• Caracas (Venezuela)

Elsa Cardozo

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Elsa Cardozo

Sin caer por inocentes

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China decidió condonar la deuda venezolana. Raúl Castro anunció el próximo e íntegro pago de lo adeudado a Venezuela. La Cumbre de las Américas en Panamá renovará el compromiso con la Carta Democrática y el Sistema Interamericano de protección de los derechos humanos. Cercano el acuerdo con la Unión Europea, Brasil se sumó a Chile en el proyecto de articulación Mercosur-Alianza del Pacífico. Están por concretarse audaces acuerdos regionales frente al crimen transnacional organizado.

Pues sí, hoy Día de los Santos Inocentes hay abundante material para elaborar más de una nota acerca de los asuntos que suelo tratar por aquí, sobre las maravillas que nos esperan en el Año Nuevo.

Sin abandonar lo muy grato y sano del sentido del humor ni caer en la desesperanza, puede uno sostenerse entre el realismo y los ideales, entre lo previsible y lo incierto.

Es por supuesto más que improbable que los chinos condonen la deuda venezolana tan opaca y bien garantizada que preocupa, y tan disfrazada de financiamiento como está. En cuanto a Cuba, las condonaciones recientes que le han sido otorgadas por Rusia y México sobre viejas deudas son nueva evidencia de que el castrismo no paga a sus grandes acreedores. Además, en realidad, ni condonaciones ni pago de acreencias a Venezuela resolverían un desastre económico de las magnitudes del nuestro, en el que un aumento en los ingresos petroleros apenas prolongaría la agonía porque, valga la insistencia, nuestro lío no es solo ni principalmente económico.

Tampoco parece próximo el momento en que se renueve un compromiso franco, sin cortapisas, de los gobiernos latinoamericanos con la letra de la Carta Democrática. Con todo, en cuestión de derechos humanos se han movido otros resortes que les han hecho más cuesta arriba el apoyo por acción u omisión al régimen venezolano. Se seguirán sumando voces de organizaciones internacionales y no gubernamentales, parlamentos y parlamentarios, organizaciones políticas e individualidades que han contribuido a hacer más visible la naturaleza del otrora “modelo” venezolano y su desmantelamiento de las instituciones llamadas a garantizar el amplio espectro de derechos consagrados internacional y constitucionalmente, desde los más cercanos a la dignidad e integridad de las personas hasta los derechos políticos.

Quizá no quepa prever mayores avances en lo de la integración y concertación regional, pero en materia de acuerdos económicos y problemas de seguridad regional, se han seguido acumulando razones para dudar de la sinceridad del gobierno venezolano, mientras otros tejen acuerdos a su alrededor. Venezuela, que dejó hace rato de ser parte de las soluciones, es cada vez más visiblemente fuente de graves problemas. Ya no son únicamente las grietas profundas en la fachada económica y política: la trinchera construida con arreglos económicos de toda índole y compras de armamentos fuera de escala es ahora signo de un aislamiento desde el que la retórica confrontadora no convoca acompañantes, ni siquiera a Cuba, que ha impuesto a Caracas su oportunista sordina.

Sin caer por inocentes, no es poco lo que cabe esperar del Año Nuevo. Hay condiciones nacionales e internacionales difíciles pero, a la vez, favorables a un cambio de Venezuela para mejor. La clave puede estar entre atisbar lo que puede pasar y acertar en lo que podemos hacer; pero sobre todo, lo que es mi deseo y petición de Año Nuevo, en no perder la esperanza, la sensatez y el alma en el empeño.