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Amor, cabeza y corazón

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Hoy día son muchas las voces que opinan sobre las crisis en las relaciones de pareja y los distintos problemas que confrontan los enamorados

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“Cuando no se ama demasiado, no se ama suficiente”. Blaise Pascal.

Hace un par de meses hojeaba una revista distraídamente mientras aguardaba mi turno en una tediosa sala de espera. Justo antes de pasar a la siguiente página mis ojos se detuvieron en una frase que aparecía en el texto y que me conmovió tanto que desde esa ocasión la elegí para que acompañara esta columna dedicada al Día de los Enamorados. En esa oportunidad releí la frase con fascinación varias veces y en cada intento descubría que adquiría mayor sentido. Admiré el genio de quien puede llegar a decir tanto sobre un sentimiento tan complejo, como es el amor, de esa manera sencilla y cierta.

Mi turno para pasar a consulta llegó y tuve que interrumpir mis divagaciones. Como no quise perder el momento de inspiración hurgué apurada en mi cartera para anotar la frase en la pequeña libreta que suelo llevar conmigo en donde apunto sobre lo que quiero escribir para ustedes. Al llegar a casa la copié en un papel que coloqué a la vista acerca de mi escritorio para que me sirviera de recordatorio de que amar bien y sin mezquindad es una decisión de todos los días y que el sentimiento amoroso se nutre de la calidad con la que demostramos que amamos a la persona elegida.

Hoy día son muchas las voces que opinan sobre las crisis en las relaciones de pareja y los distintos problemas que confrontan los enamorados cuando tratan de comunicar su amor, de aproximarse al sexo, de lo relativo al compromiso, al matrimonio, la mutua fidelidad, las obligaciones de la vida en común, el rol que cada quien juega dentro de la díada que significa construir pareja. Estas voces externas nos aconsejan cómo debemos ser, cómo comportarnos, cómo acercarnos a quien nos interesa y cómo alejarnos de quien no nos sentimos atraídas, cómo terminar una relación insatisfactoria, cómo seducir, besar, acariciar, hacer el amor, en fin, un catálogo completo para conseguir que el sentimiento amoroso que al principio nos vincula con el otro logre perdurar en el tiempo.

Pese a tanto análisis y sobradas recomendaciones muchas parejas sucumben y se separan. Son contadas las que evidencian solidez y se notan bien avenidas, las que pese a los rigores de la convivencia y pruebas de la vida logran sostener su amor y camaradería para ser verdaderos compañeros. Quizás hemos permitido que el exceso de mandatos e información nos robotice la manera de relacionarnos: cuidamos las formas para lograr un fin, pero desconocemos lo que nos mueve en el fondo.

Creo que nos conviene apartarnos de la verborrea externa para escuchar nuestra propia voz, la que viene del alma, sabe y no se equivoca. La única que puede dictarnos cómo, cuándo y dónde manifestar el amor al otro. No podemos relacionarnos bien con ese otro si no nos relacionamos primero con nosotras mismas. Para seguir la dirección del corazón primero tenemos que escucharlo.

Y una vez dispuestas a amar nunca es demasiado cuando queremos amar bien. Nos hace felices dar lo mejor porque nos llena de gozo la felicidad del otro. Amemos sin miedo y sin mezquindad.