• Caracas (Venezuela)

Elsa Cardozo

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Las otras elecciones

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Las elecciones del próximo martes en Estados Unidos llaman justificadamente la atención de los observadores que intentan anticipar el impacto de sus resultados sobre los dos últimos años del gobierno de Barack Obama. Se anticipa que los republicanos no solo mantendrán su mayoría en la Cámara de Representantes, que se renovará en un tercio, sino que ganarán la del Senado, con todos los escaños en liza.

También, desde luego, se mira con atención la elección de 36 gobernadores y lo que junto a la del Congreso pudiera anticipar, muy en grueso, sobre las presidenciales, cuya campaña se inicia el año próximo. Muy en grueso, digo, porque la abstención, especialmente de los demócratas, suele ser alta en este tipo de elecciones en las que la regla, con apenas tres excepciones desde el siglo pasado, es que no favorezcan al partido de gobierno. Tanto es así que, consciente de su baja popularidad, el presidente Obama prácticamente se ha limitado a hacer campaña por fondos para una contienda, por cierto, obscenamente costosa. Al Congreso, valga comentarlo, no le va mejor en las encuestas: en septiembre pasado, en medio del rudo bloqueo republicano a la aprobación del presupuesto, tuvo la más baja aprobación registrada hasta entonces y apenas ha mejorado unos pocos puntos.

Todo esto debería recordarnos lo que las exacerbaciones presidencialistas subestiman en nuestro lado del mundo: el gobierno no es sólo Poder Ejecutivo, ni siquiera, mucho menos, en “el imperio”. Valga otra mirada a las contiendas presidenciales de octubre en Bolivia, Brasil y Uruguay, que fueron también legislativas.

En el caso más extremo, Bolivia, el tono prevaleciente en la celebración del triunfo de Morales ha sido que, con más de dos tercios de los escaños legislativos, podrá gobernar sin el respaldo de la oposición. De modo que allí es mayúsculo el reto de la minoría: fortalecerse para hacer valer su derecho y obligación de representación ante la estrategia de un frente Ejecutivo-Legislativo que amenaza con seguir anulando el espacio parlamentario.

En Uruguay, donde el Frente Amplio, la coalición gobernante, retuvo la mayoría simple en las dos cámaras del Congreso, hay una trayectoria de los gobiernos del propio Vásquez y de Mujica de respeto por la oposición, aun en medio de los desacuerdos. Seguramente que así seguiría ocurriendo si ganara en segunda vuelta Luis Lacalle Pou, del opositor Partido Nacional, quien ha perfilado expresamente un programa de renovación, sin abandonar los logros de las administraciones del Frente Amplio.

Más complicado se perfila el panorama para Dilma Rousseff, seguramente para el bien de Brasil, donde el oficialista Partido de los Trabajadores y su mayor y voluble aliado, el Partido Movimiento Democrático Brasileño suman mayoría, aunque perdieron algunos escaños en las dos cámaras del Congreso. Pronto ha llegado el mensaje del Legislativo que desde ya, antes de su reconstitución, reclama diálogo: a dos días de la reelección fue rechazado por los diputados, con votos de sus aliados (de las filas del vicepresidente electo) un controversial decreto presidencial. Recordatorio de la resistencia que encontrará en el Congreso una propuesta de reforma política que no sea debidamente negociada.

En suma: el modo como se resuelve la relación entre los presidentes y los congresos revela no solo la efectividad del gobierno, sino algo más importante, su sesgo democrático o autoritario. ¡Si lo sabremos los venezolanos!

elsacardozo@gmail.com