• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

Al instante

La plaza y el vino

Inspirulina

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La medianoche ya pasó y en la plaza y bares circundantes de este pequeño pueblo la agitación aún no termina. Corren los niños mientras sus padres se toman una copa y todos agradecen el frescor que llega tras un día caluroso en La Rioja. Falta un mes para que comience la vendimia y de nuevo, como ha sucedido acá desde tiempos de los romanos, se llenarán las bodegas de vino. Luego los riojanos se lo irán bebiendo poco a poco, entre amigos, compartiendo la herencia que se ha convertido en su identidad y su mayor placer.

Para esta gente el vino es vida. De pequeños remojaban el pan en tinto con azúcar. Más grandes pisaban las uvas junto a sus abuelos. Cuesta creer que exista alguien que no haya probado una copa, sobre todo cuando llega el invierno y hace falta calentar el cuerpo. Desde reyes hasta labriegos, pasando por curas y bandoleros, todos en esta tierra se han reconfortado con el sabor, los aromas y el alcohol que se cuela con el vino.

No es exagerado decir que acá es tradición vivir embriagado, en el sentido más poético de la palabra, mientras se disfruta entre amigos el regalo de la naturaleza. En el siglo XIII Gonzalo de Berceo, el primer poeta español conocido, decía que hacer un buen poema bien valía una copa de vino.

Junto a la copa vienen muchas otras cosas, sobre todo la conversación. En esta plaza de pueblo y sus dos bares circundantes, pasada la medianoche, la gente conversa sin parar, y al día siguiente, cuando regreso para tomarme un café, están de nuevo compartiendo historias remojadas en un cortado con bizcocho. En un par de horas pedirán un vermú como antesala para el almuerzo. O quizás un clarete, como le dicen acá al vino rosado, para contrarrestar el calor del verano. Asunto de cultura etílica.

Por estos días España ha sido sacudida por la tragedia del descarrilamiento en Santiago y los escándalos de pagos ilegales a los políticos. El paro sigue muy alto, mientras los números parecieran anunciar el fin de la recesión y la gente espera con ansias que se reanude la liga de fútbol para ver a Messi y Neymar compartiendo el terreno de juego. Son tiempos difíciles. Una estadística señala que casi 25% de los bares del país ha cerrado por motivo de la crisis, pero en este pueblito, con su plaza y sus dos bares, la vida continúa a pesar de la situación. Acá la cotidianidad se comparte entre amigos y todos se llaman por su nombre. Han crecido y envejecen juntos. Los unen muchas cosas.

A pocos metros de este pueblo corre el río Oja que, dicen, le da nombre a la región. De todos los hilos que tejen la historia de estas gentes sin duda el vino es el que mejor dibuja lo que ha sido el transcurrir del tiempo.

Mientras llega el momento de la próxima vendimia, basta sentarse a compartir una copita para disfrutar el buen clima para saber que las cosas más importantes son tan sencillas como un tinto joven de la temporada y una barra de pan fresco.

Así como ha sido por estas tierras desde hace miles de años. De eso saben las vides que maduran la uva en los campos.