• Caracas (Venezuela)

Elías Pino Iturrieta

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Elías Pino Iturrieta

La guaya convertida en cien guayas

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La manipulación de las manifestaciones callejeras de este año da cuenta de una estrategia perversa que ha realizado el gobierno para distorsionar la realidad y, desde luego, para fortalecer su posición a través de la mentira. Que el gobierno “revolucionario” mienta no se convierte en un suceso digno de un artículo de prensa, pues ha sido su hábito desde hace quince años, pero el tejido de una madeja de patrañas para confundir a la opinión pública sobre hechos que marcaron la vida de los venezolanos y que podían producir la multiplicación de actitudes parecidas, merece un comentario particular.

Uno de los aspectos fundamentales para el régimen en este oficio de tergiversación se relaciona con las muertes y las torturas producidas ante el desarrollo de las llamadas guarimbas. A través de una campaña contumaz ha querido convertir a los promotores de las manifestaciones en responsables de las pérdidas humanas y de los tormentos derivados de los sucesos. La GNB no tiene culpa por los cadáveres de los jóvenes caídos en la calle, sino los convocantes de las algaradas. La saña de los represores, vista y sentida por toda la sociedad, debe achacarse a las malignas y destructivas instrucciones de quienes echaron a los manifestantes a la calle. Por consiguiente, los guardias y los soldados solo cumplieron una labor de salvaguarda de la tranquilidad y de las propiedades atacadas a mansalva por unos perversos promotores de la violencia. Por consiguiente, a la hora de distribuir responsabilidades, resulta sencillo mirar hacia los manifestantes supuestamente iracundos sin detenerse en la apreciación de las balas, los perdigones y las peinillas de unos ángeles uniformados de verde oliva. De tal forma se ha desenvuelto, a grandes rasgos, la explicación oficial de los movimientos de calle sucedidos a principios de 2014.

La campaña se ha calculado con frialdad. Por ejemplo, se ha manejado el hecho aislado de la muerte de un ciudadano, provocada por una guaya atravesada en la calle, como un episodio que se repitió hasta el cansancio. La guaya se convirtió en cien guayas. Un ciudadano degollado se multiplicó por veinte. Estamos ante una de las evidencias más claras de la manipulación, debido a que no sólo ha sido machacada por los mentirosos de costumbre sino también por el presidente Maduro en cadenas nacionales. La proliferación de esas arteras guayas, pero también de los criminales que las pusieron en las avenidas, ha sido uno de los temas preferidos por el jefe del Estado. Todo vale, todo es legítimo, de acuerdo con la estrategia de los “revolucionarios” y del jefe de turno,  para encubrir a sus asesinos y a sus verdugos, para tapar vejámenes inadmisibles en un sistema democrático o parecido a la democracia.

Pero en especial, y esto es lo que más importa, para trasladar responsabilidades a quienes no la tienen de veras. Hasta han creado un Comité de Víctimas de las Guarimbas que ha ventilado sus quejas ante las autoridades del país y aún frente a instancias internacionales. Así buscan sustento social, o cierto viso de credibilidad, para un de los montajes más siniestros del año. Ahora las agresiones y las heridas, los baldados y los muertos, no son obra de la tropa armada hasta los dientes que dispara como si estuviera en acciones de guerra, sino de unos muchachos desenfrenados a quienes acusan las gentes sencillas que perdieron sus bienes y su paz. Parece que el presidente Maduro y los suyos no han dejado cabuya sin atar en un burdo entramado de mendacidad.

Sin que uno se ponga ahora a aplaudir guarimbas (porque no lo merecen),  el oscuro ardid nos incumbe como parte de una sociedad que tiene el derecho a protestar contra el mal gobierno, a recobrar el papel de una ciudadanía activa, a defender a sus hijos perseguidos y a mostrar dignidad frente a burlas tan ostentosas. Pero también para buscar la manera de acompañar a los alcaldes y a los dirigentes políticos a quienes se ha acusado o se acusará por unos delitos que no les incumben porque fueron cometidos por la “revolución” que los niega y oculta. En el catálogo de las falsedades promovidas por el régimen, el descrédito de las marchas iniciales de 2014 aparece en la vanguardia.

epinoiturrieta@el-nacional.com