• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

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Eli Bravo

En el mar y las estrellas

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Inspirulina

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Existe un lugar al que me gusta ir al amanecer. Está en lo alto de unas rocas junto al mar y allí hay un simple banco de madera donde me siento a meditar. Con los ojos abiertos puedo ver la línea costera y el azul fantástico de la amplia bahía. Al cerrarlos, el oleaje del Atlántico permanece incansable y los alisios acarician con esa pureza de brisa que ha cruzado todo un océano. Allí se respira una paz total.

Ciertas mañanas en este lugar he experimentado en carne propia la frase “somos polvo de estrellas”. Una forma de explicarlo sería que en el silencio he sentido que mi cuerpo y ese mar y esas rocas compartimos elementos en común: oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbono, entre muchos otros. Además, que viajamos sobre este planeta a una velocidad indescriptible por un universo cargado de los mismos elementos. Nuestra mayor diferencia es que yo tengo consciencia y sé que estoy ahí, en ese banco de madera, respirando.

Y entonces, algunas veces, sucede algo. Por instantes los límites se disuelven y la experiencia se hace más sutil. Es como si percibiera algo que me conecta a ese mar y esas rocas y esa madera y a la brisa misma. Es una sensación que asciende por la espalda y que vibra desde lo más profundo y traspasa el momento. Luego el instante pasa y vuelven el son de mar y el calor de los primeros rayos del día. Al abrir los ojos los colores parecieran acabados de parir.

¿Qué sucedió? Podría decir que fue un producto de la mente, una ilusión de los sentidos o que fue Dios. O algo parecido. Intento no ponerle nombre, y más difícil aún, procuro no esperar que suceda de nuevo. Hay cosas que alejamos en nuestro afán de alcanzarlas.

También hay mañanas cuando sentado en este lugar el tiempo transcurre y la sensación más intensa son las hormigas caminando sobre mis pies o la lluvia pasajera en los hombros. Luego, mientras desciendo por el sendero rumbo a mi auto, veo que el mar sigue allí e intuyo que esa energía también. De la misma forma como debo llevarla encima. Y adentro.

Hace un par de días me topé con unos versos de Rumi que parecieran haber sido inspirados en este lugar que tanto aprecio:

Así como la sal se disuelve en el océano

fui tragado en ti,

más allá de dudas o seguridad.

De pronto aquí en mi pecho una estrella

apareció tan clara, que atrajo

a todas las estrellas hacia ella.

Lo que inspiró a este místico sufí hace 800 años se parece mucho a lo que me sucede en ciertas oportunidades, allí, al borde del mar. Podría justificarlo diciendo que a fin de cuentas la experiencia humana no varía mucho a pesar de los siglos, o quizás, que venimos arrastrando ciertas sensibilidades y creencias aunque no seamos conscientes de ellas.

Pero también es posible (y me resulta cada vez más cierto) que esa energía que traspasa el presente es tan real como las estrellas y el océano mismo.

O incluso, que es lo único real que tienen.