• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

Al instante

Nuestras pequeñas diferencias

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Que cada cabeza es un mundo no es misterio alguno: pensamos, sentimos y percibimos las cosas de manera distinta. Tú no ves las cosas de la misma forma que tu pareja, y no lo digo en sentido metafórico. Esa colcha azul que compraron en el primer viaje no es del mismo azul para ambos. Incluso, puede ser que tu azul sea rojo para el otro.

Espera un momento, ¿pero es que acaso la colcha no es azul? Sí lo es. Allá afuera. La luz que refleja la colcha emite una onda cuya longitud corresponde al azul. Pero cuando esa onda llega al fondo de tu ojo, impacta la retina y se transforma en un impulso nervioso que decodifica el cerebro, el color que “ves” dentro del cráneo no es el mismo que tiene tu pareja en su cabeza. Quizás su color es más parecido al rojo, incluso, puede que tu imagen mental tenga unas buenas dosis de verde. Sin embargo, como ambos aprendieron que ese color (dentro de sus cabezas) se llama azul (allá afuera en la cama)... Bueno, qué importa. Es azul y a los dos les encanta.

No obstante, hay más. Puede ser que tu pareja tenga en los ojos una variedad de fotorreceptores que le permitan ver más tonos de un color. Por eso, mientras tú dices que las sábanas y la colcha son idénticas, el otro dice que las sábanas son un poco más claras.

En el universo de las percepciones las diferencias biológicas importan y cada quien conecta sus circuitos a su manera. Incluso, algunas personas tienen los cables cruzados y son capaces de oír colores y ver sonidos. ¿Te ha sucedido? Entonces quizás eres sinestésico. Esta condición, que hasta hace poco se pensaba era producto de la imaginación de algunos, hoy en día se estudia como ejemplo claro de la forma particular como nuestro cerebro interpreta aquello que perciben los sentidos.

Acá tienes otro ejemplo. ¿Has sentido un cosquilleo de la cabeza a los pies cuando te cortan el cabello? Posiblemente hay algo más que el “toque mágico del peluquero”. Podría ser una Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma (ASMR, en inglés), una reacción física que ciertas personas sienten cuando ven videos aburridos, escuchan un susurro, observan a otra persona escribir un cheque o disfrutan una obra de arte.

Esta sensación tan particular, que algunos con tino mercadotécnico llaman el orgasmo cerebral, se ha convertido en fértil campo de estudio y negocio. Por un lado los científicos se preguntan qué tan real es la sensación de placer que alguien puede sentir al ver un video de gente doblando toallas; y por otro lado, hay videos de gente doblando toallas que miles de personas observan para disparar ese placentero cosquilleo.

Sí. Suena medio porno, pero te aseguro que no hay nadie en cueros. Eso sí, como parte de la investigación vi un video de masaje en las piernas y parecía un infomercial barato de aceite corporal.
Y no, no me dio cosquilleo. Aunque sí he sentido electricidad al escuchar la Sinfonía #2 de Rachmaninoff, pero no sé si es ASMR.

Al final de cuentas, y volviendo a que cada cabeza es un mundo, nuestras pequeñas diferencias no se limitan a la manera como interpretamos la realidad. Porque resulta ser que la realidad no la percibimos de la misma forma. O como decía Charly García en “Promesas sobre el bidet”: “Cada quien tiene un trip en el bocho / difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo”.

Y también podemos discutir si en definitiva esa realidad existe. Sin embargo, ese es un asunto que escapa a mi escaso razonamiento… aunque tengo la sensación de que estamos ante una mera ilusión.