• Caracas (Venezuela)

Elio Pepe

Al instante

El río no es más el mismo

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Frente al fenómeno del silencio perceptible de una sociedad que había perdido la brújula de su propia identidad, 74,25 % de los ciudadanos venezolanos, con el ejercicio del voto del 6 de diciembre de 2015, ha puesto al descubierto la oscuridad tangible en la cual se habían quedado por más de una década los valores traicionados por la revolución bolivariana y se han elevado en defensa de las libertades políticas, económicas y sociales: en paz, en libertad, con la práctica de una democracia sustancial garantizada por el apego de las Fuerza Armada Nacional a su función institucional definida por la Constitución de la República.

Espíritu de elevadas virtudes, participante activo de la Revolución Francesa, asistente de D’Alambert y Diderot en la compilación de la célebre Enciclopedia, después de haber dado todo y haber recibido nada, el matemático y economista Nicolás marqués de Condorcet (1988) escribió: “La naturaleza no ha impuesto límites a la esperanza; y la visión de la raza humana, ahora liberada de sus cadenas y encaminada a paso firme hacia el camino de la verdad, de la virtud y de la felicidad, ofrezca al filósofo un espectáculo que consuela de los errores, de los delitos y de las injusticias que todavía pululan sobre la tierra”.

Al tanto de sus vicisitudes, es verosímil que el Libertador Simón Bolívar, que había enriquecido su conocimiento con los postulados básicos de la perfectibilidad del hombre y de la confianza casi ilimitada en la educación como motor de ese perfeccionamiento progresivo pregonado por el iluminismo francés, haya recibido estímulo para su vida, su pensamiento, su comportamiento, sus conquistas inspiradas en la estética y en el ejercicio de la moral, la emancipación de la condición colonial, la Constitución de la República.

No puede ser que en la visión de los críticos del futuro, la historia de Venezuela de los últimos treinta años aparezca como un episodio de poco momento, ya que en el corazón de millones de individuos democráticos, liberales y socialistas, la confrontación entre el régimen dictatorial social comunista y los abanderados de la democracia y de los derechos humanos ha aumentado el empuje evolutivo hacia la estructuración de una sociedad abierta, en la afirmación irreversible del sistema democrático y del Estado de  Derecho, en la aspiración al progreso que estimula el sentido de responsabilidad y que requiere sacrificios individuales y colectivos.

Ya los jóvenes venezolanos universitarios, los presos políticos y una parte importante de la sociedad civil, cada quien con sus propias peculiaridades, han enfrentado y enfrentan la coyuntura para la recuperación de las instituciones, en la afirmación de las perspectivas democráticas, utilizando los medios definidos en la Constitución: definitivamente, la conquista de la mayoría calificada de la Asamblea Nacional por la oposición al régimen socialista bolivariano abre la esperanza a los que viven para la libertad y creen en la justicia social, que su instalación el 5 de enero de 2016 coincida con la recuperación de la conciencia moral y del sentido ético para permitir a los venezolanos la práctica de los valores ínsitos en la identidad y unidad nacional, en la dignidad de ser ciudadano, en la soberanía de la cual es depositario y portador.

Es una oportunidad que pregona el crecimiento de la democracia real, un estímulo del cual no se puede hacer caso omiso y por esto, sin ninguna pretensión de ser exhaustivo, me permito recordar que del análisis de la praxis emerge que la dialéctica formal de confrontación, y no los ideales, ni la ética, ni sustantivas  proposiciones programáticas, ha sido utilizada en las  elecciones por los partidos políticos de derecha o de izquierda, demócratas o iliberales, revolucionarios o reformistas, así como por los principales operadores económicos y sociales, cada quien para la afirmación de su poder o perspectivas de poder. 

En efecto, las opuestas finalidades políticas, económicas y sociales, implícitas en el desempeño de las respectivas acciones para la defensa de los intereses de los cuales son portadores, podrían permitir la distinción entre calidades de comportamientos más calificativos, finalizados a elevar el nivel de vida de la entera sociedad venezolana, si tuviesen como objeto el concepto del Estado, su funcionalidad, su gobernabilidad y gobernanza, definitivamente su soberanía, su independencia, su desarrollo.

La percepción de la coyuntura entre quien ejercita el poder y quien es receptor pasivo define las diferencias que resaltan la responsabilidad atribuible a los promotores de la crisis del país, que con la peculiaridades que los contra-distinguen en lo político, lo económico y lo social, en síntesis y con pocas excepciones así interpretamos: en tiempos diversos y con distintas modalidades del ejercicio y del abuso del poder, se acomunan por haber utilizado Venezuela como tierra de saqueo y, por eso, merecen la crítica y, tal vez, la condena de la ciudadanía que encuentra en su acervo histórico, moral y cultural la recuperación de su dignidad y fuerza en el desempeño de su función soberana: así pasó en 1998 con el rechazo de los partidos de la democracia tradicional, en particular de AD y Copei, así se ha averiguado en las elecciones de 2015 con el rechazo del PSUV.

