• Caracas (Venezuela)

Elsa Cardozo

Al instante

De viajes, viajeros y otras cosas

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No es esta una nota de merecida solidaridad con los viajeros y estudiantes atascados por el mundo sin acceso a sus propios ahorros, aunque algo de eso roza, inevitablemente. Tampoco se trata de una prometedora referencia turística; qué más no quisiera yo.

En realidad el título recoge un tema en el que se pueden entretejer las noticias más reveladoras de la crítica situación venezolana.

Las primeras las copa el gobierno que en abril financió generosamente los movimientos sociales para viajar a Panamá con la principalísima misión de impedir el normal desarrollo de las reuniones de los foros de sociedad civil y participación ciudadana en la Cumbre de las Américas. Luego se encuentran las de la celebración presidencial del Primero de Mayo, en Cuba, y los agasajos locales a los cinco “antiterroristas cubanos” invitados a Caracas por Maduro. En esa misma semana, supimos del viaje de la comitiva presidencial a las conmemoraciones del 8 de mayo en Moscú, desbordado ya el presupuesto para viajes en tiempos en los que, salvo por el racionamiento y las deudas, todo escasea para los venezolanos ajenos a los privilegios y abusos del poder.

En otro grupo de noticias entran los impedimentos para viajar que, aparte de la restricción de acceso a divisas al común de los mortales, incluye otros más graves, como son las decisiones judiciales de prohibición de salida del país que se han venido aplicando por razones políticas. Medidas cuya gravedad y alcance expresó con meridiana claridad Teodoro Petkoff al aceptar a distancia el Premio Ortega y Gasset: el país como cárcel. Esta semana, a la ya larga lista de encarcelados que siguen engrosando estudiantes presos y bajo régimen de presentación, se han sumado a las prohibiciones de salida del país a veintidós directivos de El Nacional, Tal Cual y La Patilla, medios muy castigados sobre los que pesa una larga lista de restricciones y sanciones.

En esto de las presiones se cuelan otros grupos de viajeros: los oficialistas que salen sin retorno y se protegen soltando prenda; los que no pueden hacerlo, ni que quieran, porque el gobierno ha tomado medidas para frenarlos, y los que se han ido sumando a la lista de los que no pueden salir porque tienen fundados y crecientes temores de que los alcance la justicia de otros países en los que, para nuestra vergüenza, indignación y tristeza, los expedientes se multiplican.

De vuelta a la intención de silenciar, hay otra versión del tema como es la propuesta de exilio, viaje sin regreso, que les ha sido hecha a líderes de la oposición que no obstante estar presos, o precisamente por estarlo, tienen tanta visibilidad nacional y generan tanta preocupación internacional. Tanta, sí, que cuatro de los más de treinta expresidentes y personalidades que suscribieron la Declaración de Panamá llegaron a anunciar su intención de viajar a Caracas para colaborar en la defensa de los presos políticos. Cuando esto escribo, el muy respetable expresidente español Felipe González mantiene su intención de venir a Venezuela, gesto ante el cual las reacciones de rechazo y descalificación del gobierno no han hecho más que confirmar los más terribles diagnósticos sobre la democracia y  el Estado de Derecho en Venezuela

Y mientras reconocidos líderes socialistas como Cardoso, Lagos y González encuentran tantos obstáculos para el acercamiento, el consejero del Departamento de Estado, Thomas Shannon, ha venido dos veces a Caracas por invitación del gobierno que, más que interesado, luce urgido de alcanzar acuerdos sobre cuya crítica naturaleza sobran pistas.

elsacardozo@gmail.com