• Caracas (Venezuela)

Emad Aboaasi el Nimer

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Una (h)ojeada histórica a Pdvsa

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Después del terremoto ocurrido en Cúcuta, en 1875, cuya intensidad afectó en Rubio, estado Táchira, el suelo de la hacienda La Alquitrana de Manuel Antonio Pulido, de donde brotó una capa de crudo viscoso, y que motivó ala constitución de la primera empresa petrolera venezolana conocida como La Petrolia, en 1878 y disuelta en 1934; y establecidas luego, la Compañía Venezolana del Petróleo (1923-1935) y la Corporación Venezolana del Petróleo (1960), tuvieron que pasar cien años para que el 30 de agosto de 1975, se fundara Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA).Empresa que es –y ha sido– principal palanca que mueve la economía nacional. Su formación no surgió de la noche a la mañana. Fueron muchos años de discusiones legales y de planteamientos gubernativos. El primer paso firme que se dio, para llevarla a cabo, fue la creación de la mencionada Corporación Venezolana de Petróleo en 1960. En ese año, también nació la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Ambas instituciones fueron alimentando la idea de nacionalizar el petróleo, de modo que no siguiera en manos de las trasnacionales extranjeras, como lo estaba para entonces desde la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 1920; sino más bien, para que fuese regido y administrado por el Estado.

El 2 de noviembre de 1975, Pdvsa recibió la corporación aludida. El 1° de enero de 1976, bajo las directrices del Ministerio de Energía y Minas, se convirtió en la casa matriz de la industria del oro negro al asumir lo relativo a la planificación, coordinación y supervisión de las actividades de este ramo, realizadas a nivel nacional. A partir de ese momento, la industria y comercialización de los hidrocarburos existentes en el subsuelo patrio, pasaron a manos del Estado. En 1983, Pdvsa inició un programa de internacionalización, con el cual expandió sus activos mediante un largo ciclo de inversión, mercantilización y almacenamiento de hidrocarburos en empresas fuera del país, sobre todo, en naciones consumidoras de crudo como fuente energética. Entre 1989 y 1998, dentro del proyecto económico neoliberal o de sociedad de mercado, instaurado en Venezuela, a partir del segundo periodo gubernamental de Carlos Andrés Pérez, se puso en marcha la Apertura Petrolera: un programa de inversiones donde la principal empresa estatal se abrió al mercado, con el fin de motivar al capital privado nacional y extranjero a participar en las actividades de exploración, explotación, refinación y comercialización de hidrocarburos. Esto se desarrolló en tres modalidades: convenios operativos o de servicios, asociaciones estratégicas y ganancias compartidas.

Para entonces, y según el modelo económico de libre mercado, la Apertura Petrolera fue una de las medidas implementadas en la última década del siglo pasado, para salir del atolladero económico en que se encontraba la nación. Si bien sus consecuencias no fueron tan significativas como se esperaba, tampoco fueron catastróficas; pues, la producción y distribución de bienes y servicios, al menos fue sostenible y no se llegó a los extremos de la paralización económica de varias empresas, ni de la carestía continuada en la adquisición de productos básicos para la supervivencia y el aseo personal, como la que estamos padeciendo desde hace tres años, y, cada día, la vuelta de tuerca aumenta y nos afecta más.

Con la entrada en vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en 1999, y la Ley de Hidrocarburos de 2001 respectivamente, el Estado, apelando a su autoridad, le quitó el poder autónomo a Pdvsa como sociedad anónima. Dicha empresa dejó de ser controlada por su directiva y pasó a estar bajo el dominio del poder estatal a través del Ministerio de Energía y Minas. Con esta medida, hubo un retorno al capitalismo de Estado (bajo el antifaz de socialismo del siglo XXI); se activó un nuevo modelo de inversiones petroleras, supuestamente, para que la nación no se viese afectada, pero es del vulgo conocido que no fue así. La dilapidación de las reservas internacionales y la mala administración de las divisas norteamericanas que ingresan al país por la venta de cada barril de petróleo han sido abrumadoras. La actual situación económica que carcome a cada venezolano(a), da cuenta de esto. Indistintamente de que los precios del crudo hayan mermado, el problema actual es el colapso del aparato productivo que no es capaz de abastecer la demanda de los consumidores internos.

Cuando tuvimos la bonanza petrolera del siglo XXI, con exorbitantes precios del barril del crudo, el gobierno de turno –la misma tendencia de ahora–, no supo aprovecharla ocasión para “sembrar el petróleo”, como aconsejó en 1936 Arturo Uslar Pietri. O tal vez sí lo hizo, pero para prebendas personales y partidistas, y la consolidación de un clientelismo interno y externo. No miró el pasado histórico de la Venezuela Saudita para tomar precauciones y no repetir los mismos errores. Tampoco miró la experiencia de otros países como Noruega, Kuwait y Arabia Saudita sobre las medidas que tomaron para que sus economías no dependieran, necesariamente, de la subida o caída del precio del petróleo...

A casi 51 años de creada esta empresa, no sabemos cuál será su destino. El panorama luce confuso. El Presidente de la República, en vez de enderezar entuertos, el 10 de febrero de 2016, según decreto número 2331, creó una empresa alterna: Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas, adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Defensa, manejada por miembros de la Fuerza Armada Nacional, a discreción gubernamental, y con amplias facultades para dedicarse al negocio que le está reservado a Pdvsa, empresa cuyo futuro se devela incierto. Todo dependerá de las políticas económicas que sean adoptadas, en lo sucesivo, desde el Poder Ejecutivo y a través del respectivo ministerio; así como del viraje que pueda tener la principal generadora de ingresos a esta nación. Además, veremos qué propuestas se originarán en el seno de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, para resguardar a la empresa estatal petrolera de los intereses de los que medran a la sombra del poder, quienes en nombre del supuesto nacionalismo, del patriotismo y de la soberanía, la han manejado a su antojo, a troche y moche, durante los años que van del siglo XXI, y para guinda, con la empresa paralela recién creada le usurpan las funciones que ha desempeñado desde hace 50 años. Y nos preguntamos: ¿Qué le deparará a Pdvsa? ¿Qué se traerá en manos Camimpeg?