• Caracas (Venezuela)

Elsa Cardozo

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Elsa Cardozo

Entre fotos y papeles

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A revisar las expectativas sobre la cita del próximo fin de semana en Panamá puede ayudarnos un breve recorrido por la sucesión de Cumbres de las Américas.

De la primera a la segunda, entre 1994 en Miami y 1998 en Santiago de Chile, el movimiento del norte al sur del continente significó también la ampliación de un temario de coincidencias sobre el ejercicio efectivo de la democracia, la protección de los derechos humanos, la cooperación en materia de lucha contra la corrupción, el lavado de dinero, el tráfico de armas, el terrorismo y el problema de las drogas, la protección ambiental, la búsqueda de la integración en un Área de Libre Comercio de las Américas y el fortalecimiento de la OEA. De las fotos oficiales entresaco, como buenas referencias de su tiempo, a los presidentes Eduardo Frei Ruíz-Tagle, Julio María Sanguinetti, Fernando Henrique Cardoso, Rafael Caldera, Violeta Chamorro, Ernesto Zedillo y Bill Clinton.

Entre Quebec en 2001 y Mar del Plata en 2005, se hizo el contraste entre lo constructivo y lo destructivo de las relaciones hemisféricas. Si en la foto de abril de 2001 se juntaron personajes tan diversos como Jean Chrétien, George W. Bush, Vicente Fox, Andrés Pastrana, Hugo Chávez, Hugo Bánzer, Fernando H. Cardoso y Ricardo Lagos, en los papeles seguía pesando la voluntad de profundizar todos los compromisos de Miami y Santiago, con especial  énfasis en mejorar la capacidad para responder a las nuevas amenazas a la democracia. Allí, con la crisis política peruana en mente, se encomendó a la OEA la preparación de una Carta Democrática Interamericana. No todo era ALCA, como confirmaron las convocatorias especiales de 1995 y  2004.

Sin embargo, entre la retórica antiestadounidense y el fracaso de las negociaciones comerciales,  en 2005 fueron menoscabados los aspectos más beneficiosos de lo hemisférico para Latinoamérica. Ganaron entonces influencia, con débiles contrapesos, algunos de los retratados en esa Cumbre con George W. Bush, entre ellos Néstor Kirchner, Luiz I. Lula da Silva y, particularmente, Hugo Chávez, como siempre en la fila de atrás pero protagonista en la radicalizada “contracumbre”.

Del quinto al sexto encuentro, entre 2009 y 2012, el testimonio gráfico cambió bastante, aunque algunos fueran los mismos y comenzaran a repetirse los reelegidos. En Puerto España, en una cita sin declaración final, se estrenó Barack Obama con el discurso de la alianza de iguales y su imagen en la segunda fila. Por allí estaban los socios de la Alianza Bolivariana y Petrocaribe, así como el primer plano y la centralidad atribuidos a Lula. En los costados, los promotores del arco del Pacífico encaminados a multiplicar sus tratados de libre comercio, entre sí y con Estados Unidos.  En 2012, la reunión en Cartagena requirió mucho empeño de Juan Manuel Santos para superar las presiones por no haber invitado a Cuba. Los mandatos acordados se refirieron de modo muy poco comprometedor a temas muy específicos. Allí, a pleno sol,  ya no estuvo Chávez, pero sí Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, Evo Morales, Pepe Mujica y Obama, ahora en primera fila y más cercano a todos, pero sin atuendo tropical.

Todo indica que en Panamá habrá más caras sonrientes, pero es una pena que la expectativa mayor gire en torno a Cuba y Estados Unidos. La atención  y la exigencia desde las sociedades latinoamericanas deberían estar sobre una agenda de franca actualización de los iniciales compromisos hemisféricos con la gobernabilidad en democracia, el pleno desarrollo humano y una eficaz cooperación en seguridad ante el crimen organizado transnacional.