Por supuesto, la dimensión y la eficacia  de una práctica diferenciada de políticas populistas, a pesar de la opuesta orientación política, ha calificado la acción política. En la IV república el desempeño para el crecimiento y el desarrollo ha sido ineficiente; bajo la revolución bolivariana nulo y conforme con el proyecto político diseñado para estimular en los ciudadanos la propensión a “la servidumbre voluntaria”. En tiempos diversos y con las específicas influencias y referencias, los gobiernos que se han sucedido, han recibido la servil alabanza de quienes los rodean y han traído beneficios, tal vez descomunales como los percibidos por el sistema bancario a través de las deudas del Estado que ha permitido maximizar la renta del capital, o como los derivados por haber elevado la corrupción en sistemática del control para ejercer el poder. Por lo cual se puede afirmar que los adeptos a la locución latina “Pecunia non holet”, “el dinero no huele”, atribuida al emperador romano Tito Flavio Vespasiano (69 - 79 p. C) y que habitualmente se emplea para dar a entender que el valor del dinero no tiene que ver con su procedencia, son suficientemente numerosos como para condicionar frente a la opinión pública internacional el desenvolvimiento de la vida de la entera sociedad venezolana.

Por otro aspecto, la inducción política y programática ha incrementado la “exclusión del mercado laboral” de contingentes de trabajadores que, sin seguro de desempleo, no pueden acceder a una remuneración que sea equivalente a su productividad marginal, es decir, al valor de sus aportes al sistema productivo, y se ha mermado progresivamente su poder adquisitivo por la descomunal inflación, la más alta del mundo, por la devaluación constante del signo monetario y por la operatividad de una coacción política con la cual se ha reducido la capacidad productiva pública y privada.

Por consiguiente, a pesar de los cuantiosos ingresos del petróleo, se ha promovido el aumento innecesario de la deuda externa e interna de la nación debido a la presunta expansión interna y exterior del proyecto político bolivariano que, por el contrario, ha sido dimensionado por el voto del 6-D: su dimensión pide rendición de cuenta de los recursos quitados al pueblo venezolano, reducido en las condiciones de la crisis más profunda de su historia del último siglo. Pero, más que por la citada sensibilidad a la corrupción de los gobernantes y sus proxenetas, la postración por la cual el venezolano necesita alrededor de diez sueldos mínimos para pagar la cesta familiar y alrededor de seis para la cesta alimentaria, ha sido perpetrada, con premeditación  y sistemáticamente, por la “guerra económica” llevada adelante en su contra por la política macroeconómica gubernamental, conforme a los lineamientos programáticos definidos en Cordiplan: de hecho, se ha impedido el crecimiento económico y social de la población (PIB: -9%) y se ha aumentado el índice de pobreza de la población (73% según un análisis de la UCAB).

En síntesis, se ha inducido un aumento generalizado de las condiciones de dependencia de la nación venezolana por el comportamiento de las fuerzas políticas del gobierno y de la oposición, en aparente contraposición solo para apropiarse de la gestión del poder y de los recursos petroleros, olvidando, hasta ahora, los valores y los principios de ética y de estética que habían forjado el espíritu y el comportamiento de los fundadores de la República: cuando alguien se ha recordado que estos valores pertenecen al patrimonio histórico de la nación, en el cual se configuran también los derechos humanos fundamentales contenidos en la Constitución, no los ha sostenido adecuadamente, o en cualquier caso, no ha tenido la capacidad de formular  una proposición política y programática sustanciada en la acción necesaria para proporcionar el cambio.   

El cambio es exigido por el pueblo venezolano en lo económico, lo político y  lo social. La legítima aspiración a la amplitud de la Nueva Asamblea Nacional implica el reconocimiento mutuo de las diversidades políticas, étnicas y religiosas, que sin revanchismo, promueven el diálogo entre las partes y las libertades que afirman el ser del hombre con la dignidad del trabajo. La solución gradual de los problemas económicos debe ser racional y transparente, mientras que la práctica de una efectiva justicia debe acompañar el desenvolvimiento de la vida social. La gravedad de la situación no requiere más aspiraciones retóricas de la política como la que deposita la ilusión de un crecimiento de la democracia real en la construcción de una “sociedad participativa y protagónica” frustrada por la misma esencia totalitaria del régimen social comunista bolivariano. 

Así que interpretamos la dialéctica de la praxis no como simple conocimiento de la interacción permanente de la totalidad existencial, sino también como dinámica de la transformación de los efectos en contingencias, es decir, en causas y efectos actuantes que se manifiestan entre la verdad absoluta y la relativa que caracteriza la tensión del cambio que se debe producir para no incurrir en los errores que inducen el pronunciamiento de rechazo explícitamente formulado ya dos veces por los ciudadanos venezolanos

El aforisma de Heráclito (Platón, 2007): “No puede entrarse dos veces en el mismo río” se contrapone a la lógica binaria de Aristóteles porque un evento puede ser al mismo tiempo verdadero y falso. “No se trata de que el río sea  ahora el mismo y, en un momento posterior deja de ser el mismo río para ser otro río distinto, en medida en que han cambiado las aguas, sino que la concepción dialéctica implica captar la recíproca implicación de ser algo y al mismo tiempo no serlo, en virtud del movimiento continuo y la relatividad de diversos contextos que pueden comprenderse, dialécticamente, como uno solo”. Dentro de un contexto relativo, el río es el mismo en el tiempo continuo, pero dentro de otro contexto relativo, el río no es más el mismo, ha cambiado y ahora es otro río, incluso en “un mismo instante”.