• Caracas (Venezuela)

Elías Castro

Al instante

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Es un hecho, es una realidad. Venezuela está pasando por una de las peores crisis que ha vivido en toda su historia. Sin embargo, el fondo de todo esto es un lejano lugar al cual no hemos llegado aún, pero llegaremos algún día y vamos a toda velocidad.

Es un hecho, está a la vista. Chavismo sin Chávez no es lo mismo y madurismo... ni siquiera es algo concebible. A estas alturas, el partido de gobierno ahora lo cuestiona todo, incluyendo sus propias bases ideológicas. Revisan todo el sistema y las posibles salidas que le puedan dar algo de oxígeno al régimen, pero sus cuestionamientos y soluciones no son lógicas, y como un paciente terminal que se resigna a morir, el régimen en manos de Nicolás Maduro va decidido y con paso firme a la debacle. Todo esto los ha llevado a un preocupante estado de ingobernabilidad, donde se ven a diario acciones improvisadas por parte del Ejecutivo. Donde se ven cada vez más como su propia gente abandona este barco oficialista que cada vez más se está hundiendo.

Es un hecho, es algo evidente. Resulta una paradoja absoluta e irónica, pues cuando la crisis hizo presencia, la pasividad y la inacción se volvieron parte del actuar del factor democrático que representa la bancada opositora, quienes aún no encuentran la forma de materializar el descontento. Quién pensaría que los distintos proyectos y propuestas para salir de este régimen –propuestas pasivas y otras radicales– sería la mecha que encendería la tensión en la MUD y el desencadenante de tantos desacuerdos que se acentúan cada vez más. Y mientras estos buscan acuerdo y consenso, el ciudadano común sufre las calamidades entre las inútiles políticas que se han impuesto, pero a la vez vive y piensa como un conformista, indiferente o simplemente no sabe qué hacer por su país.

Es un hecho, está comprobado. El movimiento estudiantil, sector en la sociedad que no optó por la pasividad, decidido sale y lucha a diario en las comunidades, denunciando, concientizando, obrando de buena manera en pro de la democracia, libertades y el cambio social en los venezolanos. Han hecho bastante por el país y con propuestas e ideales lo han demostrado, garantizan una segura y sana cosecha para las próximas generaciones del país. El problema está en el peligro que corren estas propuestas y actos cuando el actuar e influencia de políticos opacan estas acciones y los aleja de la confundida sociedad.

Es un hecho, es algo palpable. Alguien dejó el país separado en dos visiones, alguien dividió el país, alguien nos dejó una crisis que otro alimentó y aceleró. Alguien cambió radical y drásticamente al país. Y presuntamente algo positivo quedó de todo esto, el venezolano empezó a interesarse más en su país, y en lo que sucede en él. Un ejemplo vivo de ello es la gente en la calle donde nadie, absolutamente nadie, ha dejado de hablar de la crisis que atraviesa el país.

Esto es un hecho, el ciudadano empezó a interesarse más en lo que sucede en Venezuela, pero esto no es garantía de algo exactamente positivo. En qué forma estamos pensando y actuando como sociedad, allí está el problema. Que el venezolano repudie la crisis y se moleste, no garantiza un real avance hacia al camino indicado. La lucha va mucho más allá –además de salir del régimen totalitario que priva a la región– la lucha es contra la ignorancia, el conformismo y la indiferencia del ciudadano. Replantearnos los objetivos y considerar como prioridad la concientización del ciudadano que con corta memoria se molesta con las malas políticas diarias pero no se detiene en armar sus próximas vacaciones para así, “olvidar” la crisis que vivimos.

Esto debería ser un hecho, esta propuesta de concientización debería ser una realidad. Se necesita ir más allá además de buscar un nuevo gobierno, hay que ir directo a los ciudadanos y crear en ellos un espíritu activista y con un primordial compromiso con su patria, la alarmante crisis que atravesamos nos olvida de otra peor, la crisis de valores que sufre la sociedad venezolana.

La clave está en replantearnos como ciudadanos qué somos y a qué nos debemos. Promover la participación y el activismo ciudadano es importante,  pero es totalmente indispensable el desarrollo del buen ciudadano, de sus valores y su principal compromiso con el país.

Más allá de la lucha contra el régimen, la real lucha es contra la ignorancia y el conformismo que están arreando a Venezuela. Pues mientras se siga teniendo la misma mentalidad, esta crisis y otros mal llamados socialismos, volverán a montarse en el poder, volverá a gobernar la misma gente gracias a la ignorancia e indiferencia que rige a la sociedad.

No hemos llegado al fondo de todo esto pero algo es seguro, Venezuela determinará un largo futuro con las elecciones parlamentarias, determinará un futuro prospero –con el favor de Dios, amén– o un futuro en absoluta debacle. En las parlamentarias eso es lo que se debatirá. Es por ello la gran importancia de ir a votar masivamente. Y aquel ciudadano preocupado que no sabe qué hacer por su país, fíjese y centre su atención en los miembros de su comunidad, promueva los valores, fomente el compromiso sin esperar el llamado de un político. Sea usted, venezolano, el protagonista de la transición a la mejor Venezuela. Recordemos que un país es el reflejo de la gente que la conforma y su gobierno el resultado de esta.

Es urgente replantearnos qué somos como sociedad y qué estamos haciendo por el país, porque seguimos pensando como pueblo debiéndonos a un Estado superior a nosotros, una monarquía, cuando realmente somos y deberíamos pensar como ciudadanos que se deben a una Constitución que garantiza nuestro derecho. La Constitución no son letras vacías en un libro muerto, es la perfecta administración que garantiza con seguridad la Venezuela democrática y progresista que todos queremos.