos una misión en este universo, lo único que hay que hacer es no interferir con ese trabajo”.

Para Zimerman la conexión con el alma es una de las enseñanazas más valiosas de la Kabbalah. “Al alma no le interesa quiénes somos o qué hacemos. ¡El alma entrega! La meta de los Centros de Kabbalah es transmitir esos conceptos para que finalmente comencemos a hacer las cosas desde el lugar correcto”.

La Luz es el camino
El estudio de la Kabbalah tiene cerca de 4.000 años y son muchos los mitos que giran a su alrededor. Las relaciones con esoterismo, Tarot y brujería son solo algunos, pero Zimerman explica que estas prácticas nada tienen que ver con lo que se enseña en los centros. “Mucha gente entiende la Kabbalah como algo místico o esotérico. Hay personas que la enseñan desde un aspecto religioso y otros desde lo intelectual, pero nada de eso ayuda a transformar nuestra naturaleza receptora en una dadora. Dar suena fácil, pero no lo es y en el Centro de Kabbalah enseñamos eso.

Hay muchos lugares en donde podemos estudiar y seguir corrientes filosóficas y espirituales muy respetables; podemos sentirnos bien y estar en paz. Pero eso no cambia al mundo. En la Kabbalah enseñamos a las personas a lograr esa plenitud por medio del trabajo personal y colectivo de transformarnos en mejores seres humanos”, afirma Zimerman.

Si bien el estudio de la Kabbalah estuvo destinado durante mucho tiempo a ciertos elegidos dentro de la comunidad judía, hoy en día esta filosofía está abierta a todo aquel que desee aprenderla. “Cualquier persona que desee mejorar, entender la vida, saber cómo funciona el universo, cuál es su papel, cómo puede tener una vida y un mundo mejor se puede acercar a la Kabbalah. No hay límites de edad, credo, religión o raza”.

Esta apertura tiene que ver con la manera en que los kabbalistas se aproximan al conocimiento: la erudición no es un requisito indispensable para acceder a la sabiduría. “Creo que mientras menos sepamos más aprendemos porque estamos más abiertos. Todo ser humano es bienvenido especialmente si quiere mejorar”.

Proactivo vs. reactivo
¿Cuántas veces se nos han coleado en el Metro? ¿Cuántas veces las cajeras del banco nos han tratado mal? Estas situaciones a menudo generan una reacción que tal vez conoces: una explosión. Y no una cualquiera. A veces uno explota de forma tal que una acalorada escena de telenovela se queda corta ante el show. “Eso es precisamente lo que queremos cambiar”, dice Zimerman. “No debemos ser así. Puede que la otra persona actúe mal solo porque tiene que ganarse su sustento y no le interesa lo que está pasando. La Kabbalah nos enseña a estar allí por el otro, para atender al otro como quisiéramos que nos atendieran. Ese es el primer paso que debemos dar para cambiar el mundo”.

Zimerman explica que es normal sentir el cuerpo en llamas ante estas situaciones. Sin embargo, debemos combatir la negatividad. “Hay que respirar profundo y saber qué hacer con esa emoción. ¿Voy a dejar que me domine y me lleve a una acción reactiva o decidiré mantenerme tranquila? Háganse la pregunta que plantea el Rav Berg: ‘¿de qué sirve tener razón si terminamos en disputas y odio? Yo prefiero ganar luz a ganar una discusión; yo prefiero ganar amor a tener la razón’”.

Ahora, algunas se preguntarán: “¿entonces vamos a dejar que la gente negativa haga lo que quiera?”. “¡Obviamente, no!”, exlama Zimerman, “pero desde una posición responsable podemos reclamar nuestros derechos de una forma correcta. Podemos ser firmes sin molestarnos. Está muy claro que las personas a veces son negativas, pero también debemos asumir que las situaciones desagradables nos suceden porque en algún momento de la vida también fuimos negativos con otra persona. Entonces, desde ahí, debemos tomar actitudes proactivas. ¡Punto, Luz al mundo!”.

Sin juicios y para todos
No juzgar a nadie es uno de los principios que Zimerman predica con vehemencia. “Si no queremos que nos juzguen, no juzguemos, porque hay un sistema de causa y efecto que influye en absolutamente todo. La Kabbalah está abierta a todos los seres humanos porque tenemos la oportunidad y el derecho de cambiar, de ser mejores. Todos somos imperfectos. Karen Berg siempre dice: ‘quise cambiar al mundo y no pude, cambié yo y el mundo cambió’.

¿Por dónde empezar?
El Centro de Kabbalah fue fundado en 1922 en Jerusalén y hoy en día cuenta con varias sedes en el mundo. El Rav Berg y Karen Berg decidieron hacer esta filosofía accesible a principios de los años 70 y, en los 90, se empezaron abrir escuelas. “Ahora se enseña Kabbalah hasta en las universidades, incluso hemos tenido alumnos que toman algunos cursos y después abren sus propias escuelas”. Pero, según Zimerman, esto no es del todo positivo: “esta sabiduría es muy profunda y compleja. Las personas que nos transmiten el conocimiento lo recibieron de sus maestros y esos maestros de sus maestros, formando una línea de 2.000 años que llega hasta el Rav Shimon Bar Yochai”.

El hilo rojo
Se utiliza en la muñeca izquierda para proteger del mal de ojo. Proviene de un largo hilo que, según la tradición, ha sido enrollado siete veces alrededor de la tumba de Raquel, la “gran matriarca” que está enterrada en el camino entre Jerusalén y Belén. “Lo ideal es que lo coloque una persona que tenga buenas intenciones o un maestro de Kabbalah”, dice Zimerman.

En digital
El Kabbalah Reader es un apliación exclusiva para iOS que  permite consultar algunos títulos que ofrece el Centro de Kabbalah. Allí podrá adquirir algunos libros en formato digital.