• Caracas (Venezuela)

Elsa Cardozo

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Agradecer

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Los días que anteceden el paso de un año a otro y las celebraciones que los acompañan, aun en medio de la austeridad a la que obligan los tiempos que corren, tienen mucho de luminoso. Es la alegría que acompaña las celebraciones decembrinas multiplicada por los resultados de una jornada electoral que nos deja mucho que celebrar y, sin duda, personas a las que agradecer y corresponder. Recordarlo y cultivarlo puede ayudarnos a mantener la cabeza y el corazón en lo esencial.

Por mi parte, agradezco a los candidatos de la unidad democrática que tantos obstáculos debieron salvar al asumir su compromiso de representación contra viento y marea; a las miles de personas que trabajaron en la protección de los votos; a quienes lograron la atención y presencia de organizaciones políticas y personalidades internacionales, como María Corina Machado, Lilian Tintori, Mitzy Capriles y otros representantes de la MUD; a quienes estructuraron equipos de acompañamiento internacional desde la unidad, junto a la labor de observadores nacionales como la Asamblea de Educación y el Observatorio Electoral Venezolano; a las iniciativas que, como la Misión de Estudio Idea Internacional-UCAB, contribuyeron a hacer visible y escrutable, dentro y fuera de Venezuela, el impacto del ventajismo y las amenazas oficialistas. No es menos grande el agradecimiento especial a todos los electores cuya cota de participación fortaleció la legitimidad de la elección y el peso político de la mayoría que se ha pronunciado por un cambio de rumbo.

Al recibir palabras de agradecimiento, los ilustres visitantes internacionales que dejando de lado muchos obstáculos y ofensas de hicieron presentes en nuestro país, no dudaban en responder que lo consideraban su deber. Y bien que así sea, pero también sabemos que desde el secretario de la OEA, Luis Almagro, hasta los seis ex presidentes latinoamericanos y la infinidad de periodistas que permanecieron en Venezuela, actuaron en condiciones que el gobierno descalificó y entorpeció tanto como le fue posible. En la limitación a la arbitrariedad tuvo mucho peso esa presencia internacional, por quienes estuvieron aquí y por la atención que su presencia multiplicó.   

Aunque se diga que, a fin de cuentas, es una obligación de propios y extraños garantizar la integridad de los procesos electorales, en nuestra circunstancia es de agradecer que hayamos contado con voluntades empeñadas en que el resultado fuese en mejor reflejo posible de lo expresado en las urnas. Lo es porque venimos de una inercia de pérdida de confiabilidad en el sistema electoral y de un deliberado plan gubernamental de desmantelamiento de la observación internacional; bien sabemos que no solo de garantías electorales, sino de derechos humanos y ejercicio democrático.  

Creo que agradecer lleva consigo el sentimiento de corresponder y, también, el de preservar afectos, apoyos y solidaridades que apreciamos y necesitamos. También creo que si en los laberintos de la política que rodearon el 6 de diciembre constatamos que estuvimos bien acompañados, ahora nos toca mantenernos comprometidos, no obstante las dificultades a la vista, con un nuevo rumbo que nunca antes tuvo mayores posibilidades.

Agradecer y propiciar las buenas compañías que seguimos necesitando: las que cultivamos entre nosotros y las que nos ofrecieron otros. Por ahí puede estar la clave de un feliz 2016.