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Amamantar: una experiencia intensa

Lactancia materna / Vanessa Balleza

Lactancia materna / Vanessa Balleza

La lactancia materna no es como uno se la imagina. Sí, es hermosa y única, pero a veces puede presentar dificultades. Una madre primeriza relata su historia de lucha, revela los obstáculos que tuvo que vencer para lograrlo y ofrece útiles consejos

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La primera vez que me coloqué a Alana al pecho ella tenía menos de una hora de nacida. Estaba cubierta por vendas blancas y una sábana azul para mantenerla caliente. Yo estaba en el área de recuperación, un poco cansada y adormecida después de la cesárea.

La consejera de lactancia estaba a mi lado y me daba indicaciones. “Tiene que abrir la boca bien para que a ti no te duela, debe agarrar toda la aréola, no solo el pezón, hazle cosquillitas en la mejilla para mantenerla despierta.

Pero, a pesar de saber que la escena no coincidiría con aquellas cuñas publicitarias en las que aparece una madre impecable y sonriente junto a su bebé inmaculado, el momento superó mis expectativas: estaba maravillada ante la sensación de cercanía. “Esto era, después de estar en mi vientre, lo más cerca que jamás tendría a mi hija”, pensé.

Obstáculos en el camino
Desde que estaba embarazada planeé amamantar a mi niña. La Organización Mundial de la Salud establece que es lo mejor para el bebé porque la leche materna contiene todos los nutrientes que necesita y los anticuerpos que lo protegen contra múltiples enfermedades; además debe ser el único alimento hasta los seis meses y, luego, un complemento hasta los dos años. Existía también otra razón: mi abuela había amantado a sus seis hijos y mi mamá a mí y yo quería seguir la tradición.

Traté de prepararme lo mejor posible. Hice un curso prenatal, fui a un grupo de apoyo de La Liga de la Leche –una organización mundial dedicada a la promoción de la lactancia materna– e incluso programé que una consultora estuviese a mi alcance durante los primeros días de vida de mi hija.

Existían razones para pensar que tendría dificultades. Hace más de 15 años me hicieron una mamoplastia reductora, pues mi seno izquierdo era considerablemente más grande que el derecho. Cuando intenté amamantar a Alana con ese pecho sospeché que aquella operación había dejado secuelas. Mi consultora me explicó que probablemente el médico había cortado los ductos lactíferos y mi producción estaba siendo afectada. Me concentré entonces en amamantarla con el derecho e intentar con el otro de vez en cuando.

Al final de la primera semana me sentía exhausta y perdida. Alana producía un buen número de pañales mojados y sucios, aumentaba de peso correctamente y no había razones para complementar con fórmula, pero me inquietaba la frecuencia con la que comía. Unos días después me encontré con otro obstáculo: la primera de cuatro mastitis (inflamación de la glándula mamaria causada por un bloqueo en los ductos lácteos). A pesar del dolor, seguí. Sabía que el malestar pasaría, pero que si dejaba de amamantar en ese momento iba a arrepentirme.

Perseverar para vencer
Después de intentar por un par de meses de amamantar a Alana con el seno derecho desistí: cuando me la ponía se desesperaba y si usaba el sacaleches no extraía más de unas gotas.
Si bien la consejera me aseguró que cuando se amamanta con un solo pecho el otro suple la demanda, me preocupaba que algunas veces Alana pasara hasta ocho horas pegada a mi seno. ¿Estaría comiendo suficiente? Estaba dispuesta a sortear todos los obstáculos menos que mi hija pasara hambre.

Decidí hacerle caso al pediatra y complementar con cuatro onzas diarias de fórmula. Poco después empecé a notar que Alana “buchaba” hasta 12 veces al día. El doctor me sugirió que le cambiara la fórmula, pero la nueva la hizo vomitar aún más. El remedio había sido peor que la enfermedad.

No tengo nada en contra de la fórmula, es un alimento válido y pienso que ninguna madre debe sentirse culpable por usarla. Sin embargo, en nuestro caso no funcionó. Volví a la lactancia exclusiva.

En las horas en las que amamantaba a Alana eternamente me entretenía con un libro, una película o simplemente la miraba. Contemplarla me ayudó a conocerla. Además, con el tiempo mi hija comenzó a comer menos seguido y se hizo un horario que nos resultó cómodo a las dos.

Ahora que tiene un año me alegro de haberla amamantado durante ocho meses. Insistí por ella, pero perseveré también por mí. Esa sensación de cercanía, que solo se puede comparar con haberla tenido dentro de mí, valió cada esfuerzo, cada lágrima.

Tips para nutrir
1. Comienza a amamantar pronto, pues el instinto de de succión del bebé es más intenso en las primeras horas después del parto.
2. Ofrece el pecho a menudo. Un recién nacido normalmente mama entre 8 y 12 veces por día.
3. Asegúrate de que el bebé succione eficazmente.
4. Deja al bebé mamar del primer pecho todo lo que desee, hasta que lo suelte. Después ofrécele el otro. Así tomará la leche que se produce al final de la toma, rica en grasa y calorías.
5. Evita los teteros o chupones, al menos durante las primeras semanas, hasta que la lactancia esté bien establecida.
6. Recuerda que un bebé también mama por razones diferentes al hambre, como la necesidad de succión o consuelo.
7. Procura tener momentos de descanso y solicita el apoyo de familiares y amigos cercanos.
8. Busca ayuda calificada.

Pasar la página, sin culpas
Una madre puede dejar de amamantar a su hijo por muchos motivos, sin embargo, Renata Boscán, facilitadora de parto y consejera de lactancia, explica que antes de desistir es fundamental buscar ayuda. “Se desconoce que hay un gremio que se dedica a esto y se busca información donde no es”. Una inadecuada producción de leche o dolor en los pezones no son motivos para dejar de amamantar, pues existen recomendaciones para superar ambas adversidades.

“Una mamá debe agotar todos sus recursos. Si hiciste todo lo posible, no debes sentir culpa”.
Para aquellas que decidieron suspender la lactancia, Baby Center ofrece recomendaciones, como por ejemplo, sujetar al bebé como si se estuvieses dando el pecho, en contacto directo con la piel, para así fortalecer su conexión.

SOS 2.0
Estas son algunas de las organizaciones que puedes contactar para recibir cursos, charlas y hasta servicios de consultoría personalizada:

• Liga de la Leche de Venezuela. Telf.: (0212) 580 1250.
www.llli.org/venezuela.html.

• Cooperativa Lactarte. Telf.: (0212) 690 1451.
www.lactarte.blogspot.com.

• Amamanta. Telf.: (0414) 274 7523. www.amamanta.org.ve.

• Leche y Miel: Telf.: (0212) 945 4687. www.lecheymiel.org.

• Embarazarte. Telf.: (0212) 285 6554. www.embarazarte.com.

• Club para Mamás. Telf.: (0416) 415 8705. www.clubparamamas.com.

• Baby Center. www.espanol.babycenter.com.