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¡Ayuda! Mis hijos me vuelven loca

MARÍA ALEJANDRA ROJO Y MARÍA FERNANDA CORDERO | EFRÉN HERNÁNDEZ

MARÍA ALEJANDRA ROJO Y MARÍA FERNANDA CORDERO | EFRÉN HERNÁNDEZ

Tus niños chillan y patalean cuando quieren algo, no te obedecen y tú sientes que vas a explotar. La desesperación es un sentimiento normal en estos casos y la solución viene al aprender a manejar ciertas situaciones

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Ella camina apresurada por el centro comercial. En una mano lleva la ropa que acaba de retirar de la tintorería y un par de bolsas con la compra del supermercado; en la otra, la manito de Luis, su hijo de 4 años, asida con firmeza. En un hombro, su cartera; en el otro, el morral del pequeño. Va con el tiempo justo para llegar a casa y preparar la cena.

Camina tan rápido como se lo permiten sus tacones, su falda y los pasitos del niño. Pasan frente a una juguetería. “¡Mami, vamos a entrar!”. “Estamos apurados, Luisito, el sábado te traigo”. Entonces el pequeño decide “desmayarse”. Se tiende en el suelo, con los ojos cerrados, chillando. Ella intenta levantarlo, mientras pelea con las bolsas, la cartera, el morral, su falda y sus tacones. Ya no sabe qué más decir, la gente los cuestiona con la mirada y a ella le dan ganas de llorar y salir corriendo.

De alguna manera, la maternidad significa perder el control. Antes, eras dueña de tu tiempo y tus decisiones, pero, al ser madre, tu hijo es la prioridad. Aunque hagas el mejor esfuerzo, crianza y educación no son tareas fáciles: siempre habrá situaciones de desconcierto. Ahora, si agregas a la escena anterior dos o tres niños... la cordura se vuelve cada vez más frágil.

Desde los primeros meses, hay que crearle rutinas al bebé para poner orden en esa especie de caos familiar que trae su llegada y para que comience a desarrollarse de forma integral. Con el paso del tiempo los niños aprenden cuándo es hora de dormir, de comer, del baño, de la siesta, de hacer los deberes y así sucesivamente.

La teoría suena sencilla, pero la vida con niños tiene sus altibajos. Cuando todo parece ir encaminado, el pequeño puede optar por patalear o hasta puede lanzar un manotazo a sus padres. El factor común de estas situaciones es el desborde de ira, sentimiento que responde a una frustración por no poder obtener algo que desea.

“Cada hijo y cada situación requiere de formas distintas de contención. Agarrarlo por los brazos con firmeza –sin hacerle daño–, mirarlo a los ojos y calmarlo, o simplemente cargarlo y contenerlo con un fuerte abrazo. La idea es que el niño sienta el abrazo o la explicación como una especie de ‘represa’ que contiene su rabia. Él debe sentir que sus padres son más fuertes que él y que lo ayudan a lidiar con eso”, explica Dalila Irizarry de Díaz, psicólogo de niños, adolescentes y adultos.

Otra gran dificultad cotidiana que puede desesperar a cualquier madre se da cuando los niños no aceptan el “no”. “Si los padres dicen con convicción ese ‘no’, el niño, tarde o temprano, lo tiene que aceptar. Él insiste cuando el padre duda y es allí cuando se aferra apostando a ganar. Los padres deben tener claro que no se trata de una batalla campal. Estamos hablando de un ‘no’ apropiado, oportuno, donde la sensatez es la pauta”, afirma.

Por supuesto, si las reacciones extremas de los niños se hacen recurrentes, más intensas y no hay cabida para la negociación, lo recomendable es consultar con un especialista que evalúe cuáles son los factores que pueden estar influyendo negativamente. Estos pueden venir del pequeño o de los adultos.

Hay madres –y padres– a quienes les cuesta negar algo a sus hijos y, en consecuencia, viven agobiadas. Para la experta, es vital aprender que “los límites, adecuados y puestos con firmeza amorosa, son imprescindibles en la vida de todo ser humano, son el cauce que nos permite tener un futuro adulto sano”.

Un sentimiento muy frecuente y dañino es la culpa: “Si soy muy dura con mis hijos, no me van a querer”, piensan muchas. Irizarry explica que “los límites implican respeto y responsabilidad por el hijo y lo conducen a crecer. Si las madres entienden esto, no toman como personal que el hijo les diga ‘no te quiero’ o ‘eres mala’. Eso simplemente quiere decir: ‘estoy bravo en este momento’. Disciplinar es enseñar y eso parte del amor”.

 

Palabra de súper niñera

Jo Frost, la popular supernanny de la televisión, dice a los padres que no crean que hay que inventar métodos infalibles para la buena crianza, sino que deben entender lo que es importante para la vida de sus hijos. Hay quienes consideran algo severos los métodos de Frost, sin embargo, en su sitio web Jofrost.com, aclara que sus técnicas no pretenden dejar a los niños llorando sin consuelo, más bien tratan de inculcar qué está bien y qué está mal. “Los niños pequeños necesitan orientación, pero, incluso cuando se les disciplina, deben saber que se les ama”.

 

Lecturas aliadas

Las conductas, actitudes y tensiones de las madres influyen en el comportamiento de los niños. Por ello vale la pena revisarte y resolver los conflictos que puedan estar afectando tu entorno. Grace Saunders, autora de Manual de supervivencia para mamás estupendas, es una periodista que trabaja en el mundo de la moda y, al igual que otras mujeres, sufrió porque no le entraban sus jeans favoritos después del parto, intentó lograr un balance entre su carrera y el cuidado de sus pequeños y se cuestionó más de una decisión. En su libro cuenta sus experiencias con desenfado y humor.

Los libros no solo son buenos para las madres estresadas, también pueden ser una gran herramienta para los niños “rabiosos”. Fernando furioso, escrito por Hiawyn Oram con ilustraciones de Satoshi Kitamura, cuenta la historia de un niño que se molesta tanto porque su madre lo manda a dormir que todo a su paso queda hecho polvo, literalmente. Al final, ni siquiera él mismo recuerda el motivo de su furia. Esta lectura puede cambiar para bien la forma en que los niños afrontan su realidad.

 

Madres relajadas

No solo las necesidades de los niños deben atenderse: las de las madres son igual de importantes. Si te sientes al límite por lo que implica la crianza, tienes que preguntarte qué te está ocurriendo. A veces, el exigirte demasiado confabula en tu contra.

Cosas tan sencillas como tomarte una tarde de sábado para hacer lo que quieras –practicar yoga, ir a la peluquería o quedarte en la cama viendo televisión– puede hacer la diferencia. Al relajarte estás en mejores condiciones para enfrentar el día a día. También se vale negociar con tu pareja o algún familiar para que se encargue de los niños una noche a la semana.

La culpa puede hacer acto de presencia si, por ejemplo, logras escaparte a la playa sin los niños o si sales a divertirte con tus amigas. Es el sentimiento que más interfiere en la crianza y la mejor manera de enfrentarlo es contraponerlo a la realidad: si estás atendiendo las necesidades de tus hijos, eres responsable y no les falta amor, ¿cuál es el problema?

 

FUENTE:

Dalila Irizarry de Díaz, psicóloga.

daliladediaz@yahoo.com.

 

SEÑAS:

www.jofrost.com.

www.maternidadcontinuum.com.