• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

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Eli Bravo

Una y otra vez

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Inspirulina / Ilustración Alejandro Ovalles

Inspirulina / Ilustración Alejandro Ovalles

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Unos días atrás tomé mi primera clase de tenis. Estaba entre ensayar con la raqueta o intentar con el kite surf, y si bien la fantasía de volar sobre las olas era muy atractiva, terminé reconociendo que pasar una pelota sobre la red era más realista. A mis 45 años de edad ya he probado varios deportes extremos: paracaidismo, parapente, escalada en roca, maratones, viajar en el Metro de Caracas y ser papá. Lo último, sin duda, se lleva por los cachos todo lo demás.

Confieso que en mi debut no me fue nada mal.

Incluso logré pasar la pelota de revés. Enfiebrado como estoy ahora, sé que tengo por delante muchas tardes de sudor y aprendizaje. La perspectiva me entusiasma, y aunque una amiga me decía que el tenis era un tanto snob, no importa; he hecho otras cosas que hace años resultaban mucho más snob, como, por ejemplo, comer sushi. Sé que me ayudarán dos elementos del yoga.

Abh- yasa, o práctica, y tapas, o fervor. Lo primero tiene que ver con el compromiso a concentrarnos en ciertas acciones y decisiones de vida; es decir, semanalmente calzarme los zapatos y empuñar la raqueta.

Lo segundo apunta hacia el entusiasmo con que hacemos las cosas.

Una traducción común de tapas es "arder". Otra puede ser "ardiente disciplina". En ambos casos la idea es que debemos emplearnos a fondo en el camino que deseamos recorrer. Así el fervor de nuestra práctica nos permitirá descubrir niveles más profundos del yoga, el amor, el matrimonio, o por qué no, del tenis.

Abhyasa y tapas son dos caras de la constancia y nos dicen que debemos trabajar, una y otra vez, si deseamos alcanzar alguna maestría. Cada una por separada se queda corta. La práctica sin fervor es simplemente cumplir con una obligación, y el entusiasmo sin práctica se queda en mucho ruido y pocas nueces. Sin embargo, cuando trabajan en dupla los resultados son maravillosos.

La constancia rinde sus frutos y no conozco a nadie que haya alcanzado la plenitud en su vida sin ser constante. Igualmente conozco a gente genial que salta entusiasmada de un proyecto a otro sin concluir alguno. Si bien nadie puede asegurarte que la constancia es garantía de éxito, lo contrario es un hecho.

En esta constante práctica fervorosa también hay que tener una buena dosis de creatividad y consciencia. La primera para buscar nuevas formas de seguir hacia delante y la segunda para saber si en realidad estamos avanzando. Me explico: la constancia no es repetir lo mismo una y otra vez, sino entender que el esfuerzo debe adaptarse sin cesar a los cambios.

Porque hay momentos en que debemos parar, replantearnos lo que estamos haciendo y decidir si mantenemos el curso o buscamos alternativas.

Por mi parte, espero dentro de un año alcanzar un nivel de juego decente.

Abhyasa y tapas serán mis aliadas en la cancha igual que el yoga lo ha sido fuera del mat. No aspiro a un saque de 170 Km/h pero sí a mantener la pelota en movimiento y divertirme.

En algún momento me tocará jugar con mis hijas y ya veré si estos huesos pueden mantener el ritmo.

Ellas comenzaron mucho antes que yo pero todavía tengo algo de ventaja gracias a mi tamaño y fuerza, además de mucha raqueta de playa. Es cuestión de tiempo para que la constancia de ambas iguale nuestro nivel y ya me veo resoplando en el fondo de la cancha, maravillado de ver la agilidad y estilo con que me cruzan la pelota.