• Caracas (Venezuela)

Elsa Cardozo

Al instante

Recuperar la representación

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De las regresiones políticas que ha vivido Latinoamérica en el siglo XXI van quedando a la vista las muchas heridas que produjo y cicatrices que deja renegar de la democracia representativa en nombre de engañosas promesas de participación directa. En los países donde se instalaron liderazgos presidenciales “refundadores”, que por métodos diversos buscaron sofocar la separación de poderes, fue objetivo central degradar el debate, limitar las posibilidades de información, crítica y censura en toda la sociedad y, especialmente, en el cuerpo deliberante que en su representación nunca debió dejar de debatir y legislar, investigar y controlar.

Hugo Chávez, con su decreto de convocatoria a una Asamblea Constituyente, desplazó al Congreso hasta lograr convertirlo en altavoz de su despacho. Rafael Correa ganó su primer mandato sin llevar candidatos al Congreso, en plan de construirse su propio poder constituyente. Los gobiernos de Daniel Ortega, Evo Morales y la dinastía Kirchner también se aseguraron el control parlamentario apoyándose (maletines venezolanos aparte) en las ventajas del poder acumulado de reelección en reelección presidencial. En su variante, el Partido de los Trabajadores de Brasil contribuyó a deslegitimar la labor legislativa hasta que acabó perdiendo el apoyo popular que tuvo, dificultando la reelección de Dilma Rousseff y enturbiando su gestión con la corrupción que se siempre multiplica a la sombra del desprecio por la responsabilidad de la representación.

La instalación de una nueva Asamblea Nacional en Venezuela es una señal importante de cambio de rumbo que se proyecta más allá de nuestras fronteras, tanto como una elección presidencial, tal vez más. Significa, para comenzar, la revalorización de la representación del país todo, la que permite el encuentro plural no solo entre oficialismo y oposición. También el de una oposición que, en su diversidad, ha logrado construir una agenda de trabajo amplia, integradora, como acto de responsabilidad ante la muy alta participación electoral que le dio la mayoría calificada de dos tercios. Desde el Poder Legislativo, así asumido, es posible y necesario trabajar por la institucionalización –que es como decir despersonalización, despartidización, transparencia y eficiencia– de programas sociales y económicos que nuestra situación reclama, así como por la recuperación de la separación e independencia plena de los poderes públicos, expresión y garantía de democracia y Estado de Derecho.

El reto de Mauricio Macri es la recomposición de la calidad de vida de los argentinos desde el Poder Ejecutivo, sin contar con mayoría parlamentaria pero como presidente de todos los argentinos. Es ese mismo el desafío y la responsabilidad de los congresistas de la oposición venezolana, pero asumidos desde su mayoría en el seno de la instancia de representación por excelencia que es la Asamblea Nacional. Esta es la ruta venezolana, interesante y prometedora, también compleja y exigente, porque en ella la recuperación de las formas y los procedimientos democráticos y constitucionales será la que permita materializar las aspiraciones de cambio ampliamente compartidas por los venezolanos.

Por lo pronto, las primeras sesiones de nuestra nueva Asamblea traen aires de democracia, comenzando por la posibilidad de ver y escuchar lo que allí se debate, en el espacio natural de deliberación donde nos volvemos a sentir representados y respetados.