• Caracas (Venezuela)

Elsa Cardozo

Al instante

Elsa Cardozo

Sobre la polarización

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Si en algo cabe insistir en estos días y en adelante entre nosotros y hacia el mundo es en la nueva situación política de Venezuela: mucho más compleja y rica en posibilidades que lo que pretende la simpleza, nada inocente, del discurso de la polarización. Desde él se nos ve como dos bandos enfrentados, incapacitados para la convivencia, dispuestos al choque a la menor provocación, cada uno con su esquema de amigos y enemigos, aliados y traidores.

Ese es, hace años ya, el discurso gubernamental que de modo más ofensivo que nunca antes fue lo distintivo de la campaña por la reelección. El registro del lenguaje empleado para referirse a la movilización, el programa y la candidatura de la unidad democrática fue revelador de la intención de alentar y mostrar un país partido en dos, una contienda concebida como batalla en la que el victorioso arrasa. El vocabulario del mensaje polarizador sale de diccionarios de guerra, es de bandos y trincheras, de órdenes y líneas de mando, de descalificación, por traidora, de cualquier disidencia o crítica.

Todo esto que, en espejo, se atribuye al adversario electoral es también lo que se proyecta deliberadamente al mundo y lo que el Gobierno espera que compren sin chistar sus socios internacionales.

Pero la verdad es que la organización y el plan de gobierno de la unidad democrática y, por supuesto, la campaña y los votos que tras admirable empeño logró Henrique Capriles Radonski, revelan que aunque haya un comando gubernamental que sostiene y promueve la división del país, no es la nuestra una sociedad que se anote en la confrontación.

Decir que así lo expresaron con sus votos seis millones y medio de venezolanos que se expresaron libremente, sin presiones de ninguna naturaleza, es una manera incompleta de contarlo. El tema no es sólo la proporción de votos: es el aumento del apoyo a una opción política alternativa en un ambiente tremendamente adverso. De modo que en el 55-45 no hay que ver la confirmación de una sociedad enfrentada.

En el crecimiento de la enorme minoría no sólo se refleja y reafirma una propuesta programática alternativa, sino la invitación franca a compartirla, a hacerse parte de una sociedad pluralista, de respeto a la diversidad y de disposición a construir acuerdos básicos para superar los gravísimos problemas acumulados. ¿Qué fue si no el proceso democrático de construcción de la alianza, definición de unos lineamientos programáticos, elecciones primarias y consolidación del perfil y proyección nacional del candidato de la unidad democrática? Eso debe movernos más allá de los porcentajes.

Gobiernos, analistas y medios internacionales que compran el discurso de la polarización tendrían que mirar con mayor cuidado el mapa político venezolano –si es que no lo hacen ya con la discreción de la diplomacia y la frialdad del cálculo– para reconocer que tras el proceso electoral de las presidenciales hay cambios de fondo distintos a los que sugieren la biología y las ineficiencias en el Gobierno. La lectura internacional de los polos enfrentados es parcial y perversa, cuando no del más descarado y oportunista pragmatismo.

Y entre nosotros, el desafío nacional es sostener el empeño “despolarizador”. Hay allí una clave para mejor valorar lo logrado, para trabajar constructivamente sobre los errores y omisiones, para evitar que el discurso polarizador nos someta y paralice.